Tratado del Salat

del Imam Ahmad Ibn Hanbal

IV

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        Allah (s.t.) ha prometido a aquellos que siguen el ejemplo de los Sahaba (es decir, los Compañeros del Profeta s.a.s.) Su Complacencia y el eterno reposo en el Jardín. Allah (s.t.) dice, “En cuanto a los más destacados de entre los creyentes, aquellos que emigraron, aquellos de entre la gente de los Ansar y aquellos que les siguieron en el Ihsan, Allah se siente complacidos con ellos y ellos con Él. Y Él les ha preparado jardines por los que corren ríos. En ellos habitarán para siempre. Ese es el triunfo supremo.” (Corán, 9,100)

 

        Por tanto, seguir a los Muhayirun (estos son los musulmanes que abandonaron Meca dejando todas sus posesiones y familias atrás para dirigirse a Median) y a los Ansar (estos fueron los habitantes de Medina que recibieron y acogieron en sus casas a los Muhayirun provenientes de Meca) es una obligación sobre la gente hasta el Día del Juicio.

Se ha narrado del Profeta (s.a.s.) “...que solía guardar dos veces una pausa silenciosa durante su Salat, una tras la súplica de apertura y otra tras completar su recitación”, (es decir, antes de hacer el ruku’a). (Transmitido por Abu Dawud y Tirmidi).

 

        Solía detenerse antes del ruku’a para retomar el aliento tras la recitación, aunque la mayoría de los Imames actúan de otra manera. Por tanto, ¡oh esclavo de Allah (s.t.), ordena al Imam que permanezca en silencio hasta que retome de nuevo el aliento antes de hacer el ruku’a, evitando unir su recitación al takbir (es decir, pronunciar Allahu Akbar antes del ruku’a) dejando una pausa entre ambos. En general la mayoría de la gente no sigue esta regla, excepto aquellos a quienes Allah (s.t.) guía, no dándose cuenta de su error. También entre los más jóvenes y vigorosos hay quienes tras la posición erguida realizan el suyud (postración) poniendo las manos en el suelo antes que las rodillas (aunque en la opinión del Imam Ahmad, esto es un error, el Shayj Nasir ad-Din Albani ha explicado en su libro, ‘La descripción del Salat del Profeta’, basándose en narraciones auténticas de Juzaima, ad-Daraqutni y al Hakim, que: “El Profeta (s.a.s.) solía colocar sus manos en el suelo antes que sus rodillas.” Albani añade, “Todos los hadices que contradigan a éste son falsos.”) y cuando se levantan del suyud, o del tashahud, levantan del suelo antes las rodillas que sus manos y esto es incorrecto (de igual forma la posición del Imam Ahmad es contradicha por un hadiz auténtico, “El Profeta (s.a.s.) solía levantarse para la segunda raka’a, apoyándose en el suelo” (Bujari y Shafi’i). Albani dice: “en cuanto al hadiz que dice ‘Solía levantarse como una flecha sin apoyarse sobre sus manos’, es un hadiz fabricado y todas las narraciones de un significado parecido son débiles). Ello contradice la opinión de los sabios del Fiqh, es por tanto necesario poner primero las rodillas en el suelo y luego las manos cuando se va hacer el suyud y al levantarse debe levantar primero sus manos y después sus rodillas, esto es lo que nos ha llegado del Profeta (s.a.s.), (parece que el Imam Ahmad modificó su postura más tarde, pues según Albani, Ibn Hani narra en su libro ‘Masa’i al-Imam Ahmad’ que: “Vi a Abu Abdullah (es decir, al Imam Ahmad), a veces apoyarse sobre sus manos al incorporarse para hacer la siguiente raka’a y otras veces sentarse derecho e incorporarse posteriormente”; y Albani en su libro citado anteriormente dice, “Esta también era la preferencia del Imam Is-haq Ibn Rahawaih, quien dijo, ‘El ejemplo es el Profeta (s.a.s.) quien se apoyaba sobre sus manos ya fuera de joven o de mayor”). Así pues ordenad al Imam que a la hora de levantarse lo haga sobre la parte anterior de sus pies y que no los coloque uno frente al otro pues esto es makruh (desaconsejado), incluso se ha narrado por parte de Abdullah ibn Abbas y otros que colocar un pie frente a otro a la hora de levantarse anula el Salat.

 

        Por otra parte se recomienda a aquel que está haciendo el Salat que fije su mirada en el punto del suelo donde tocará su frente cuando realice la postración, y no levantar su mirada al cielo ni dirigirla hacia los lados, prestad atención a esto, pues ello es makruh (desaconsejado), e incluso se ha llegado a decir que anula el Salat.

 

        Cuando se realice la postración se deben colocar los dedos a la altura de los oídos debiendo estar los dedos juntos y no separados en dirección hacia la qibla, e igualmente debe alejar de sus costados tanto los codos como sus antebrazos evitando pegarlos al cuerpo. Se ha narrado en un hadiz del Profeta (s.a.s.) “...que cuando realizaba la postración un cordero podría pasar por debajo de sus brazos”. (Muslim y Abu Dawud). Esto indica la manera tan exagerada en la que levantaba sus codos y sus brazos. Los Compañeros del Profeta (s.a.s.) han dicho: “El Mensajero de Allah (s.a.s.) solía mantener alejados sus brazos de su cuerpo.”

 

        Por tanto, realizad bien vuestra postración pues se ha narrado en un hadiz: “En verdad el esclavo se postra sobre siete partes corporales.” (Bujari y Abu Dawud).

 

        Igualmente cuando se hace el ruku’a es necesario agarrar las rodillas con las manos quedando separados entre sí los dedos reposando sobre brazos y antebrazos guardando que la espalda queda recta (es decir en ángulo recto con sus piernas) sin levantar ni bajar la cabeza pues se ha narrado del Profeta (s.a.s.) que: “...cuando hacía el ruku’a, si se colocase un vaso de agua sobre sus espalda no se movería de su sitio.” (Transmitido por Ahmad). Ello indica la rectitud con la que colocaba su espalda a la hora de hacer el ruku’a. Por tanto realizad bien tanto el ruku’a como el suyud pues se ha narrado en un hadiz: “En verdad cuando el esclavo realiza su Salat y lo realiza bien, es elevado e iluminado, y cuando alcanza (el Salat) las puertas de los cielos, estas se abren e intercede ante Allah (s.t) diciendo: ‘Que Allah te preserve tal y como tú lo hiciste conmigo’. Pero si el Salat se hace mal, no perfeccionando ni el ruku’a ni el suyud, ni observando sus límites, es elevado (el Salat) y oscurecido y dice: ‘Que Allah (s.t) te extravíe al igual que tú me has extraviado, y cuando alcanza las puertas de los cielos, estas se le cierran, entonces es doblado como un viejo abrigo y arrojado a la cara de su propietario.” (Narrado por at-Tabarani)

 

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