Periodo de Meca
570-622
La
emigración a Etiopía
Muy
débil aún para defender a sus discípulos, el Rasûl Muhammad (s.a.s.) aconsejó
a algunos de sus compañeros emigrar a Etiopía (también llamada Abisinia,
al-Hábasha en árabe), donde
el Naÿashi (el Negus, título de los soberanos etíopes cristianos) era un buen rey
que no oprimía a nadie en su país. El Naÿashi les brindó una buena acogida.
Ya’far ibn Abi Talib, primo del Rasûl (s.a.s.) y hermano de ‘Ali, llegó a
ese país africano con un primer grupo de musulmanes.
Con el fin de detener esas emigraciones y cortar el paso a los
partidarios del Rasûl Muhammad (s.a.s.), los quraishíes enviaron una embajada
al Naÿashi, reclamando la extradición de los emigrados. Pero el rey se sentía
inclinado a favor de los musulmanes. Escuchó con admiración lo que Ya’far le
contaba de Rasûlullâh (s.a.s.) así como sus enseñanzas, y le pidió que le
dijera lo que transmitía acerca de Jesús y de María. Ya’far le explicó que
para los musulmanes Jesús (a.s.) era uno de los grandes profetas de la
humanidad y que María era tenida en gran estima y le recitó pasajes coránicos
en los que el Libro de Allah describe el alto rango de Jesús y de su madre María.
La belleza del texto hizo que el Naÿashi derramara lágrimas de emoción. Los
sacerdotes cristianos presentes exclamaron: “Esas palabras emanan de la misma fuente de las que brotaron las de Jesús”.
El Naÿashi trazó con su bastón una línea en la tierra y le dijo a
Ya’far: “Lo que nos separa es más
estrecho que esta línea” y ordenó a los embajadores quraishíes volver a
su país.
Esta emigración a Etiopía demuestra que la actitud del Rasûl Muhammad
(s.a.s.) ante los acontecimientos no era la de la no-acción. Él nunca fue
fatalista. Efectivamente, renunció a las ventajosas ofertas que le hicieron los
quraishíes y soportó la persecución y el bloqueo del que fueron objeto él y
sus seguidores, pero esto no quiere decir que fuera pasivo. Al contrario,
Muhammad (s.a.s.) era irreductible, que es muy distinto. No hizo concesiones, es
cierto, pero no preconizaba ningún tipo de suicidio. Firme en sus convicciones,
no dudó en buscar consolidar su comunidad sin traicionarla. El Islam (que es
presentir la Voluntad
de Allah rigiéndolo todo, y entregarse en ese Querer que gobierna la
existencia) guiaba sus decisiones en todo momento. El principio de emigración
(Hiÿra) fue instituido para salvaguardar la firmeza y solidez del
Islam. La emigración no fue concebida como una huida de la opresión o la búsqueda
de un lugar tranquilo y confortable, sino un cambio en espera de la victoria.
La emigración a Etiopía de un grupo de musulmanes tenía la intención de relajar la situación en Makka, crear el desconcierto en la ciudad y tantear las posibilidades de asentar el Islam en otro lugar. No obstante, el Rasûl Muhammad (s.a.s.) siguió buscando un lugar más conveniente.