Luz sobre luz

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        Salma tiene un vedado por el que despreocupados deambulan los que solo la buscan a ella tras las huellas de sus furtivos pasos. En esta tierra de luces y de fragancias las más hermosas flores son mecidas al arrullo de la brisa mañanera para luego, con el sol venciéndose a la bóveda celeste en las últimas bocanadas de la tarde, desprenderse del adorno de sus hojas las cuales, en majestuoso despliegue, van alfombrando el suelo para que ella pasee la desnudez de sus formas de mujer. La belleza rinde pleitesía a Salma que es La Belleza misma en sus fuentes y jardines reflejada. Ella pasea su pureza de noche para que nadie cruce su mirada. Se oculta en las difusas sombras que la luna proyecta para no mostrar la voluptuosidad de sus formas que en el juego del amor se funden con sus amantes, ocultándose así a los ojos de los que no ganarían nada con los vislumbres de Su Unión, pues aún no les ha llegado la hora. A los que hondamente aspiran los mantiene alejados hasta que su purificación posibilite el encuentro de igual a igual ya que ella solo se une a su par y solo se vence ante la fidelidad de su reflejo.

 

        Esto es "Luz sobre Luz" (Corán, La Luz-35). Y así ha de ser por ser ella la expresión misma de La Belleza presente en cada cosa y también en los que la aman los cuales, una vez reconocido esto, tan solo aguardan a que el pulido de sus corazones refleje Su Rostro y en El se vean colmados todos sus anhelos y aspiraciones.

        Se usan palabras para describirla pero ella las trasciende todas, ella es Salma, el remanso de paz de un océano calmo que para sí reclama los turbulentos ríos que desgarrados se precipitan en busca del inevitable encuentro con la inmensidad sus tranquilas aguas. Muchos son los que por ella suspiran desde que su pie puso cerco al vedado. Sus amantes se desviven y la velan haciendo olvido de todo aquello que pueda distraerles de reconocer Su Presencia, una Presencia la suya que es Suprema, pues no la oculta ni la luz del día que con su resplandor la alumbra, ni la oscuridad de la noche que la recubre con su manto de sombras. "En la sucesión del día y la noche hay signos para los que saben reconocer la esencia de las cosas." (Corán, La Casa de Imrán-190). El día y la noche con sus cualidades contrapuestas en perfecta armonía hacen girar la rueda de lo creado a partir de su mismo centro vacío. El día y la noche se oponen para que la balanza busque su nivel, el perfecto equilibro de los opuestos enfrentados balanceándose en torno a El, La Verdad Desnuda. Salma para los enamorados.

        Ella tiene a su gente, aquellos a los que dio de beber del vino prensado de su amor que en la copa del olvido se escancia -olvido de todo lo que no sea Hwa-, una copa de cuyo fondo todos los amantes elevados han sorbido hasta la última gota del dulce néctar que embriaga y arrebata hasta Su Presencia. En ellos es tan poderoso el aliento de la intimidad que sus sentidos no ven otra cosa sino Decretos Divinos que con la fugacidad del rayo se precipitan atravesando la vastedad de Su luminoso cielo. Ante cualquier cosa ellos dicen ¡Allah! y todo cae fulminado. ¡Allah!, y el mundo se desprende de su ornamento para engalanar la túnica con la que se revisten los unificados, aquellos que son capaces de sacudirse la polvareda del mundo con los ecos de un solo grito certero.

        El secreto desvelado de Su Nombre en el corazón del wali hace de la creación el reflejo de Su Presencia. La Realidad del Nombre es como un brillo que refulge en la transparencia de unas aguas puras y cristalinas. La afirmación inicial es el "Alif", el primer destello; le sigue el reconocimiento, que es el "Lam" que doblegándose se somete por el peso de la esencia que se intuye; y la vuelta al origen es la "Ha" marcada con el sukun, el sello del vacío. Alif, Lam, Lam, Ha: Allah. Su Nombre es una afirmación y una negación. Entre ambas, con ambas y en ambas, El se despliega en majestuosa danza.

        Mediante los cinco pilares los musulmanes no hacemos sino cimentar en nosotros este despliegue para ser partícipes conscientes de El. Primero con la shahada, la ilaha ilallah muhammad rasulullah: la aceptación formal de que solo hay Una Verdad Trascendente, Allah Uno, Único y sin Asociado, y que Su profeta es el ejemplo vivo de su realización. Segundo el Salat, que nos ayuda a actualizar el sentido de la unidad que afirmamos en nosotros mediante el vehiculo de la forma. Para ello gesticulamos en los principales momentos del día el nombre de Allah, afirmándonos-levantándonos, aceptándoLE-doblegándonos, y anulándonos-entregándonos: Alif, Lam, Lam, Ha. Tercero el Zakat, la purificación de lo "mio" en manos de su auténtico dueño. Cuarto el ayuno para que el siervo tome conciencia de su precariedad. Y quinto la peregrinación, el viaje al centro entorno al cual todo gira. Todos ellos actos conscientes del musulmán que voluntariamente se somete para despertar y expandir el Imán, la conciencia sincera del Uno-Único, el feliz paladeo la igualdad.

 

Que Allah nos bendiga y nos haga partícipes de El,
Y al profeta de profetas, a Sidna Muhammad llamado "El Iletrado",
Que Allah le conceda la Luz del Saludo Eterno
Y el Rango Supremo entre los enamorados.

Que las bendiciones recaigan sobre su familia,
Sus compañeros y las gentes del vedado.
Y que a todos los que aspiren a Salma
Les sea concedida finalmente la entrada
En sus recintos amurallados.

 

'Uzman Javier García