bísmil-lâhi
r-rahmâni
r-rahîm
El
Profeta del Islam
¿Porqué
estudiar su vida?
(INTRODUCCIÓN)
El
concepto de alguien que transmite un mensaje procedente de un universo
interior que
pasa desapercibido al común de la gente difiere según las regiones, los
medios y las épocas. Entre los musulmanes el ser humano es, de todas las
criaturas existentes, la más digna y capacitada para cumplir esa función
reveladora de la Verdad que gobierna el devenir de la existencia. Y a su vez, un
Mensajero de Allah es el más digno,
el más capacitado y el más perfecto entre los seres humanos. Esa función de
transmisor de lo que hay en lo más recóndito acompaña y pone de manifiesto los mejores
aspectos de las capacidades de lo humano.
La vida del hombre se realiza en dos grandes campos: el material y el
espiritual. Tender un puente entre ambos, crear un equilibrio armonioso entre
esos dos dominios y dar el ejemplo práctico de una vida que los conjuga, tal
sería el ideal de un guía para los mortales. Un mensajero
(rasûl)
o profeta (nabí)
es el que reconcilia al ser humano con la Verdad que lo fundamenta. Su función
es siempre central en toda comunidad humana.
La historia
ha conocido innumerables casos de reyes, sabios, místicos y otros
personajes eminentes cuyas vidas proporcionan los mejores ejemplos a seguir. ¿Porqué
estudiar la vida de Muhammad (s.a.s.), un hombre como los otros, que murió hace
más de trece siglos, cuando entre tanto la ciencia ha hecho increíbles
progresos, y tanto las circunstancias como la concepción misma de nuestra
existencia se ha visto profundamente transformados?.
Para un musulmán, la respuesta es simple: un musulmán no puede serlo si
no sigue la conducta y el ejemplo de Muhammad (s.a.s.). Para quien todavía no
conoce los detalles de la Sira
(biografía y conducta de Muhammad –s.a.s.-) será útil recordar algunos
hechos:
A)
Su
enseñanza ha sido redactada bajo su propia vigilancia y conservada para la
posteridad de una manera digna de crédito. Entre los fundadores de las grandes
Tradiciones, Muhammad (s.a.s.) tuvo la feliz idea no solo de comunicar a su
pueblo las revelaciones y órdenes que recibía, sino que también las dictaba a
sus Compañeros (los Sahâba)
y se aseguraba de la multiplicación de copias. En cuanto a la conservación de
su enseñanza debemos saber que es un deber para los musulmanes recitar con
constancia los pasajes de esas revelaciones. Hay que saber que para un musulmán
es de gran valor y mérito el aprender de memoria el texto íntegro del Corán
(Qur-ân).
Siempre ha habido copias escritas de esas revelaciones (del Qur-ân) a la vez
que jamás se ha visto interrumpida la tradición de aprenderlas de memoria.
Cada uno de estos dos procedimientos ayudaba al otro para asegurar la transmisión
autentica del mensaje muhammadiano en su lengua original. El texto del Qur-ân
(Corán) es más voluminoso que el Pentateuco y los cuatro Evangelios juntos. No
nos extrañe pues que contenga directrices para todos los dominios de la vida.
B)
Muhammad
(s.a.s.) no reclama en absoluto el monopolio de la dignidad de Mensajero
(Rasûl)
de la Verdad. Al contrario, él aseguraba que Allah había enviado antes
mensajeros semejantes a todos los pueblos. Nombró a algunos de ellos como Adán,
Enoch, Noé, Abraham, Moisés, David y Jesús; añadiendo que ha habido muchos
otros cuyos nombres no citó. Su función fue la de restaurar y revivificar las
enseñanzas que los antiguos profetas habían transmitido pero que fueron
distorsionadas como consecuencia de las guerras y los intereses sobrevenidos en
la historia. Muhammad (s.a.s.) no fue decepcionado en su convicción de que la
enseñanza que transmitía quedaría intacta después de él, y en efecto
poseemos el Qur-ân (el Libro Revelado) y el Hadiz (los dichos y hechos del Rasûl
Muhammad que conforman su Sunna
o Tradición) en la lengua original y tal como él los divulgó. Y
además, el árabe es una lengua todavía viva.
C)
Desde el primer día de su misión, Muhammad (s.a.s.) se dirigió al mundo
entero: no tuvo en cuenta a un solo pueblo o a una sola época, ni reconoció
desigualdades de raza o clase. En el Islam, la igualdad absoluta entre los seres
humanos y la superioridad individual como resultado de las obras voluntarias,
son las reglas.
D)
Tanto el bien absoluto como el mal absoluto son en la sociedad humana raras
excepciones, la mayoría pertenece a la categoría de hombres y mujeres medios.
Muhammad (s.a.s.) no pretendía dirigirse a seres perfectos: su mensaje estuvo
destinado a las gentes comunes, a la inmensa mayoría de los mortales. Según el
Qur-ân (Corán), el ser humano debe buscar lo mejor en este mundo y lo mejor más
allá de él.
E)
En la historia humana no faltan grandes reyes, grandes conquistadores, grandes
reformadores, grandes ascetas, etc., pero en la mayor parte de esos casos cada
uno tiene valor sólo en su propio dominio. La reunión de todos esos diversos
aspectos -como sucede en el caso de Muhammad (s.a.s.)- es muy infrecuente, y más
aún que hayan sido aplicados por el que las enseñó. En el Rasûl (s.a.s.) la
dirección está equilibrada por la experiencia y la práctica.
F)
Como reformador, es suficiente decir que el Nabí Muhammad (s.a.s.) fue el
fundador de una gran tradición, una de las más grandes del mundo actual, que
se ha desarrollado a lo largo de su historia siempre vigorosamente. En tanto que
practicante de sus propias enseñanzas, veremos que la vida de Muhammad (s.a.s.)
fue irreprochable. Como organizador social, sabemos que partió de la nada, en
un país de constantes conflictos y guerras, y acabó a los pocos años
constituyendo una Nación (Umma)
con más de tres millones de kilómetros cuadrados que ocupaban la totalidad de
la península árabe y las regiones meridionales de Irak y Palestina. A los
pocos años de su muerte, el universo que había creado se extendía sobre tres
continentes: Asia, Africa y Europa. Supo reinar sobre los corazones más que
sobre los cuerpos, y el éxito de su misión se tradujo en poder reunir en su última
peregrinación a Meca a 150.000 musulmanes, aunque no es posible calcular el número
de seguidores que tenía en esos momentos históricos porque no fue obligatorio
asistir a esa reunión.
G)
Muhammad (s.a.s.) no se creyó jamás por encima de las enseñanzas que transmitía.
El contrario, él fue el primero en ponerlas en practica con un rigor mayor del
que exigía a sus discípulos. Como veremos más adelante, él fue siempre justo
y compasivo hacia sus enemigos, en tiempos de paz y en tiempos de guerra.
H)
En
cuanto a su enseñanza, él se interesó por todos los aspectos de la vida
humana: el sentido de la trascendencia, las practicas espirituales, la
conducta, la familia, la economía, la política, en resumen: todo lo que
afectaba a la vida individual o colectiva, espiritual o material. Además, dejó
de todo ello su propio ejemplo, su trayectoria
vital o Sira.
I)
Resulta
por lo tanto imprescindible estudiar su vida si se desea comprender una de las
civilizaciones más brillantes de la humanidad.