PRIMERA INTRODUCCIÓN

EL CORÁN Y EL SUFISMO

 

            12. El saber de los sufíes procede de la revelación mística y la contemplación directa, y no tiene una tercera fuente. Por ello, no ha sobrevenido en sus contenidos ninguna oscilación o divergencia. Esta ciencia se refiere a la significación interior del Corán, y si en su literalidad el Corán está libre de alteraciones, con más razón es firme en su profundidad. Allah ha dicho de su Libro: “Hemos revelado el Recuerdo, y lo preservamos”.

Allah ha encargado a los expertos en las ciencias de la Ley la protección de su forma externa, y ha encomendado a los sabios en materia de corazones que guarden su mundo interior. Y así sucede que los sufíes, gentes de visión aguda, disfrutan de la literalidad del Corán a la vez que se sumergen en el significado íntimo, con el mismo agrado con el que uno de nosotros pasea por su huerto, como dijo el Mensajero: “El Corán es el jardín de los sabios”.

 

            La Revelación, el Wahy, es la Palabra de Allah dirigida a la inteligencia y a la intuición del hombre. Con el Corán, Allah se hace entender, del mismo modo que al crear se manifiesta exteriorizando y mostrando sus posibilidades (sus Nombres). Los dos mensajes que hablan al ser humano, el Corán y el mundo, son los dos sonidos de un mismo susurro y ante él se reproducen las actitudes de superficialidad o profundización habitual en todos los casos de intento de comprensión. Hay una estrecha correspondencia entre el Libro (universo menor) y el universo (libro mayor), a semejanza del ser humano, que es un microcosmo en el que está resumido el cosmos (hombre supremo): “Ése es el Libro en el que no hay duda alguna, es un camino para los prudentes”, es decir, el todo es el signo perfecto del Uno[1].

            La realidad es objetivamente la misma, y sólo cambian el enfoque y el posicionamiento que se adopte ante ella cuando se la lee y desentraña. Cada cosa es lo que es en apariencia más lo que implica. El mundo es una página: cuenta con una superficie que contiene un núcleo significante, y en cada criatura se repite este esquema, como sucede con cada palabra, con cada letra, del Corán. Esa esencia implicada se deja descubrir en el Kašf o desvelamiento místico,[2] y se expone a la visión directa (‘Iyân) del sabio. Quien sólo emplea los ojos físicos percibe la cáscara de la creación o del Corán, y es ofuscado por sí mismo, por su ego, pero el que mira con su ojo interno descubre la dimensión íntima y unitaria, lo increado del Ser. En ciertos individuos predomina una de las formas del entendimiento y en otros otra, y cada uno cumple su papel en esa manifestación de los potenciales de la Verdad, resguardando alguno de sus aspectos. El sufí completo lo reúne todo. ‘Abd al-Wahhâb aš-Ša‘râni escribió sobre cómo leer el Corán para pasar luego a interpretar el mundo:

 “Los intérpretes y comentaristas que se han acercado al Corán no han entendido ni tan siquiera la décima parte de un décimo de lo esencial de una las letras del Libro. Se llega a la plenitud cuando se es capaz de entresacar todas las normas de la Ley de cualquiera de las letras del alfabeto... Si deseas, hijo mío, entender los secretos del Corán, primero mata tu pretensión. Degüella el fantasma de tu opinión y arrójate por debajo de tus pies. Restriega tu mejilla por el polvo y proclama tu condición de puñado de barro. Reconoce tus deficiencias y sumérgete en el temor de que tus acciones te sean devueltas como algo sin valor, y dite: ‘Alguien como yo, ¿le es de provecho lo que haga?’. Si eres así, es lícito prever que aspires algo del aroma de los significados del Discurso de tu Señor. De otro modo, las puertas de la comprensión te están cerradas.

¡Lo juro por el Poder de mi Dueño!: ni hombres ni genios desentrañan el fondo de una sola de las letras del Libro. Aunque todas las criaturas se reunieran para aprehender con sus inteligencias lo que significa la letra B no lo lograrían, y volverían atrás devueltas por su incompetencia. Nadie puede hacerlo por sí, ya sea grande o pequeño su empeño. Si no es Allah el comunicador de saberes, nada alcanza el ser humano, pues está sumergido en un mar de velos. No tiene olfato ni sensibilidad para estas cosas.

Quien no se haya emocionado con los sufíes y no los haya seguido por su escala no puede describir el océano sin fondo ni nada puede decir de lo que carece de orillas. ¿Cómo, si no, nadar en las inmensidades y escalar la Ballena? ¿Cómo desvelar aquello sobre lo que está corrida la cortina de la protección? ¿Cómo desentrañar el Secreto Bien Guardado? Si Él da entendimiento al ser humano, son borrados los impedimentos. Cuando el sabio se completa en el Rango del Saber, entonces Allah lo hace depositario de una ciencia en la que no hay intercesión, y puede recoger los Saberes Escondidos en las Tablas de los Significantes. Se apodera de sus tesoros, pues ha roto los talismanes... Allah lo asoma a lo que hay guardado en los puntos diacríticos. Y si no fuera porque le ha sido prohibido, desvelaría cosas que perturbarían las mentes. Tan sólo alude a lo que hay en las letras, en los silencios entre las palabras, en la intensidad de los sonidos susurrados, los trazos, la declinación,...

Y lo mismo que ve todo eso en el formato del Corán, le ha sido dado asomarse a lo que hay escrito en las hojas de los árboles. Y en el agua, en el aire, en la sal de los mares, en la tierra, y a lo que está escrito en la cúpula del cielo, lo que hay dibujado en la vida de los hombres y de los genios. Y también se asoma a lo que está escrito sin escritura, y que está por encima del encima y por debajo del debajo. ¿Qué puede haber de sorprendente en la sabiduría del que es enseñado por el Sabio Poderoso?[3].


 

[1] Corán, II-2. Acerca de estas correspondencias, ver: Ibn ‘Arabî, Tafsîr, pp. 13-14, vol I.

[2] At-Tûsî definió el Kašf del siguiente modo: “El Kašf es la explicitación de lo velado al entendimiento, que le es mostrado al hombre como si lo viera. Abû Muhammad al-Ŷurayrî dijo: ‘Quien no actúe con Allah en conformidad al temor y la vigilancia, no llega al Kašf ni a la contemplación’ Y an-Nûrî dijo: ‘Los ojos ven con la mirada y los corazones descubren (Kašf) cuando se comunican con Allah’...”. Por su parte, at-Tahânawi dijo: “El Kašf consiste en la eliminación del velo que separa del espíritu y que los sentidos físicos no permiten percibir”.  Véase en Mu‘ŷam al-Mustalâhât as-Sûfiyya, entrada Kašf.

[3] Aš-Ša‘râni, at-Tabaqât al-Wustà, citado por at-Tu‘mi, Ihyâ’ ‘Ulûm as-Sûfiyya, v. II, pp.395-396.