Consenso de las autoridades en ciencias del Islam
sobre el sufismo
19. En pocas palabras, las grandes autoridades en el Islam concuerdan en que esta ciencia es la de los Muy Sinceros, y que todo el que participa de ella es contado entre los Allegados, por encima de los grados de los Compañeros de la Derecha: ¡Inmensa es la felicidad de quien tiene su parte, aunque sea mínima, en este arte! ¡Grande es la decepción de quien entra en conflicto con su gente a causa de la ignorancia o el fanatismo, y discute de lo que sólo ellos saben y polemiza con argumentos cuyo alcance desconoce! Éste último ha perdido la cordura y forcejea con quien es más fuerte que él. Un sabio dijo: “Quien compite con quien le puede, atrae contra él todas las calamidades”.
Imponte, hermano, pensamientos hermosos hacia Allah y hacia sus siervos rectos, en especial, hacia las gentes de esta Senda, pues calumniarlos es un veneno mortal. ¡Allah nos guarde de él, a nosotros y a todos los musulmanes!
Los musulmanes conforman una comunidad universal de iguales, la Umma, la Nación. Las diferencias formales existentes entre ellos quedan diluidas en la trascendencia del Îmân, la coincidencia de todos ellos en la asunción de la sabiduría que está en la raíz del Islam, esa sabiduría a la que se llama ‘Aqîda y a cuyo análisis está dedicado este trabajo. El Îmân, esa actitud abierta del corazón a las enseñanzas del Corán y de la Sunna, esa vivencia de la Cosmovisión que está en el trasfondo del Islam, otorga el derecho a la ciudadanía en la Nación, donde no caben jerarquías ni nadie ostenta ningún monopolio sobre la Revelación. El Îmân, que es interior y corre siempre el riesgo de ser una simple pretensión, se concreta externamente y toma cuerpo y solidez con el Islâm, que ya es la acción en conformidad a las exigencias de la Revelación. Con el Islâm queda formalizado el Îmân, y es la vía a los significados a los que aspira el Îmân, contenidos en la ‘Aqîda. El Islâm entraña la conclusión de una alianza (Wilâya) que compromete tanto a Allah como al hombre y los vincula en una interrelación cuya fuerza va aumentando según se estreche el lazo. Esa alianza es intimidad con Allah, un progresivo acercamiento a su verdadero alcance, que va trasformando al ser humano y despertándolo a su realidad, que es el califato (Jilâfa), la plena soberanía en tanto que Imagen de su Señor.
Careciendo de toda entidad las diferencias formales entre los musulmanes, el ascenso por la escala de la Wilâya sólo puede proceder de una virtud de carácter espiritual llamada Taqwà. Este término no significa piedad, como con frecuencia es traducido. Efectivamente, puede manifestarse como una observancia estricta de los mandatos del Islam. Pero en su fondo significa sobrecogimiento. Taqwà es la tensión producida por la conciencia de que se existe en Allah. Conforme se progresa en el conocimiento de lo que implica Allah, aumenta esa virtud a la que llamamos Taqwà, que consiste en estar alerta, en estar prevenido, significación básica del término. Ese ánimo atento a Allah, que, como se ha adelantado, se manifiesta en una intensificación de la obediencia debida a Allah, hace progresar al ser humano en Allah hasta asomarlo al núcleo de su Verdad.
Taqwà es un intenso temor. Ese terror nace de las proporciones que Allah va adquiriendo ante el que hace de Él su oriente. Es el único miedo legítimo en el Islam, y es el signo de que realmente el aspirante se está adentrando en la Esencia Creadora del mundo, de que está viviendo a Allah y no se está limitando a un saber teórico. El sobrecogimiento ante Allah crece en la medida en que el hombre se va acercando a Él revelándole sus implicaciones envolventes que absorben al hombre dejándolo en la desolación de su nada, hundiéndolo en el miedo a la insignificancia. Taqwà purifica por completo al ser humano para alzarlo después a la plenitud en su Señor. Nace del impacto en el ánimo de la Enseñanza; por tanto, es fruto del saber: “No temen a su Señor, entre los hombres, más que los sabios” (XXXV-28). El grado de su intensidad marca la verdadera diferencia que puede haber entre los musulmanes: “El más noble entre vosotros ante Allah es el que más le teme” (IL-13).
El Corán distingue, entre el número de los musulmanes, dos categorías[1]. Los pertenecientes al primero de esos grupos, el de la mayoría, son llamados los Compañeros de la Derecha (Ashâb al-Yamîn). Por delante de ellos va una minoría, “muchos entre los antiguos, pocos entre los recientes”[2], a los que se designa con el término de allegados (Muqarrabûn) o adelantados (Sâbiqûn), son los que han tomado la iniciativa, han roto con lo que les aparta de la Verdad y se han acercado a su Señor.
Muy Sincero (Siddîq) es el sobrenombre con el que fue conocido Abû Bakr, compañero del Profeta en todas las circunstancias y, posteriormente, primer califa del Islam. Su seguimiento riguroso de la Costumbre (Sunna) y su confianza absoluta en las enseñanzas de Muhammad le valieron ese apelativo. Los sufíes ven en ese título la alusión al rango de la máxima proximidad a la esencia universal del Profeta, y es, por tanto, uno de los mayores logros a los que aspirar. En honor de Abû Bakr, ese grado eminente será llamado Siddîqiyya, el de la confirmación de los anuncios proféticos. Este rango, el de los Siddîqîn, forma parte de la vanguardia del Islam, junto a los profetas (Anbiyâ’), los mártires (Šuhadâ’) y los rectos (Sâlihîn). Estos son los allegados o adelantados, los que han consagrado sus existencias a Allah y han estrechado con él un vínculo, la Wilâya, que, a la vez, los ha purificado y los ha hecho plenamente sabios, pues su ciencia les viene ya de Allah y no de sus esfuerzos.
La imagen que mejor los representa es la de los musulmanes que abandonaron Meca -imagen del mundo- siguiendo al Profeta para dirigirse, desprovistos de bienes materiales, hacia Allah, siendo al final acogidos y protegidos en Medina. Desde ahí, los musulmanes no tardaron en reconquistar la ciudad que habían dejado atrás. La Hégira (Hiŷra, Emigración) es de un rico simbolismo. Igualmente, el mundo ha salido de Allah para retornar a Él. Los sufíes son la continuación de esa emigración modélica con la que el hombre recto, el ‘Abd Sâlih, se libera de las ataduras de sus apegos, renuncia y deja atrás a los ídolos y se adelanta a los hombres de su tiempo orientándose hacia Allah Creador que lo aguarda para agasajarlo en una Meca recuperada.
Desde la perspectiva de los que han culminado esos procesos, el Šayj al-‘Alawî va a comentar lo esencial del Islam, ad-Darûrî min ad-Dîn. Lo va a hacer con el entendimiento (Fahm) que penetra en la significación profunda de cada dato. Es necesario, por tanto, descifrar en qué consiste dicho entendimiento, y a ello el autor va a consagrar la segunda introducción previa a su explicación pormenorizada de los versos de Ibn ‘šir.