PRIMERA INTRODUCCIÓN

LA INTERPRETACIÓN (Tâwil)

 

            13. Ibn ‘Arabi al-Hâtimi dijo: “Me han sido dadas las claves del Corán Inmenso”, pero no fue el primero ni el último al que fueran dadas. Quien participa de la ciencia de los sufíes, obtiene su parte en ese entendimiento; y quien se priva de ella, se aparta de la dimensión interior del Corán. Éste no logra rebasar la superficie de las palabras.

Se ha relatado que el Imam ‘Ali expresó la siguiente idea: “Si quisiera, podría redactar cuarenta volúmenes comentando el primer capítulo del Corán”, y ello viene de las enormes posibilidades del arte de la alusión y de la sutileza de las expresiones coránicas, que fundamentan un saber superior.

El Imam ‘Ali hubiera podido entresacar aún más. Y es porque la menor palabra contiene el todo, según un hadiz que afirma que lo que hay en las Páginas y en los cuatro Libros revelados está en el Corán, y todo lo que hay en el Corán está en su Capítulo Introductorio, y todo lo que hay en el Capítulo Introductorio está en la Basmala, y todo lo que hay en la Basmala está en su B, y todo lo que hay en la B está en su punto diacrítico. De ello resulta que lo revelado en los Libros a los Profetas desde nuestro padre Adán hasta nuestro señor Muhammad, con sus palabras, sus significados y normas sapienciales está reunido en el punto que hay bajo la B a pesar de lo reducido de su tamaño.

¿Quién podría deducir de ese pequeño punto esos significados inmensos y sentidos altivos si no los sabios por Allah, los dotados de visión interna y corazón? Ellos son los que han reconocido la verdad de ese hadiz y han declarado la sinceridad de quien pronunció esas palabras comprobándolas directamente, y no sólo con aceptación formal.

 

            Al-‘Alawî redactó un breve tratado titulado Al-Unmûdaŷ en el que estudia el simbolismo de la primera letra del Corán, la B de Bismillâh, con el Nombre de Allah, enunciado que se repite a la cabeza de cada capítulo y al que se da el nombre de Basmala. La B, en árabe, cuenta con un punto diacrítico situado debajo del cuerpo de la letra. El Šayj habla de dicho punto, y su análisis ejemplifica la capacidad de interpretar del sufí iluminado por su sentido de la Unicidad y la Unidad. La obra empieza citando el hadiz que aparece en el texto. El Profeta habría dicho: “Todo lo que está en los Libros revelados está en el Corán, y todo lo que está en el Corán está en la Fâtiha”. La Fâtiha es el Capítulo Introductorio que cuenta con sólo siete versículos. A las palabras anteriores se añadieron las siguientes: “Todo lo que está en la Basmala está en la letra B, que a su vez está contenida en el punto que tiene debajo”.

            Según el Šayj, el punto representa el secreto de la Esencia Verdadera, su núcleo central e inefable, al que se alude en la Tradición musulmana con el nombre de Tesoro Escondido, y a la que también se llama Dât o Identidad, anterior y trascendente. El desarrollo natural de este punto es el Alif, la primera letra del alfabeto, que equivale a la A: su forma es la de una línea vertical que no enlaza con ninguna letra siguiente pero por la que se alza cualquier trazo anterior. La Verdad no tiene continuación, no es engendradora de nada distinto a sí misma que viniera después, de Ella no deriva nada, pero sí eleva el pensamiento de la criatura que toma la iniciativa y se propone alcanzar su significación. El Alif es Allah, la idea de Unidad, introduciendo el primer juicio acerca de esa Esencia indeterminada: es la Verdad ofreciéndose al discernimiento. Por suparte, la B es el acto creador bajo el que subyace el punto que le da sentido, y a partir de la B vienen el resto de las letras, las palabras solas y luego el discurso en general. El Šayj al-‘Alawi escribió en su obra al-Unmudaŷ:

El punto se hallaba en estado de Tesoro Oculto antes de su propia manifestación como Alif, y las letras se hallaban extintas en el secreto del punto hasta que éste manifestó lo interior exteriormente, revelando, al revestir las distintas formas de las letras visibles, lo que había sido velado; pero, si captas esta verdad, no encontrarás nada más que la tinta misma, que es lo que significa el punto.

Uno de los nuestros lo explicó así: ‘Las letras son los símbolos de la tinta. No hay letra alguna, salvo la que la tinta ha ungido. Su mismo color es ilusión pura. Es el color de la tinta, que ha accedido al ser manifestado. Sin embargo, no se puede decir que la tinta se haya apartado en ningún momento de lo que era. La no-manifestación de las letras residía en el misterio de la tinta, y su manifestación es producida por la autodeterminación de aquélla. Ellas son sus determinaciones, sus actividades. Y no hay nada allá más que la tinta, ¡comprende esta parábola! Las letras no son la tinta, ¡no digas que lo son! Eso sería un grave error. Decir que la tinta es idéntica a las letras es pura locura, pues ella era antes que las letras, cuando no había ninguna. Y será todavía cuando ninguna letra sea...’.

Si has comprendido que las letras están incluidas en el punto, entonces comprenderás que todos los libros están incluidos en la frase; la frase, en la palabra; la palabra, en la letra. Podemos decir con verdad: sin letra no hay palabra y sin palabra no hay libro. La palabra no tiene existencia más que por la existencia de la letra. La diferenciación analítica procede de la integración sintética, y todo está integrado en la Unidad de Percepción[1].

Este texto describe el núcleo de la cosmovisión sufí, el valor simbólico de cuanto existe y que siempre remite a la Unidad-Unicidad latente, a la Verdad que lo sostiene todo y de la que todo parte como despliegue suyo y de la que es signo. Cuando el total del Islam es reinterpretado desde esa perspectiva emergen las verdades que lo sostienen y el conjunto queda restablecido sobre las grandes ideas-fuerza que habían sido desdibujadas por la atención en las formalidades. La Haqîqa, la Esencia, es la unidad sustancial de la Šarî‘a; la Ley es el mundo y la vida de esa realidad, en perfecta consonancia. Por ello, es importante la vuelta del musulmán a la fuente de su espiritualidad, de modo que recupere el sentido de cada una de las expresiones de su Ley en la Unidad que está en la raíz de todo. Pero esta reconstrucción sólo es posible por un entendimiento rico y capaz de alcanzar lo sutil. Se trata de una habilidad que se adquiere puliendo el espíritu hasta que ante él estallan las significaciones.


 

[1] La traducción pertenece a Martin Lings, Un santo sufí del siglo XX, pp. 143-147.