El camino de los siervos de Allah

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Me refugio en la Verdad Última contra todo el mal que pueda proceder de mí mismo y de los demás. Las lágrimas del mundo conmueven al Maestro y le hacen moverse y actuar para que surja en nosotros el anhelo por lo perdido, nuestra Auténtica Naturaleza Original. Los pies de aquellos que se adentran La Senda levantan la polvareda que sirve de guía para los atrapados en las miles de sendas de la ilusoria individualidad. A ellos me aferro para hacer de mi propio camino el camino recto de los siervos de Allah.

Este espacio en blanco, en apariencia vacío, contiene todas las formas, entre las cuales buceo atrapando caracteres y juntando las palabras que enlazan las frases sobre las que se derraman los significados. Las infinitas combinaciones que abarca la profundidad del lienzo surgen y se desvanecen a partir del “Alif”, el primero de los caracteres, el “yo soy” que se desdobla para a sí mismo verse reflejado. Este “Alif” desgarrado de su aseidad es la pluma que describe toda la infinita variedad de formas que sobre este lecho sin contaminar se contonean pavoneando su peculiaridad. La pluma describe caracteres que la sitúan respecto a lo demás y así constantemente se inventa a sí misma usando como excusa lo que en su elocuencia expresa sin cesar. “Yo escribo”, dice orgullosa. ¡No, no escribe! Pero no lo sabe. Le prestan la tinta, el cálamo y el papel y por un tiempo despliega su mundo, pero su mundo no es su mundo sino el de El, y en Su Domino no hay lugar para otro. En Su Mundo la tinta se hace carácter, el carácter se hace palabra y la palabra se hace frase la cual hace acopio de los significados que de la pluma se desprenden en un goteo eterno e incesante hasta que agotada se planta y se cuestiona por la mano que la sostiene: ¿de donde vienen estos significados que se despliegan en las frases y que se elevan de las palabras y de los caracteres que de la tinta se desmarcan en este soberbio movimiento circular de ida y vuelta que parece completarse a sí mismo sin necesidad de mi?. Abrumada por el peso de la respuesta, que hasta del mismo cálamo la desnuda, dejará de escribir.

En cuanto a la tinta y al papel ya han cumplido en todo este juego su función: que la pluma escriba para verse primero como pluma y después como lo que es. La tinta y el papel son el Despliegue del Eterno, y todo aquél que se sale condenado está a volver.

La pluma se creyó pluma y dueña de la tinta y el papel, pero ni siquiera el cálamo le pertenece. Allah es el que reina y no tiene consorte, se basta a Sí Mismo y no hay otro poder sino El, Verdad reductora al mismo tiempo que soporte de esta aparente multiplicidad a la que nos expone. Allah como Soporte de la existencia porque la hace posible mediante el despliegue de los opuestos y Allah como Reductor porque la reduce unificando su dispersión. Y siendo esto así nada escapa a Su Domino pues Su Sello, que es la marca del estampado en la hornacina de lo compuesto, impregna al mundo entero.

En todo este constante movimiento en el que al parecer venimos, permanecemos y nos vamos el testigo simplemente es abandonado en algún recoveco del camino. Cuando menos se espere caerá como fruta madura y sus restos serán absorbidos por la vorágine de este torbellino de creación-aniquilación constante que configura los instantes del mundo. Para el que aprendió a abrir su corazón a los opuestos el observador cuenta muy poco, es un simple carácter más impreso en Su Brillante e Inmaculado Rostro, la Faz de Allah en Su Infinita Gloria. El que parece que hace y deshace a su antojo simplemente un día ya no estará, un día cualquiera en el que su influencia en forma de perdida y de ganancia haya sido finalmente barrida por los soplos perpetuos del Tawhid, la refrescante brisa que dimana, en un reflujo eterno y constante, de la inexpresable e indescifrable presencia de Su Realidad, esa pasmosa sincronía entre lo Múltiple y lo Uno ante cuya verdad, Al Haqq, las más altas montañas son convertidas en polvo y las más profundas simas marinas son vertidas en el frasco de las esencias de Salma.

El es así, Múltiple y Uno, Múltiple en Su apariencia, Uno en Su singularidad, y tiene el Poder sobre todas las cosas. ¿Quien podría serle esquivo? ¿tú? ¿yo?. “Tú” y “yo” son tan solo sombras, al principio burdos testigos sujetos a la veleidad de los vientos del deseo y al final el oropel para el manto con el que se engalanan los que solo tiene ojos para el Amado.

El testigo se irá o no se irá, pero en cualquier caso dejará de ser un problema por lo que si está es como si no estuviera. En realidad está y no está ¿qué diferencia puede haber para el que se adelantó a su propia muerte muriendo antes de morir?

Si está estando, que sea para nosotros un mensajero, un ángel del cielo que a cada instante nos susurre al oído: “He cruzado el mar del tiempo, el ‘océano sin orillas’ de los poetas para hacerte recordar que tú no eres tú pero no lo sabes.” Así habla el ego a los de corazón purificado, los que hicieron amistad consigo mismos ganándose así los favores del Amado.

Y si está sin estar: ¡Alhamdulillah! Grita y salta, proclama la verdad de Sus Nombres, desgaja tus miembros de hombre, descabeza tu cuello, visita los jardines por los que corren arroyos de Su Corán... o bien, guarda el noble silencio y retírate solo en la multitud o en la soledad. Haz lo que mejor Le convenga pues si escribes con Su Mano todo se asentará a su debido tiempo y en su preciso lugar, no habiendo lugar para el miedo en este viaje de vuelta a la calidez Su Regazo. ¡Oh Allah, la muerte de los enamorados, que dulce muerte para los dispuestos a morir entre las heridas de nafs desangrados!

Allah da el permiso para hacer lo que se quiera, tan solo ¡gánate Su Intimidad! Y recuerda que El, que es Uno, solo acepta la Unidad. No te acerques pues desde la atalaya de tu propio ego sino que iguálate a El y Lo verás velando por igualarte desechando todo lo que no sea El: la ilaha illallah.

Que Allah me mate al deseo
Y que en Su Visión me arrebate,
Para no vea sino a El
Donde quiera que se muestren
Sus blasones y estandartes.

Y que Allah bendiga y salude
Al mejor de entre Su Gente, Sayyidina Muhammad.
Lo que las montañas no soportan
El sostuvo en su espalda
Pues el ámbito de La Verdad solo cabe en aquel Al que Allah su pecho ensancha

Haciendo así de él una clara luz radiante

Con la que de disipan los velos de la duda y la ignorancia.
 


(‘Uzman Javier G.)