AL-MINAH AL-QUDDÛSIYYA

 

BASMALA

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5- Ambos valores de la fórmula están implícitos en la preposición con, bi-, con la que empieza la frase rigiendo todo el Corán[1], por lo que, a las palabras que profirió el Profeta en el hadiz arriba mencionado, se añadieron estas otras: “... y todo lo que está en la Basmala, está resumido en la B”. E, incluso, se dijo después: “Y la clave de la B está en su punto diacrítico[2].

Esta preposición (bi-, con) debe ser matizada para comprender su alcance, pues en ella reside el secreto del Corán y de todos los libros revelados, su energía demoledora y su negación de toda idolatría[3]. No indica compañía sino instrumento que permite realizar una acción. Por ejemplo, en la frase “él escribe con un lápiz”, se utilizaría bi- para ese con. Es decir, Allah es de lo que se vale un musulmán, es en lo que se apoya para realizar el acto que pretende llevar a cabo, reconociendo en Él lo que verdaderamente hace ser a las cosas. Así, se doblega a la realidad de las realidades,... sabiendo que nada es posible sin Allah, que sólo Él da consistencia al ser, que todo depende de Él y resulta de su intervención, que Él es el secreto que anida en todo lo real. Aunque la acción se la atribuya otro, Él es el verdadero Agente[4]. En este sentido, la Basmala equivale a la fórmula “No hay fuerza ni poder salvo en (con) Allah”, de la que el Profeta dijo que es uno de los tesoros del Paraíso:

Con la Basmala se anuncia la abolición de la fuerza y el poder humanos, y la caída de su independencia, siendo su fruto la apertura de la puerta de la Misericordia y la conquista del tesoro que hay en ‘no hay fuerza ni poder más que en (con) Allah’. Esta significación (la de que se trata de un ruego) es la más conveniente en función del versículo que dice ‘Sólo en Ti buscamos ayuda’, y para comprender de manera perfecta y plena la orden que se dio a Muhammad cuando se le dijo ‘Lee con el Nombre de tu Señor’ al haber respondido antes él al Ángel de la Revelación ‘No sé leer’...”[5].

Al pronunciar el Nombre de Allah a la cabeza de la acción que va a realizar, el hombre reconoce la irrelevancia de su ser, deja de verse como centro y renuncia a la autocomplacencia, se acepta en su vulnerabilidad y abre la puerta de la inmersión en lo indescifrable, si bien la angustia y el descorazonamiento de la pérdida de sí y el miedo a lo infinito y desconocido son atenuados por la belleza contenida en el Nombre descrito por la Misericordia: “Dar a probar a la mente inmadura la dulzura de este Nombre la ayuda al destete que consiste en abandonar las ubres de lo que no es Allah[6]. Con la Basmala, queda atrás el mundo de las ilusiones que satisfacían al niño, y, al igual que en un parto, se sale hacia un espacio nuevo e indelimitado.

Ese con ‘humillante’ para el hombre es la revelación de la dependencia del mundo. Es una preposición que lo somete, pues el cosmos surge de un acto creador constante. Reconocer esa subordinación es coincidir con la verdad del ser, y, al convertirse en conciencia, es por donde empezar una peregrinación hacia la Majestad. El ego del hombre -y el mundo que inventa- es atacado en su arrogancia para ser dejado atrás. Queda así anotado el camino a seguir, el del Islam en su significado literal: la sumisión a Allah que libera al ser humano de toda dependencia ficticia. Ese con árabe es bi-, y su vocal recibe el nombre de Kasra, rotura, quiebra. Los comentaristas del Corán dicen que esa vocal enseña que sólo el auténtico saber, que reside en asumir la sujeción a Allah, emancipa al hombre al desligarlo de sus propias maquinaciones:

La ‘B’ es rota por una ‘i’ para indicar el modo de comunicar con Allah que se logra en la adhesión a Sus Nombres quebrando el propio ser y con la sumisión y la humillación del esclavo. Ningún saber es conquistado más que con una ruptura en uno mismo, tal como dijo mi señor ‘Umar ibn al-Fârid: ‘Si eres ante Mí de la bajeza del punto de la B serás elevado hasta lo que no se consigue con ninguna estratagema’...[7].

Todo es con Allah, la creación entera es hecha por Él, creada y vuelta a recrear a cada instante, y también el bien y el mal, la verdad y el error,... con todas las implicaciones que hay en ello. Quedan abatidos todos los dioses y los opuestos son reconciliados en el Uno-Único. Nada escapa al con al que está subordinada la existencia, y su aparente autosuficiencia queda definitivamente humillada. Tras el Dull, la humillación del ego, viene el ‘Izz, el amor propio que está en la recuperación de la Verdad y que eleva al hombre por encima de su horizonte mezquino. El musulmán, al pronunciar la Basmala, traslada esas realidades a su conciencia y construye en torno a ellas su acción, agigantando su espíritu en la comprensión de que todo, sin excepción, viene de Allah, universalizando su aceptación de la existencia. Al pronunciar la Basmala, confirma el significado que tiene en boca de Allah, y la transforma en una súplica y una evocación poderosas. Y, así, la Basmala es su despertar, y su mundo es penetrado por la luz y la bendición que contiene, porque implica una ruptura con el aislamiento, las contradicciones y la autosuficiencia ilusoria y una inmersión en la inmensidad creadora.

La preposición con (bi-) tiene valor inclusivo; es decir, ‘con Allah aparecen los fenómenos, con Él existen las criaturas’. Ningún acontecimiento advenido, ni nada tiene lugar debidamente -ya sea sustancia, vestigio o calamidad, o un ‘otro’ de piedra o lana, ya sea estrella o árbol, huella o resto de algo, sabiduría o enfermedad o causa-, si su existencia no es con la Verdad, y sin que la Verdad sea su Rey. Su principio es a partir de la Verdad y hacia Ella es su vuelta. Con Él existe quien lo reunifica y con Él rechaza quien le niega, con Él sabe quien reconoce y con Él retrocede quien se desvía...

Hay gentes a las  que, al oír este versículo, les viene a la mente, en el momento en que pronuncia la b, la bondad (birr) de Allah para con los que intiman con Él; y con la s les viene el recuerdo de su secreto (sirr)  en la confidencia con quienes Él purifica; y con la m les viene a la mente su favor (minna) hacia las gentes de su alianza, y se dan cuenta de que gracias a Su bondad han conocido Su secreto y con Su favor han preservado Su orden, y con Él han reconocido Su valor y  . Otros, al oír bismil-lâh, descubren en la b la ausencia (barâ’a) en Allah de todo mal, en la s Su salud (salâma) de todo defecto, y en la m Su gloria (maŷd) en el poder de Sus Cualidades. Otros, ven en la b Su esplendor (bahâ’), en la s Su trascendencia (sanâ’) y en la m Su dominio (mulk) sobre todas las cosas...”[8].

El universo entero es lo que su Señor quiere que sea... Él es su razón de ser y su motor, y la creación no es sino la traducción material del Querer que la estructura y le proporciona hechura. Sin Él, el mundo se desvanece en su inanidad, o bien, a otro nivel, se pierde en medio de la frivolidad, las pasiones y los apegos del ser humano. Con Él, se accede a la existencia y a la plenitud de la existencia. Así, Allah es absoluta presencia, y es la perfección del universo. Y el Islam es fluir sin reparos con este modo de saborear el ser, introduciéndolo en la sabiduría del musulmán, el que se sitúa en la lealtad (Walâ’) respondiendo a la exigencia del Imperativo que le hace ser e intima con su Señor en el desvelamiento de esa Verdad. La preposición con inicial del Corán, por tanto, evoca la estructura del cosmos y señala el método a seguir, el del flujo con el Secreto para que tenga cumplimiento, hasta en la conciencia del hombre, la exuberancia a la que se da el nombre de Misericordia (Rahma):

Los seres existentes se realizan ‘con el Nombre de Allah’. Las diminutas semillas tienen escrito sobre ellas bismil-lâh, y se convierten en enormes árboles rebosantes de frutos. Cada árbol dice bismil-lâh y sus ramas recogen lo que les viene de la alacena de la Misericordia y, a su vez, nos lo ofrece. Cada huerto dice bismil-lâh y se convierte en despensa del Poder Trascendente en el que madura todo lo dulce. Cada animal bendito dice bismil-lâh y se transforma en manantial de leche, y con ellos el Proveedor nos alimenta. Las raíces de los arbustos dicen bismil-lâh y quiebran duras rocas para salir a la luz del sol. Ante bismil-lâh se desmorona todo lo difícil y todo lo infranqueable[9].

 

6- La palabra Allah sugiere la condición insondable de ese Misterio del Existente Obligado, cuya íntima comprensión exige el Ta’alluh del que habla al-Gazâlî: una inmersión trasformadora del hombre en la Verdad que lo libere del mundo de las banalidades y lo agigante para contener esa desmesura. El musulmán es invitado a profundizar en el Nombre de Allah hasta perderse en su seno, quedando revestido por Él, es decir, haciéndose él mismo insondable... Este matiz está incluido entre las significaciones que se desprenden de la forma que tiene la Basmala.

La clave de lo anterior está en la interpolación de la palabra Nombre. Efectivamente, se podría pensar que, para la expresión de todas las ideas anteriores, hubiera bastado decir con Allah (billâh), pero, a parte de que, en árabe, esa estructura gramatical la complicaría posibilitando que se interpretase como el enunciado de un juramento, se alude con ello, entre otras muchas cosas, a la eficacia de la mención de la palabra Allah, la cual penetra hasta lo más hondo del ser, y lo pacifica y habilita para contener su inmensidad. Esa interpolación de la palabra Nombre es trascendental: no se trata de que, simplemente, las cosas son con Allah -lo cual sólo sería el enunciado de un dato-, sino que expresa también la necesidad de mencionar su Nombre para propiciar la trasformación del ser humano en la inefabilidad que sugiere. El saber no es nada si no es articulado, es decir, si no es algo que rasga el aire y, a modo de exorcismo, disipa tinieblas y espanta demonios, iluminando al que lo afirma sacándolo fuera de sí y transmutándose en ese mismo acto:

Se dice ‘con el Nombre de Allah’ y no directamente ‘con Allah’ para aprovechar la bendición contenida en (la mención de) su Nombre. Esto dicen algunos sabios. Otros opinan que la expresión bajo esa forma evita que se confunda (en árabe) con un juramento, y porque el Nombre es el Nombrado. Para las gentes de la gnosis, (la interpolación) del Nombre aparece para depurar los corazones liberándolos de sus apegos y purificar los secretos íntimos de obstáculos y escollos, para que ‘Allah’ llegue, finalmente, a un corazón limpio y un secreto liberado[10].

            El Nombre es lo que el ser humano tiene de su Señor, y es lo que lo agiganta. Al pronunciarlo, descontaminando su existencia, se aferra a lo que le conduce alzándolo hasta el Nombrado. Queda así subrayada la importancia de la adhesión a Allah con la enunciación de su Nombre, pasando el sujeto que lo pronuncia a formar parte de Su universo y accediendo al recinto privado en el que todo es conjugado por la Presencia del Uno-Único:

            Si quieres comprender la energía extraordinaria que hay en bismil-lâh no tienes más que prestar atención a esta breve representación que aproximará a tu entendimiento su profundo alcance. El nómada que recorre los desolados desiertos tiene que pertenecer a una tribu y estar bajo su protección para librarse de la maldad de los bandidos que asaltan los caminos y para poder cumplir con sus propósitos y satisfacer sus necesidades. De otro modo, se encontraría sólo en medio de las acechanzas y estaría abandonado a su propia debilidad.

En cierta ocasión, dos beduinos emprendieron uno de esos viajes. Uno, reconoció sus limitaciones, y proclamó su pertenencia. El otro, engañado por su autosuficiencia, se negaba a decir el nombre de su tribu. El primero era recibido en todas partes con veneración, pues el nombre de su tribu despertaba respeto. Cuando se encontraba con un asaltante, decía en voz alta el nombre de su tribu, y el bandido se retiraba por miedo a la venganza de su gente. En cuando al arrogante, no hizo sino encontrarse con toda suerte de calamidades y desprecios. Durante su viaje estuvo atemorizado, abatido constantemente por el presentimiento de un peligro, y estuvo mendigando la asistencia, la generosidad y el auxilio de todos aquellos con los que se encontraba.

Tú eres ese nómada y el mundo es tu desierto. Tu pobreza, tu necesidad y tu impotencia son infinitas, y tus enemigos son muchos en número. Si es así, cíñete la corona del Nombre de tu Rey Verdadero, que es el Rey de este desierto y su Gobernante, y así te librarás de la miseria de la mendicidad y la humillación del miedo ante todo lo que te sobrevenga.

Estas buenas palabras, bismil-lâh, son un tesoro que no se agota nunca, porque anudan tu impotencia a la Compasión Absoluta, la que es más grande que la que puedan sentir las criaturas; tu pobreza queda, con esas palabras, adherida al Poder Absoluto que maneja las bridas de la existencia, desde sus átomos hasta las galaxias. Convierte tu impotencia y tu pobreza, al decir bismil-lâh, en tus intercesores ante el Determinante Compasivo Señor de la Majestad[11].

 

            8- Resumen de todo lo anterior es que Basmala posee una fuerza demoledora que abate al ego y echa por tierra sus maquinaciones para que en medio de esa desolación se exprese la Verdad. La Basmala tiene que ver con la creación,... y con la recreación. Está en estrecha correspondencia con el Kun, el ¡Sea! con el que Allah ordenó la eclosión de la existencia, y el cosmos (Kawn) surgió de la nada[12]. Con el término recreación nos referimos a la presencia de la Basmala en cada emergencia de luz. No sólo en el pasado, sino también en cada presente se repite el acto que da ser y plenitud a cada realidad. La creación y la recreación son actos de amor, con lo que la Basmala es interpretada como una persistente declaración amorosa, tanto dicha por Allah como cuando es repetida por el hombre que anhela a su Señor.

De ese contenido son especialmente conscientes quienes sienten en sí el verdadero trasfondo del hecho de existir en y con Allah. Por tanto, los profetas, los sabios y los buscadores de Allah, tras descifrar el secreto que hay en la razón de la existencia, intuyen en sí mismos una intensa manifestación de la Basmala, creando en ellos lo que son, asomándolos a la Inmensidad a la que los ha abocado el Destino:

            “(La frase) bismil-lâhi r-rahmâni r-rahîm es una alusión al amor que hay en todo comienzo. Nos ha llegado que al-‘Abbâs ibn ‘Atâ’ dijo: ‘La b es la piedad (birr) de Allah para con los espíritus de los profetas cuando les inspira el mensaje y la profecía; la s es Su secreto (sirr) en la confidencia con las gentes del conocimiento, inspirándoles su cercanía e intimidad; la m es Su favor (minna) desplegado sobre los aspirantes mirándolos con el Ojo de la Ternura y la Misericordia’. Al-Ŷunayd dijo: ‘Bismil-lâhi r-rahmâni r-rahîm... en Con el Nombre de Allah  está el temor reverencial que inspira; en Misericordioso (Rahmân) está Su auxilio; y en Compasivo (Rahîm) está Su amor’. Se ha dicho que la B en bismil-lâh es ‘con Allah surgen los profetas y con Él mueren; con Su irradiación se hermosean las bellezas y con Su luz se abren y se muestran espléndidas’. Se ha contado también que al-Ŷunayd dijo: ‘Las gentes del conocimiento han negado en sus corazones todo menos a Allah,  y con ello han depurado sus corazones para Allah. Lo primero que Allah les otorga es la muerte que consiste en dejar de ver el mundo que no es verdadero, y les dice: Decid ‘bismil-lâh’ y pertenecedme, y abandonad vuestra genealogía hasta Adán...’. Se ha dicho: “Con el Nombre de Allah... es (una expresión) del amor de Allah, pues permite el origen y la persistencia de nuestro ser. Si Él dijera simplemente Allah, bajo el impacto de Su Esencia se derretirían las criaturas... Su Nombre es la luz del placer de la Verdad en los corazones de la gente que le conoce’. Se ha dicho: ‘El Nombre de Allah... es el ornamento con el que los amantes se adornan y con el que se purifican’...”[13].

            Por tanto, este trasfondo especial de la Basmala es identificado plenamente por los musulmanes, en tanto que beneficiarios de ese Amor de su Señor que los ha puesto sobre la Senda que conduce a Su última Misericordia. La Basmala ha sido pronunciada en su favor, y en ellos ha brillado la Bondad que hace pleno su beneficio. Y, así, Rahmân es Allah Misericordioso en tanto que dispensa Su Bien -la existencia- a todos los seres, y Rahîm es también Allah en tanto que privilegia a quien quiere entre aquellos que ya son objeto de su Misericordia Creadora. Luz sobre luz, que es perfecta en el Hombre Singular, el que está al final de las elecciones de Allah, el fruto de Su Amor más intenso. Por ello se ha dicho que la última M, al final de la Basmala, es la inicial de Muhammad, el Profeta, Sello de la existencia y Habîbullâh, el Amante-Amado de Allah. Y a partir de Muhammad comienza el Islam, que es la senda del Amor, tal como Allah ordena proclamar al Profeta: “Diles: Si amáis a Allah, seguidme, y Allah os amará” (3/31).

Pero hay más consonancias, que relacionan estrechamente todo lo sugerido. Esa M final es también signo del Fin del Mundo, acabando la Basmala en un sonido oclusivo a semejanza de la B con la que empieza, y ese Fin del Mundo es el principio del retorno a Él, el anuncio del reencuentro con el Creador, la reunión del universo creado por el Amor con su Origen mismo.

De este modo, resulta que la Basmala resume en sí todo el ser, y describe su verdad y los procesos que se dan en él hasta su final y vuelta al Secreto del que ha surgido: “Si quieres poner a prueba tu inteligencia, medita en la sabiduría guardada en el hecho de que la Basmala comience y acabe por una oclusiva...[14].

 

            9- Hemos avanzado que la Basmala aparece en el Corán a la cabeza de, prácticamente, todos sus capítulos, pero sobre ella existe una discrepancia en principio desconcertadora. Algunos autores sostienen que, en todos los casos, debe ser contada como un versículo más, el primero de cada capítulo o, al menos, como parte del primero. Otros, por el contrario, la consideran un separador que sirve para diferenciar entre sí los capítulos, indicando simplemente su inicio, teniendo su origen en una revelación de carácter singular (es una Aya Fadda, un versículo o signo separado e impar). Hay quienes son de esta última opinión, pero sostienen una excepción: la Basmala es, claramente, un versículo en la Fâtiha, el capítulo inicial del Corán, siendo tal vez esta opinión la que cuenta con más partidarios. Estas consideraciones tienen consecuencias prácticas en la que no vamos a entrar, pero creemos que nacen de una reflexión que, con frecuencia, se sitúa como primera cuestión que se plantean algunos exegetas a la hora de interpretarla, y es la cifra de la radicalidad del Islam. Efectivamente, es tal la envergadura de este versículo que es necesario determinar si es una revelación privada que tiene a los musulmanes como únicos depositarios o bien es la esencia y fluye en todos los mensajes proféticos recibidos por la humanidad. Hay autores que afirman que la Basmala, literalmente,  estuvo al principio de todos los libros revelados[15].

            El mero hecho de que tenga lugar este debate -y al inicio, precisamente, de todas las reflexiones- nos sitúa ante una de las claves del Islam: la conciencia de su universalidad y la afirmación de su arraigamiento en todos los corazones. Esta es una cuestión en la que los musulmanes insisten y que debe ser comprendida porque nos dará idea del alcance de su vocación. Para los musulmanes, el Islam es, fundamentalmente, Fitra, la inclinación natural del hombre, y no un acontecimiento determinado que empezara con la predicación de Muhammad. Al igual que Allah no es ninguno de los dioses figurados sino el detonante de la inquietud que empuja a los seres humanos tras su intuición de lo esencial -y del mismo modo en que Muhammad no es un profeta sino la síntesis de los profetas-, el Islam no es ninguna religión sino la senda seguida en ese proceso de indagación en el que también el peregrino se trasforma. Es una actitud primigenia, y no una opción personal. Allah y el Islam están vinculados, y la inmensidad de uno recae en el otro, y ambos pertenecen al corazón del hombre antes de dispersarse bajo la sugestión de las circunstancias. Comprender el Islam es comprender el secreto de la existencia. Por ello, siguiendo los versos de Ibn ‘šir en los que describe las obligaciones con las que debe cumplir el musulmán, el Šayj al-‘Alawî nos conduce por los recovecos del ser.

            Retrotrayéndose a la Basmala, al origen de todo, al principio mismo del Corán y del Islam, el musulmán entronca con un mensaje cuya base está en trascender incluso su propia historia. Con ello, el Islam deja de ser una religión al uso para presentarse como realidad del ser y como recuperación de la inocencia de la Fitra, y esta es una aspiración universal sobre la que está escrita la Basmala. A lo que aspira el musulmán es a implicarse en una espiritualidad que hunde sus raíces en la esencia de las cosas, y es donde cabe la posibilidad de un encuentro de la humanidad entera. La Basmala -que significa que todo es con Allah y lo describe en Su Inmensidad- abraza a la existencia entera, sin exceptuar absolutamente nada. Es una clave para reinterpretar la realidad, y es la que va a seguir el Šayj al-‘Alawî en su análisis de la totalidad del Islam como esencia del sentir humano en su

            Y, así, ese trasfondo de una espiritualidad ancestral contenida en una breve frase es ejemplificado en un hadiz en el que el Profeta habría dicho: “Siendo niño, Jesús fue entregado por su madre a la escuela para que se le enseñara. Una vez ahí,  el maestro le ordenó: ‘Empieza escribiendo bismil-lâh”, y Jesús le preguntó: ‘¿Qué significa bismil-lâh?’, y el maestro le dijo: “No lo sé’. Entonces, Jesús le explicó:’ La b es el esplendor de Allah (bahâ’), la s es Su altura (sanâ’) y la m es Su dominio (mamlaka)’... [16].

 

            10- “La lluvia comienza con la caída de unas cuantas gotas, y luego se precipita”, dice al-Âlûsî en medio de su comentario a la Basmala[17]. Hemos querido reseñar sólo algunas de sus consonancias entre los musulmanes en su calidad de comienzo del Corán y resumen del Islam. A partir de aquí todo debe ir siendo poco a poco concretado.

            El Šayj al-‘Alawî, tras cumplir con el primero de los requisitos que obliga a poner la Basmala a la cabeza de los libros, pasa a dar forma al segundo, que establece la necesidad de elogiar debidamente a Allah. Y el elogio a Allah también cuenta con una fórmula excelente, enunciada siempre a modo de exclamación: al-hamdu lillâh, ¡alabanzas a Allah!, frase que cuenta con un nombre técnico, Hamdala. El Šayj aprovecha la Hamdala para comenzar a exponer las líneas maestras del tema que va a abordar en sus comentarios al Muršid de Ibn ‘šir.



[1] La traducción habitual de esta preposición bi- por en, asimilándola a la fórmula de consagración cristiana, distorsiona completamente su significado.

[2] Sobre el significado de esto último volveremos más adelante, cuando lo explique el propio Šayj Sîdî Ahmad al-‘Alawî.

[3] Los gramáticos insisten en que, al estar al principio del Corán, esta preposición lo rige en su totalidad, poniéndolo en caso genitivo, deduciendo de ello su poder subyugador.

[4] “Más importante que la acción es aquello de lo que ésta depende”,... y de lo que depende es del instrumento que la permite. Véase la reflexión en el Tafsîr de az-Zamajšarî.

[5] Al-Âlûsî, Tafsîr Rûh al-Ma‘ânî, v. I, p. 47.

[6] Al-Âlûsî, Tafsîr Rûh al-Ma‘ânî, v. I., p..

[7] Al-Âlûsî, Tafsîr Rûh al-Ma‘ânî, v. I., p. 51.

[8] Al-Qušayrî, Tafsîr. La explicación de las palabras por el valor de las letras que la conforman es muy del gusto de algunos comentaristas del Corán. Implica que se descubren significados por los pliegues de las palabras, en su interior, tanto o más que en su expresión formal, delatando un acto de familiaridad con el término que se analiza. -También se hace con ello referencia a la lengua que fluye por las lenguas, al significado básico de los sonidos. Véase en lo que respecta a esto el capítulo que el Šayj ‘Abd al-‘Azîz ibn dedica a la lengua primordial, en el Kitâb al-Ibrîz, pp.

[9] Sa‘îd an-Nursî, Kalimât, v. I, p. 7.

[10] Al-Qušayrî, Tafsîr.

[11] Sa‘îd an-Nursî, Kalimât, v. I, pp.

[12] Se atribuye al gran maestro sufí ‘Abd al-Qâdir al-Ŷîlânî el haber dicho: “El bismil-lâh del gnóstico tiene el rango del Kun de Allah”, Yûsuf Muhammad Tâhâ Zaydân, at-Tarîq as-Sûfî, p. 131.

[13] As-Sulamî, Tafsîr.

[14] Al-Âlûsî, Rûh al-Ma‘ânî, v. I, p. 66.

[15] Véase un resumen del debate en al-Âlûsî, Tafsîr Rûh al-Ma‘ânî, v. I, p. 39.

[16] Este hadiz aparece en muchos comentarios a la Basmala. Véase, por ejemplo, en el Tafsîr de at-Tabarî.

[17] Al-Âlûsî, Rûh al-Ma‘ânî, v. I, p. 51.