Tratado del Salat

del Imam Ahmad Ibn Hanbal

VII

anterior

 

 

        Allah derrama Su Misericordia sobre aquel hombre que se Le acerca en el Salat  con humildad y mansedumbre, en estado de Taqwa (por este término hemos de entender la conciencia de estar ante Allah en todo momento), con el solo deseo de obtener Su complacencia y en la esperanza de alcanzar Su Misericordia, haciendo su Salat para su Señor, con completa atención al mismo tanto cuando está de pié, como cuando está en su ruku’a o cuando hace su suyud, pues no sabe si la muerte le arrebatará su vida antes de que llegue el próximo Salat. Permanece de pié ante Su Señor, con sinceridad, con profundo sentimiento, con la esperanza de ser aceptado y con temor de ser rechazado, pues Su aceptación es causa de regocijo y Su rechazo es causa de su abatimiento. Nada es más importante para ti, ¡oh hermano! Que la aceptación por Allah de tu Salat o de cualquiera de tus acciones en la vida. No saber si tus acciones o tu Salat son aceptados por Allah debe ser la mayor fuente de tus preocupaciones y temores. ¿Sabes si tus trasgresiones serán perdonadas por Allah?, porque después de todo no tienes la certeza de que no sufrirás las consecuencias de tus malas acciones en la Próxima Vida. Además debes saber que no tienes la certeza de que despertarás la próxima mañana, ni siquiera si estarás aquí el próximo anochecer, o si por el contrario recibirás las buenas nuevas del Paraíso o las malas noticias del Fuego. Tan solo quiero, ¡oh hermano! advertirte de este terrible peligro. No es conveniente que debas sentir alegría solo por tener familia, riqueza o hijos, es asombroso que continúes en la negligencia persiguiendo vanos deseos, desperdiciando tu tiempo, menospreciando este asunto tan importante, de tu acercamiento a una terrible prueba, tu muerte; día y noche, hora tras hora, parpadeo tras parpadeo te vas acercando a ella inexorablemente. Debes saber, ¡oh hermano! Que tu hora puede llegarte en cualquier momento y no seas descuidado ante este terrible peligro que puede visitarte en cualquier instante. Con toda seguridad que probarás el sabor de la muerte. Tu hora puede llegar al amanecer o al anochecer, y entonces serás arrancado de cuanto poseías, para o bien ser recompensado con el Paraíso o sufrir las consecuencias del Fuego. Las descripciones e historias de ambos son superfluas. ¿Acaso, ¡oh hermano!, no has escuchado las palabras del hombre sabio?: “Estoy perturbado con respecto al Fuego, ¿cómo puede dormir aquel que quiere escapar del mismo?, y también estoy perturbado con respecto al Paraíso, ¿cómo puede dormir aquel que lo desea?. ¡Por Allah!, Si no deseas ni el Paraíso, ni temes el Fuego, entonces estás destruido, y el lamento será tu sombra, interminable tu tristeza e ilimitadas tus lágrimas; estarás entre los abatidos y los sufridos. Entonces si dices que estás entre aquellos que buscan refugio ante el Fuego y desean el Paraíso, lucha pues por aquello que dices buscar y no dejes extraviar por los deseos mundanales.”

 

        Has de saber, que Allah tenga compasión de ti, que el Islam escasea, que el conocimiento va disminuyendo, desapareciendo; se ha narrado en un hadiz del Profeta (s.a.s) que dijo:

         “El Islam empezó con tan solo unos seguidores, y volverá a ser tal y como comenzó.” (Narrado por Muslim y at-Tirmidi)

 

        También se ha narrado que él (s.a.s.) dijo: “Lo mejor de mi Umma es la generación a la que fui enviado, luego la que le sigue, después la que viene tras esta última, luego la que sigue a ésta, y el resto de generaciones irá empeorando hasta el Día de la Resurrección...” (Narrado por Bujari y Muslim)

 

        También se ha narrado que él (s.a.s.) dijo a sus Compañeros: “Vosotros sois mejores que vuestros hijos, y vuestros hijos son mejores que sus hijos, y vuestros nietos son mejores que sus hijos y así continuará hasta el Día de la Resurrección.”

 

        Y también dijo. “Llegará un tiempo en que del Islam no quedará más que el nombre, ni nada del Corán, excepto su escritura.” (Narrado por al-Baihaqi)

 

        Y se ha narrado que un hombre dijo: “¿Cómo vamos a ser destruidos si leemos Corán y se lo enseñamos a nuestros hijos y éstos a su vez se lo enseñan a sus hijos?”, a lo que el Profeta (s.a.s.) respondió: “¿Acaso no enseñaron los judíos a sus hijos la Torá y los cristianos a los suyos el Evangelio?, Sí, oh Mensajero de Allah (s.a.s.), replicó el hombre, ¿y en qué les benefició esto?, dijo el Profeta (s.a.s.), y el hombre respondió: En nada oh Mensajero de Allah (s.a.s.)!” (Narrado or Ahmad, Ibn Mayah, at-Tirmid y ad-Darimi)

 

continuación