Mi mirada es una espada certera

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Mi mirada es una espada certera que va ensartando los cadáveres de todos aquellos que me salen al paso. La vida de este mundo es un enorme cementerio de muertos vivientes que andan por ahí ataviados con todo tipo de ropas extrañas que son para mí como harapos. Sobre las cabezas leo sus esquelas: “aquí yace un ignorante“, “aquí yace insensato”. La vida verdadera pertenece en exclusiva a aquellos que se han establecido junto Allah, los demás tan solo se perpetúan en el olvido y en el engaño.

 

El ojo humano se empeña en imputar formas de existencias en base a una manifestación que es sublime y exaltada, jugando así a ser el inquilino de una casa que no le pertenece pues la morada está vacía y la llave bien guardada en un lugar donde por más que se mire nunca se consigue ver nada.

 

Si quieres abrir la pupila de tu ojo a la fuente de la visión usa la llave oculta en el núcleo más profundo de la realidad de tu ser. Con esa llave abrirás la puerta de la privación de Allah hacia las exuberantes planicies de Su majestuosa presencia. La contemplación del significado oculto se mostrará entonces ante el ojo, como en una sucesión infinita de vislumbres que resplandecen preñando la realidad de un mundo que ya no se percibe como un velo sino como el espejo de las luces.

 

Esto es para los que se ha establecido junto Allah en la fuente de la visión interna, aquellos que no son velados por el fulgor de los destellos de sus visiones externas, manteniéndose así por siempre enfocados en la luz de luces en cualquiera de sus apariencias.

 

Son una minoría entre la minoría de los todos musulmanes sinceros. Su número no alcanza al de los astros visibles a plena luz del día, pero su influencia es poderosa en la transmisión de estos saberes. Su baraka impregna como un aroma cada recoveco del camino que transitan los buscadores de la verdad, como una fragancia que no deja de aumentar en intensidad a medida que avanzan. Ellos son los soles de la creación y nosotros somos los planetas orbitando entorno a ellos las esferas concéntricas de su proximidad.

 

Ni siquiera esta época oscura está exenta de ellos, los amigos de Allah, pues aunque no se muestren, su influencia permanece como una luminaria para aquellos que realmente desean orientarse en medio de la oscuridad y de la duda.

 

De nada serás privado si accedes al recinto sagrado de su cercanía, y de todo serás excluido y despojado si no recibes en herencia el secreto que ellos realizan y te unes a nosotros, que estamos muertos de amor por Layla y extinguidos en el fuego de Su intimidad

 

El círculo ha sido establecido y nuestras manos están abiertas, ¡únete y celebra!,  estamos ebrios de amor por causa de este vino sin igual que se sirve en nuestra taberna. El escanciador ha colmado las copas que rezuman del dulce néctar, mientras los amantes cantan, ríen, lloran, se emborrachan y celebran. El éxtasis viene luego, cuando Layla asoma, y entonces los pechos se abren, los corazones se parten y los cuerpos se desmiembran.

 

Así, unidos y distantes vagan los enamorados en espera del reencuentro definitivo que unifique sus impulsos bajo el radiante cielo de un sol triunfante, en cuyo horizonte hondean victoriosas las banderas blancas y verdes de Muhammad, el sello de la profecía.

 

Estos son los vestigios de una vida que se me cae a retazos, pueda beneficiar a innumerables seres y paliar el sufrimiento de nuestros valerosos e inquebrantables hermanos que aún luchan, resisten y padecen en las benditas tierras de Palestina.

 

Sin duda la victoria les pertenece, que Allah los bendiga.

 

(‘Uzman García Serrano)