"Si los hombres supieran, renegarían de mí"

(Abu Yazid Bistam)

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¿Y cómo no habrían de renegar si realmente supieran? Si supieran acerca de lo único que hay que saber renegarían de Abu Yazid Bistam, no irían a su puerta en busca de conocimiento, no desearían su compañía, no anhelarían los misterios que encierra el enigma de su mirada, y ni siquiera lo saludarían, porque a la luz de esa única verdad que merece ser conocida Abu Yazid Bistam no sería nada, no sabría nada, no valdría nada. No se saluda a una sombra sino al hombre que la proyecta.

Abu Yazid abandonó su cuerpo aún estando en vida para fundirse a la luz de las luces y ser un destello de Su radiante e inigualable belleza. Ese cuerpo de hombre que viste túnica y turbante ha dejado de existir y se pasea como una sombra luminosa entre multitudes de sombras tristes y oscuras.

Una sombra luminosa porque no vale nada por sí misma y al no valer nada por sí misma puede ser cualquier cosa, de ahí su luz, que es luminosidad manifiesta bajo el poderoso sol de la presencia única. Y a su alrededor todas esas sombras oscuras confinadas en los límites de su propia existencia, sombrías porque solo proyectan su parcialidad que a ojos del que aspira a la totalidad es como la herrumbre que impide el fiel reflejo de las luces del Uno, el único que se muestra.

 Y si Él es el único que se muestra, ¿cómo habrían de ver otra cosa los que saben que Abu Yazid Bistam ha muerto aún estando en vida? Se muestra en las cosas sin ser las cosas. Si no te abismas en esta visión es que Allah te quiere separado para que derrames muchas lágrimas. Quizás así se limpie el espejo de tu corazón de toda huella de lo que no es Él hasta que finalmente se refleje en ti Aquel al que amas en toda Su infinita y magnifica belleza.

 El hombre que ha realizado la unidad y ve con la luz de la unidad está extinguido en la unidad y no puede dejar de contemplarla donde quiera que se manifieste. Su mundo se ha replegado entorno a un solo punto y no ha quedado de él más que una voluntad completamente ajena. Cuando la voluntad propia se arremoline entorno al vertiginoso sumidero de la voluntad del Único Hacedor considera tu ser extinguido en Su ser superior.

Las luces se superponen para configurar los velos de la amada, pero el amante sabe bien como desvestir a la novia. Si la desnudara su amor por ella no aumentaría, y oculta tras el velo, ¡luce tan hermosa!

('Uzman Javier García)