‘Izz ad-Dîn ibn ‘Abd as-Salâm y el sufismo
18. ‘Izz ad-Dîn ibn ‘Abd as-Salâm dijo: “El Pueblo -los sufíes- se han asentado sobre los firmes cimientos de la Šarî‘a, que son inamovibles en este mundo y en la otra vida, mientras que los demás se han establecido únicamente en las formalidades. Ello te lo confirman los carismas que realizan, su capacidad para guiar a la gente y la sabiduría que emana de sus lenguas así como sus exordios que son de gran provecho para los que se sientan junto a ellos, mucho más de lo que lo harían entre los que no los acompañan”.
An-Nawawî, en su obra Šarh al-Muhaddab, trascribe las siguientes palabras del Imâm aš-Šâfi‘î: “He aprendido en los círculos de los sufíes dos frases, que ‘el tiempo es una espada, si no lo cortas, te corta’, y que ‘si no ocupas tu ánimo en el bien, tu ego te ocupará en el mal’... Observa, hermano, como este inmenso Imam da testimonio de la sinceridad del rigor y mérito esforzado de los sufíes. El Šayj aš-Ša‘râni dijo: “Fíjate en que aš-Šâfi‘î cita sabidurías a partir de los sufíes, y no de otros. Ello te hace saber la especificidad de su conocimiento que los distingue de los demás. Si esas palabras no describieran un carácter especial no los hubiera mencionado separadamente, pero lo hace diferenciándolos claramente de los maestros de la ciencia exterior de los que él aprendió”.
La oposición (Ŷuhûd) a la ciencia de los sufíes es considerada por al-‘Alawî un fenómeno tardío en la historia del Islam. Las autoridades en la Šarî‘a, como los cuatro Imames fundadores de las escuelas de Fiqh -Abu Hanîfa, Mâlik, aš-Šâfi‘î e Ibn Hanbal-, habrían expresado opiniones favorables al Tasawwuf, e, incluso, fueron auténticos Awliyâ’, Íntimos de Allah, hombres de una profunda espiritualidad serena en sus grados más elevados[1].
Esos primeros siglos del Islam fueron tiempos de una espontaneidad alejada de construcciones intelectuales, un tiempo, como dicen los propios sufíes, en los que el Tasawwuf era una realidad viva y no una simple designación en torno a la que pudieran surgir polémicas o malentendidos. Más tarde se impuso la confusión y comenzaron a abundar los farsantes. Ello degeneró en un exceso de prevención que condujo a condenas casi generalizadas, como las pronunciadas por al-Ŷawzî o su discípulo Ibn Taymiyya[2]. En cualquier caso, en su pureza, el Tasawwuf forma parte integrante del Islam. Es más, es su esencia misma, a la que quiere devolvernos el Šayj al-‘Alawî, aun cuando se preste a pasar desapercibida por la naturaleza de su soterramiento mientras fuera quedan, expuestas a la censura de los musulmanes, manifestaciones extravagantes o auténticos fraudes que poco tienen que ver con el verdadero arte de los maestros.
Algo que acredita especialmente a los sufíes es su severa práctica de la Šarî‘a. La Ley Revelada es, en realidad, la Tarîqa, la Vía hacia Allah. Su seguimiento estricto sitúa al aspirante en la Voluntad expresa de su Señor. Es imprescindible ese acatamiento, no para satisfacer a los doctores de la Ley, sino por su sentido. El cumplimiento de la Šarî‘a es la expresión del Islam; es la concreción del sometimiento y rendición incondicionados a la Verdad. Lo que caracteriza al sufí es precisamente su severidad en la sujeción a la Šarî‘a y su adhesión a la Sunna del Profeta; un rigor tal que desemboca en la Fuente misma de la que han emanado. Ponen en ello todo el corazón, y se abren a la universalidad latente en el Islam y ante la que se cierran muchos por miedo a su amplitud. Esa inmensidad del espíritu sufí es lo que algunas veces ha resultado desafiante a los que se atienen a unas certezas mínimas e iniciales, siendo incapaces de alcanzar la altura hacia la que realmente el Islam apunta.
Las sentencias sufíes que admiraron al Imam aš-Šafi‘î resaltan precisamente ese valor de la Vía: el tiempo debe ser aprovechado en la práctica de las exigencias de la Šarî‘a, identificada con el bien. Esa firme resolución define a los sufíes, que se diferencian así del resto de los musulmanes poniéndose a su cabeza. El sufismo no es sino el Islam llevado a cabo, con la asunción de todas las consecuencias que acompañan al avance sobre su senda. Esos frutos del Islam serán negados por los que se quedan en los primeros estadios, pero el aspirante es reconfortado por las palabras de los grandes Imames: el sufismo no es extravío sino profundización activa en la significación última del Islam.
[1] Faouzi Skali, Futuwah, pp. 20-22.
[2] Habría que matizar mucho las condenas formuladas por estos maestros exotéricos. Reivindicados en la actualidad por los movimientos salafíes y los wahhâbíes, éstos han destacado y exagerado las críticas que al-Ŷawzî e Ibn Taymiyya dirigieron contra determinados sufíes y algunas de sus prácticas. Sin embargo, al-Ŷawzî, por ejemplo, fue admirado por Ibn ‘Arabî, e Ibn Taymiyya presumía de su vinculación al sufismo qâdirî.