Ahora que el ojo no duerme

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Ahora que el ojo no duerme, el corazón tiene más tiempo para el Amigo. La noche me es propicia pues en su calma percibo el aroma de la intimidad que perdí hace tiempo, cuando la inocencia dejó paso al resentimiento y éste al olvido de la mano que me sostiene.

 

Sanaron las heridas de mi amor frustrado y ahora, en la alcoba de mi intimidad, alegre las muestro al sol de la presencia única para que con su calor restañen. Son los vestigios de un tiempo pasado en el que creía estar separado de Aquel que recubre mis flancos con la túnica de Su excelencia.

 

El Dueño me reclama como el océano reclama sus olas, como la claridad del día que con las alas extendidas de su luminosa presencia va replegando el manto de luces que alumbran su noche bajo la luz única de Su faz verdadera.

 

Cuando el sol de la absoluta igualdad brilla desvelado no proyecta sombra, y aunque se oculte tras un velo de luces, la Suya es la única. Su luz revierte desde el origen en la multitud de recipientes de sus formas, pero es sólo Ella la que se circula de mano en mano según la medida justa de los moldes de sus copas.

 

El desplazamiento de la esencia sólo es dispersión para que el toma partido entre sus diversas manifestaciones, pero para el que llevó su iman al punto de la excelencia, no hay más que unión. Uno de los nuestros dijo: “Si fuera capaz de decir la ilaha illa Allah -no hay más verdad que Allah- con total sinceridad, no tendría que preocuparme de nada más.”

 

El yo separado lo es en función de su viciada naturaleza empeñada que acaparar una parte del mundo, actuando como si le perteneciera, pero ni él mismo se pertenece ya que está atado con la cuerda del tawhid al cielo de Aquel que todo lo abarca con el ojo de Su infinita omnisciencia.

 

El cielo de Su omnisciencia no es más que la morada del yo unificado, que es lo que queda cuando el yo separado deja de distinguir. La inmediatez de lo que somos es la puerta abierta a Su recinto privado, ¡cuantas puertas tiene Su jardín! Su amor para el que está al otro lado no conoce fronteras pues por muchas que sean las torpezas de su olvidadiza alma, Ella siempre está ahí.

 

Me abandonó lo que soy una noche de desvelo en la que Layla vino a verme para bañarme con Su luz. Unió lo que estaba roto, compuso todos mis fragmentos y alineó mi ojo para que enfocara directamente al centro mismo de Su ser. Desde allí la mirada del siervo remontó todas las miradas, no quedando a sus ojos ya nada más que ver, ¡Alhamdulil-lah! que ha vaciado mi ojo y su lugar ha puesto una luz con la que no veo más que a El.

 

El Dueño está aquí y ahora, el único velo que se interpone es ver desde ti, pues si desde El vieras nada de este mundo sería un obstáculo para la contemplación directa del Amigo, Aquel sin el cual todo lo creado desaparecería por carecer del soporte vital que mantiene a las cosas unidas con la cuerda del tawhid.

 

 

Si no se manifestara sería imposible reconocerlo, pero El ha desplegado sus atributos y ha suscitado el recuerdo en los corazones de los hombres para sientan la necesidad de abrirse a toda Su plenitud, pues “Suyos en exclusiva son los atributos de perfección” (corán), y a El es el retorno.

 

Pero Allah es el que más sabe.

 

Que una lluvia de bendiciones caiga sobre nuestro profeta, el profeta de nuestros padres, y el de los padres de éstos y así hasta la primera generación, pues Muhammad ha completado el sello de la trascendencia con la tinta de aquello que mejor se ajusta a las necesidades del nafs, ahora que ya casi se siente el aliento de aquel que ha de hacer sonar la trompeta para que la mentira encare a la Verdad.

 

Con él recobró nueva vida lo fundamental, aquello que hace del camino un camino recto hacia el no-visto, relegando así lo superfluo pues en este último ciclo el hombre ya ha olvidado demasiado y desvirtúa con facilidad.

                                                   

Su camino es corán y sunna, el primero habla de Allah y del adab que exige Su presencia, y el segundo es la prueba clara de la sinceridad. Corán es la ilaha illa Allah, el adab de negar lo falso para que brille la Verdad Única, y sunna es muhammadún rasullul-lah, la transmisión viva del ejemplo del profeta para que los que siguen su camino se afiancen en el iman.

 

(‘Uzman Javier García Serrano)