Tratado del Salat

del Imam Ahmad Ibn Hanbal

VI

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        Deberías saber, que Allah (s.t.) tenga misericordia de ti, que cuando el esclavo de Allah (s.t.) abandona su casa para ir a la mezquita, va al encuentro con Allah (s.t.), el Irresistible, El Único, el Omnipotente, el Todopoderoso, el Perdonador, sabiendo que nada queda oculto para Él, allá donde sea, nada queda oculto, ni siquiera un grano de mostaza, ni siquiera algo más pequeño aún, ni algo más grande, en las siete tierras o en los siete cielos, en los siete mares o en las elevadas montañas. En verdad, la mezquita a la que os dirigís, es una de las Casas de Allah (s.t.), en el deseo de encontrarse con Él:

 

    Esta luz está ahora encendida en casas que Allah ha ordenado que sean exaltadas y en ellas sea recordado Su nombre. Allí es Él glorificado por las mañanas y por las tardes, por hombres a quienes ni el comercio ni los negocios les apartan del recuerdo de Allah y del cumplimiento del Salat y la entrega del Zakat. Temen un día en el que los corazones y ojos estarán agitados”. (Corán, Sura an-Nur, 36,37)

 

        Por tanto cuando alguien de entre vosotros parta de su casa hacia la mezquita debería decirse a sí mismo en silencio palabras de recuerdo de Allah (s.t.), palabras desconectadas de los asuntos mundanos; debe dirigirse en calma y quietud pues así fue como lo ordenó el Profeta (s.a.s.); debe dirigirse con un corazón anhelante de complacer a Allah (s.a.s.) y deseoso de evitar el alejamiento de Allah (s.t.), la mansedumbre y la humildad deben ser su guía, cuanto más humildad presente hacia Allah mayor será su recompensa en el Salat y mayor será su cercanía a Él. Si por el contrario está lleno de orgullo, Allah (s.t.) le destruirá y rechazará sus obras, pues las obras del orgulloso nunca son aceptadas. Se ha narrado en un hadiz referente al profeta Ibrahim (a.s.), el Íntimo de Allah, que pasó una noche entera en el recuerdo de Allah (s.t.), y que a la mañana siguiente contento consigo mismo dijo, “Cuán Bueno es el Señor de Ibrahim (a.s.) y cuán bueno es el esclavo, Ibrahim (a.s.).” Al día siguiente, al no encontrar a nadie con quien compartir su comida, pues era amante de compartir siempre su comida, cogió su comida y fue a sentarse al borde del camino a la espera de que pasara alguien con quien compartirla. Entonces dos ángeles descendieron del cielo y se le acercaron. Él les invitó a comer y ellos aceptaron. Luego Ibrahim (a.s.) sugirió ir a un jardín cercano que contenía una fuete de agua fresca, los ángeles aceptaron y fueron hasta el jardín, pero la fuente había desaparecido y no había rastro de agua. Aquello fue un duro golpe para Ibrahim (a.s.) y se sentía avergonzado por haberles llevado hasta allí y no haber encontrado la fuente prometida, así pues los ángeles le dijeron: “Pídele a tu Señor que haga regresar la fuente”, y así lo hizo, pero la fuente no apareció, lo cual volvió a ser un duro golpe para él; a continuación Ibrahim (a.s.) les dijo a los ángeles, “Pedidle a Allah (s.t.).” Y efectivamente uno de ellos suplicó a Allah (s.t.) y la fuente retornó!!, luego el otro ángel también suplicó a Allah (s.t.) y de la fuente empezó a manar agua. Entonces los ángeles le informaron que la causa de que Allah no hubiera escuchado su súplica era haber sentido satisfacción consigo mismo por haber pasado la noche entera en recuerdo de Allah (s.t.).

 

        Por tanto, que Allah (s.t.) tenga misericordia de vosotros, estad atentos al orgullo, pues ninguna acción acompañada de orgullo será aceptada. Sed humildes en vuestros Salat. Cuando estéis ante vuestro Señor en vuestros Salat, deberíais  conocer a Allah (s.t.) en vuestros corazones por las enormes bendiciones  que Él (s.t.) ha derramado sobre vosotros y por los abundantes favores que Él (s.t.) os ha proporcionado, pues Allah (s.t.) os ha honrado con abundante bien pero los habéis tapado con vuestras desviaciones. Por tanto es importante la humildad y la servidumbre hacia Allah (s.t.).

 

        Se ha narrado en un hadiz: “Ciertamente, Allah (s.t.) ha revelado a Jesús el hijo de María, -Cuando estés de pie frente a Mi, hazlo con mansedumbre y humildad, humíllate a ti mismo ante Mi, pues en la humildad se encuentra el beneficio de tu alma, y cuando Me implores, deja que tus miembros tiemblen.” Se ha narrado que Allah (s.t.) reveló a Musa (a.s.) algo similar. Por tanto, ¿hay algo más beneficioso y recto para ti esclavo de Allah (s.t.) que el humillarte ante Él (s.t.)?

 

        Se ha narrado respecto a Muhammad Ibn Sirin, que cuando hacía el Salat, la sangre corría por su rostro ante el gran respeto que sentía ante Allah (s.t.); y Muslim ha narrado que: “...cuando él hacía el Salat, no era consciente de ninguna voz o ruido debido a la concentración que tenía en su Salat y por el gran respeto y sentimiento de insignificancia que sentía ante Allah (s.t.)”

 

        También se ha narrado de ‘Amir Ibn ‘Abdu Qais quien dijo: “Para mi es más preferible que me claven puñales en mi espalda antes que pensar en cosas mundanales mientras hago mi Salat”.

 

        Y de Sa’id Ibn Mu’az se ha narrado que dijo: “Nunca he hecho un Salat en el que haya estado pensando acerca de cuestiones personales hasta que salía de la mezquita.” Y de Abu Darda se ha narrado que dijo: “Que mi rostro esté cubierto de polvo por mi Señor es el mejor de los sometimientos ante Allah (s.t.).” Por tanto no disgustaros porque vuestros rostros se llenen de polvo en el suyud, pues todos venimos del polvo, gracias a esto encontraremos la libertad ante la esclavitud y la salvación en la Próxima vida ante los sufrimientos de la misma, sufrimientos que ni siquiera las elevadas montañas que fijan la tierra, ni los siete cielos construidos unos sobre otros, ni la tierra, morada nuestra, ni los  siete mares de los que nadie, salvo Aquel que los creó, conoce sus profundidades, serían capaces de soportarlos, ¿los soportaremos nosotros con nuestros delicados cuerpos y huesos y nuestra delicada piel?. En Allah (s.t.) buscamos refugio ante el Fuego!

 

        Por tanto cuando hagáis el Salat, que Allah (s.t.) tenga misericordia de vosotros, actuad como si vierais a Allah (s.t.), pues aunque no seáis capaces de verLe, ciertamente, Allah (s.t.) os ve.

 

        Se ha narrado en un hadiz que el Profeta (s.a.s.) dijo: “Temed a Allah (s.t.) como si le vierais, pues en verdad, aunque no Le veas, Él os ve.” Si esta es la recomendación del Profeta (s.a.s.) para todo ser humano en cualquier asunto de su vida diaria, ¡cuanto más debe ser así al realizar el Salat, en el momento en que el hombre se dirige hacia Allah (s.a.s.), en un lugar determinado, un lugar especial, dirigiéndoLe su rostro!

 

        Se ha narrado en un hadiz: “Cuando el ser humano realiza su Salat, debe dirigir su rostro hacia Él (s.t.), y no girarlo hacia derecha o izquierda hasta haber finalizado el mismo.” (Narrado por Ahmad, Abu Dawd y An-Nsa’i).

 

        Se ha narrado en un hadiz: “En verdad, el ser humano cuando realiza su Salat adquiere tres cualidades: las bendiciones del cielo se derraman sobre su cabeza, los ángeles se sientan a su alrededor, desde sus pies hasta los cielos y una voz dice: si el hombre conociera a Aquel que escucha su recitación, nunca abandonaría su Salat.”

 

 

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