La metáfora de la luz en el Qur'ân

‘Uzman García

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El Qur'ân dice:

“Allah es la luz de los cielos y de la tierra”

Allahu nuru s-samawati wa l-ard

Luego, todo lo que surge en el ámbito de lo creado es luminosidad irradiada a partir de una única fuente de luz infinita, que es Allah.

Analicemos la definición de la luz física.

“La luz es una perturbación electromagnética/luminosa que se propaga en el vacío”
(Maxwell , 1865)

Esto quiere decir que la luz física se compone de tres cualidades o aspectos indisociados/simultáneos que no pueden darse por separado (no puede existir uno sin los otros):

1) Vacío: Es el receptáculo de la luz. Es el espacio vacío que requiere la luz para propagarse e irradiar.

2) Claridad/Luminosidad: Es la expresividad del vacío en la multiplicidad de formas que resplandecen.

3) Dinamismo: Es el fluir constante de la claridad/luminosidad en el seno del vacío.

Puesto que Allah usa la metáfora de la luz física para describirse a Sí mismo en el Quran, se deduce que la naturaleza de la luz espiritual de Allah (la realidad esencial de todo cuanto existe) se compone igualmente de tres cualidades o aspectos indisociados/simultáneos que no pueden darse por separado (no puede existir uno sin los otros):

1) Vacío: el ámbito de la manifestación de la realidad (Al-Haqq) es un infinito espacio vacio. Si fuera finito implicaría la coexistencia de un espacio no-vacío, el cual entraría a formar parte directamente del ámbito de la manifestación de Allah, y como todo el ámbito de la manifestación de Allah requiere del vacío para su formalización externa, se deduce que todo el espacio (el ámbito de lo manifestado) está vacío y además es infinito.

2) Claridad/Luminosidad: en la inmensidad de ese espacio vacío surgen cosas/fenómenos como expresión directa (sin intermediario o asociado) de la capacidad creadora de un hacedor único. La cualidad de vacío imposibilidad cualquier otro agente creador que no sea el vacío mismo, de ahí que la creación de Allah tenga que ser necesariamente directa y sin intermediario, o sea, obra de un agente creador único. La realidad de este agente creador único se impone necesariamente por el hecho fehaciente de la observación de la realidad, ya que sin un agente creador único el mundo no habría sido visto.

3) Dinamismo: Es el fluir constante de la capacidad creadora de Allah. Todo es expresión constante y directa (sin intermediario) de esa facultad creadora que los musulmanes llamamos el Querer de Allah. “Allah hace lo que quiere” (Quran). Dicha facultad creadora está caracterizada necesariamente por los otros dos aspectos indisociados de la realidad esencial, el vacío y la luminosidad, y por tanto se trata de una voluntad o poder único, absoluto, e ilimitado que trasciende la apariencia de consistencia real de todo lo manifestado.

Vacio, luminosidad y dinamismo son indisociables, no están separados. Donde quiera que haya luminosidad, hay vacío, entendiendo este vacío no como la nada, sino como la ausencia de entidad individual de lo creado. En cuanto al dinamismo, es el fluir constante del aspecto claro/luminoso sobre el ámbito de su manifestación vacía. Este dinamismo se traduce en movimiento, sobre el cual se proyecta la ilusión de una individualidad (an-nafs) que interactúa perpetuándose en el tiempo. Una vez que el nafs queda establecido en el tiempo, éste da lugar al velo de lo “otro que Él”, ya que el nafs, que en sí mismo no es nada, necesita fragmentar la realidad para existir (aunque sólo sea en apariencia), siendo en base a esa fractura de la realidad como logra afirmar su individualidad separada frente Allah, su Rabb, su Señor verdadero. Surge así entonces el mundo del yo y lo mío, en contraposición al tú y lo tuyo, sobre la base vacía de la ausencia de entidad del “yo”, estableciéndose así la ilusión de la dualidad (el velo de Allah), cuando en realidad no hay más que Al-Haqq, la Verdad desnuda.

“Allah es la luz de los cielos y de la tierra”

Allahu nuru s-samawati wa l-ard

 

 “Su luz se asemeja a un nicho en el que hubiera una llama”

Mazalu núrihi kamishkátin fiha misbah

 “Su luz se asemeja”  indica que la luz física y la luz de Allah, sin ser lo mismo se asemejan en su naturaleza, si no Allah no hubiera puesto a la luz física como ejemplo de lo que Él es. Puesto que “Allah es la luz de los cielos y de la tierra”, las cualidades de vacío, luminosidad y dinamismo de la luz física necesariamente se corresponden, al nivel fractal de lo absoluto, a las cualidades de vacío, luminosidad y dinamismo de la realidad de Allah (ver 1ª parte de este artículo).

El “nicho” es el receptáculo de la luz, es el espacio vacío que requiere la formalización externa de lo manifestado. Esa formalización externa no es más que el aspecto luminoso/claro de la luz irradiada en plena actividad (el dinamismo), a partir de una única fuente de luz infinita (la llama). La llama, el nicho y su actividad son inseparables, no pueden subsistir por separado. La luz de la llama sin un espacio abierto vacío no podría propagase y reflejar. Y el reflejo (la luminosidad) es consustancial a la luz, la cual necesita del espacio abierto/vacío para desplegarse. Estas tres cualidades, espacio-claridad-dinamismo, son inseparables y está en perfecta unidad. De hecho es lo único que existe.

Al nivel del fractal humano esto se traduce en lo siguiente:

La percepción es el aspecto claro/ luminoso puesto de manifiesto sobre la base de la conciencia, entendiendo esta conciencia como la capacidad de percibir. La capacidad de percepción es el receptáculo vacío de la visión (la luz) que actúa a modo de pantalla para las proyecciones de la conciencia (Como en la pantalla del cine, donde todo tipo de imágenes son proyectadas sobre una superficie vacía). La claridad que surge de la conciencia (el espacio vacío) está en continuo dinamismo. Como dijo un sabio del pasado “no es posible bañarse dos veces en el mismo río”, todo está en continúo cambio.  Es el dinamismo constante lo que imposibilita otra realidad que no se la Suya (la de Allah), ya que si las cosas existieran realmente por sí mismas serian eternas, y sin embargo la experiencia nos dice que todo perece, “salvo su Faz”.

 El dinamismo es el efecto del retorno al origen de lo manifestado, pues todo lo creado lleva el sello de su vacío de esencia. Lo cual significa que surgimiento y cese son simultáneos. El aspecto del dinamismo (la actividad de Allah) sería como el efecto del oleaje del agua sobre la superficie del océano. Aunque el océano es sólo agua, de él surgen olas, pero desde el primer instante del surgimiento de la ola, la ola no existe, ya que no es más que agua.

 

“La llama está en un frasco de cristal”

Al-misbahu fi çuyaya

El Quran  es repetitivo, reincide una y otra vez sobre las mismas ideas. Tiene que serlo porque el ser humano está sumido en el olvido de su auténtica naturaleza, y tiene que despertar. En su desvarío, el hombre ha eclipsado su propia luz, por lo que ésta sólo refleja su carácter efímero (la creación), y no a su Rabb, su Señor verdadero. El frasco de cristal es el ámbito de la visión verdadera, es el espacio abierto libre de condicionamiento de la manifestación de Allah. La manifestación de Allah es luz reflejada en constante dinamismo. Nada que no sea Allah ha surgido nunca a la existencia. Así que si quieres ganar Su cercanía toma la  aparición del velo de “lo otro que Él” por lo que es en realidad, y no por lo que aparenta.

 

“El frasco de cristal es como si fuera una estrella brillante”

Aç- çuyáyatu kaánnaha káwkabun durríyun

La estrella brillante es el sol del conocimiento directo que brilla desvelado. Cuando la luz no se topa con el impedimento de las proyecciones egocéntricas, todo brilla por la luz de Allah, y no por lo que el ojo atribuye sobre la base de la manifestación de Su esencia.

 

“Lo alimenta (el aceite) de un árbol bendito, un olivo que no es oriental ni occidental”

Yúqadu min sháyaratin mubárakatin çaytúnatin la sharquiatin wa la gharbía.

¿De dónde de surge la llama que prende la luz del frasco de cristal? El Quran dice que viene de un árbol bendito, un olivo que no es oriental ni occidental. El aceite de ese árbol bendito alimenta la lámpara. El olivo que no es oriental ni occidental representa la no-dualidad, la realidad única más allá de la apariencia de la multiplicidad. El aceite es el néctar sagrado que rezuma impregnándolo todo cuando la multiplicidad (el aspecto claro) y la unidad (la vacuidad/el vacío) dejan de estar en conflicto y se armonizan en la realidad de Al-Haqq, la Verdad desnuda.

 

“Casi se enciende su aceite antes de que lo toque el fuego”

Yakádu çáytuha yudíu wa law lam tamsashu nar

El aceite del árbol de la no-dualidad es brillante, y por sí mismo casi alumbra. Lo único que se necesita para que lo creado brille por la luz de su Señor es tomar conciencia de la manifestación de Allah como siendo luminosidad. El “casi” radica en el hecho de que, aunque en realidad todo brilla por la luz de su Señor, el hombre permanece velado y necesita que su llama interior prenda para poder ver con la luz del testimonio directo la evidencia del resplandor omnipresente de Allah.

 

 

“Luz sobre luz”

Núrun ´ala nur

Es el nicho de luces en todo su esplendor, cuando se reconoce el velo como siendo la luz misma.

 

 

“Allah guía hasta su luz a quien quiere”

Yáhdi l-lahu linurihi man yashá

Quien no reconoce a Allah en todo está velado y no tiene luz. Y quien ve con la luz de Allah ha encontrado el final del camino de aquellos a los que an-Nur ha guiado.

 

 

“Allah propone ejemplos a las gentes”

Wa yadribu l-lahu l-amzala lin-nas

Los signos de Allah son evidentes, ¿acaso no tienes ojos para ver, u oídos para oír, o lengua para saborear? Corresponde al hombre aclarar su ojo, limpiar su oído y purgar su lengua de lo “otro que Él”, para que “lo que es” se le manifieste.

 

 

“Y  Allah abarca en Su conocimiento todas las cosas”

Wa l-lahu bikulli sháiin ´alim.

La omnisciencia del Uno-Único todo lo engloba. ¿Acaso no iba a estar bien informado el Originador de todas las cosas?