AL-MINAH AL-QUDDÛSIYYA

 

BASMALA

índice

 

بسم الله الرحمن الرحيم

 

bismil-lâhir -rahmâni r-rahîm

 

Con el Nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo

 

 

            1- Imitando al Corán y siguiendo lo que aconseja la Tradición instituida por el Profeta (Sunna), al-‘Alawî pone al frente de su libro la Basmala, la fórmula bismil-lâhi r-rahmâni r-rahîm, Con el Nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo,[1] también llamada Tasmiyya, Mención del Nombre de Allah.

Ese Nombre (Ism) -Allah- ilumina y alza a la categoría de identificable el Secreto recóndito, velado y a la vez manifiesto, presentido y confuso, libre y suficiente en sí, unitario e integrador, que da origen y oriente, envuelve, estructura, confiere consistencia y proporciona cobijo a las criaturas, y también las aniquila, las recupera y las juzga con Su preeminencia. Él es el motivo de nuestro ser y lo que nuestra realidad encubre. Con Él es el universo y cuanto contiene. El Nombre, pues, arranca la Razón de la existencia del anonimato y la indeterminación, y proclama una autoría[2]. El mundo entero es, constantemente, en su totalidad y en cada ser concreto, en su pasado y en su actualidad, en su vida y en su muerte, más allá de juicios y valoraciones, una realización de Allah, Nombre que damos a la Verdad Anterior y Posterior a todas las cosas y que hace ser y confiere hechura a las criaturas y a los acontecimientos.

Poniendo Su Nombre al comienzo del Corán -y al inicio de la creación-, Allah se presenta a Sí Mismo y se afirma. Su Nombre es Su Poder y Su Afirmación, Su Realidad y Presencia. Es el Yo de la Verdad, cuya autoridad y preeminencia queda desvelada en la innegabilidad del ser. Haciéndose eco de ello, el musulmán repite ese Nombre y afirma y da fe de su Señor, su único Señor, y en Su Inmensidad queda disuelto el mundo, se desmoronan y se disipan los dioses imaginados, aniquilados en la raíz que sostiene todas las cosas y se muestra a través de ellas. La emergencia del Nombre constituyó un acontecimiento revelador que liberó al mundo de la inexistencia y su reaparición libera al ser humano de la fijación en la exterioridad de las cosas. Nada sustituye la eficacia de ese acto que descorre velos, crea, y también ilumina conciencias[3].

Para empezar, Allah es el Creador (Jâliq), el Autor de todo, tal como lo sugiere la Basmala: todo es con Allah[4]. Pero una reflexión ordenada y detenida -enraizada, a la vez, en el razonamiento y en el sentir- sobre lo que implica la noción de Creador, nos arrastrará inevitablemente a conclusiones desorbitadas[5]. El Creador pronto pasa a ser Rabb, Señor, adueñándose del corazón, imbricándose en su existencia, matando la mentira del hombre. Después, en la intimidad de quien se acerca a Él, se convierte en Mawlà, en Aliado, en Poder Cómplice,  con el que el sincero queda reforzado para siempre, inmerso en la eternidad del Secreto que le hace ser. De ello trata este libro, en el que al-‘Alawî desentraña, paso a paso, las exigencias de una meditación rigurosa en torno a Allah y de un paladeo auténtico de sus resultados.

 

            2- Con mucha frecuencia, en el Corán se ordena a los musulmanes dirigir una mirada escrutadora al universo que los contiene y rodea y del que forman parte implicada: “Diles: ‘Mirad lo que hay en los cielos y en la tierra’...” (10/101); “Diles: ‘Recorred la tierra y mirad cómo empezó la creación’...”  (20/29). Esa mirada concluyente (Nazar), capaz de penetrar hasta la esencia de las cosas y desencadenar una sensibilidad espiritual (Îmân) fundada en bases sólidas, es una obligación a la que los musulmanes respondieron haciendo de la reflexión y el análisis uno de los pilares del Islam. Una ciencia anexa, el Kalâm, el Discurso inteligente sobre el Islam, es el resultado de esos esfuerzos, y, si bien sus desarrollos se hicieron cada vez más sofisticados, se fundamenta en razonamientos sencillos y convincentes. El Taqlîd, la admisión sin más de una doctrina, recibió una condena unánime. Por el contrario, el Tahqîq, la comprobación, se impuso como una necesidad reclamada por el Corán. Esta fue la interpretación que se dio a los versículos que, como los enunciados, tienen el carácter rotundo de un imperativo inapelable.

De la mirada que los musulmanes dirigieron a la creación dedujeron principios asentados en el sentido común que les sirvieron para conocer al Creador: “Les mostraremos Nuestros signos en los horizontes, y en sí mismos, hasta que les quede claro que Él es la Verdad” (41/53). La constatación de que todo lo que la mirada puede registrar en este mundo no es más que un conjunto de simples posibles advenidos faltos de una Causa, conduce espontáneamente a la idea de un Creador cuya Existencia no depende de nada y de la que todo depende, y que es diferente ineludiblemente de cuanto el hombre alcanza a ver. Esto lleva a clasificar las formas de existir en dos: la Existencia Obligada[6] -la de Allah- que tiene su fundamento en sí misma y es la razón de todo, y la Existencia Condicionada de los simples posibles, que son puro devenir y evanescencia[7].

De ello resulta que la Existencia Obligada, la del Originador, es una Existencia plenamente verdadera, que tiene su razón de ser en Sí Misma, que, paradójicamente, a pesar de su invisibilidad, se ofrece a la mirada de la razón con mayor nitidez e intensidad al estar vinculada a evidencias innatas y firmes, mientras que la que corresponde a las criaturas está calificada por la inconsistencia, la dependencia, la necesidad y su absoluta sujeción al Principio Creador, y es expuesta a los sentidos y manipulada por la volubilidad del hombre. La inteligencia, liberada de ataduras, se sumerge fácilmente en Allah y lo reconoce:

Si deseamos señalar hacia ‘el de Existencia Obligada’ -que es el que  existe por Sí Mismo, no requiere de otro para ser y de Quien deriva toda otra existencia-, no lo hacemos recurriendo a las creencias sino basándonos en el Nazar (el análisis, la reflexión).

El Nazar consiste en que decimos: No hay duda de que la existencia es real, y quien afirme que no hay seres existentes en el mundo no hace sino invalidar lo que sabe innatamente y lo que percibe de forma inmediata. Por tanto, cuando decimos que la existencia es real estamos enunciando algo innegable. .. Y lo existente, o bien no necesita de lo que lo haga existir (y es lo que calificamos de Existencia Obligada) o bien lo exige (y es a lo que llamamos existencia posible), y estas conclusiones derivan también de conceptos irrefutables porque están enmarcados en simples afirmaciones y negaciones.

Si llegamos a la conclusión de que es innegable la existencia de un Existente Obligado (por Sí Mismo) que sea la razón de los existentes posibles -pues estos necesitan de Quien los haga ser, determinando así su existencia, ya que por sí son meros posibles que no pueden decidir existir o no-, hemos alcanzado la meta perseguida.

Si alguien expresa una duda -diciendo que no es admisible el razonamiento según el cual el posible necesita de una causa y que ésta debe tener existencia por sí misma, pues la causa puede ser otro posible-, se le responde: En las premisas que hemos expuesto está la respuesta a esa objeción, pues todo lo que descubrimos que es un simple posible necesita necesariamente una causa, y si la causa inmediata es otro posible entra dentro del conjunto de lo que hemos llamado posibles. Sabemos inexcusablemente que todos los posibles necesitan una causa determinante, y mientras las causas sean a su vez simples posibles las reducimos al conjunto y buscamos la Razón del todo. No es posible mantener hasta el infinito la idea de un posible causa de otro posible. El total de los posibles, ya sean causas o efectos, forman ese conjunto en el que la posibilidad califica a cada uno de sus individuos y al total, y se mantiene la conclusión según la cual es indispensable un Existente Obligado.

Tras ello, calificamos a ese Existente Obligado, también basándonos en reflexiones que cumplen las mismas exigencias de irrebatibilidad, y diremos que el Existente Obligado no puede ser un cuerpo ni residir en un cuerpo, ni puede ser mutable ni espacial,...  y así con el resto de deducciones que se van engarzando entre ellas sosteniéndose en premisas en las que no cabe la duda, y los resultados tendrán el mismo sabor de verdades innegables que hay en sus bases[8].

Esta explicación intelectualizada del proceso del Nazar -que es trascendida pronto por los musulmanes- se funda en constataciones elementales de las que se deduce la necesidad de un Existenciador, Causa de todo. Esta conclusión tiene la fuerza de lo irrefutable al basarse en certezas innatas y no en probabilidades, creencias, mitos o supuestos. La reflexión continúa, sumergiéndose en otras implicaciones cada vez más exigentes y turbadoras. Al Existente Obligado -pura Unidad Insondable que no es cuerpo ni reside en el espacio ni es condicionado por el tiempo- le corresponde el Poder, y la criatura es el resultado manifiesto del ejercicio de esa eficacia, única y absoluta, origen de todas las cosas tanto en el pasado remoto como en la actualidad. El Principio Creador es también un Principio Rector en el que las criaturas coinciden, pues jamás los posibles se emancipan de su condición esencial, que es la dependencia, la necesidad y la sujeción. Allah es su Señor, y el mundo, subordinado esencialmente a ese Imperativo, es donde tiene cumplimiento Su Voluntad y el escenario de Su Manifestación. Todo queda, pues, reunificado en la Verdad que conjuga la existencia, y el sentido de lo Uno y el Todo como solidaridad tiene un lugar central y decisivo dentro del Islam y, de manera especial, en su espiritualidad.

 

3- Partimos, pues, de una noción básica surgida del Nazar, pero para la que el ser humano no tiene nombre. La palabra Allah es un dato de la Revelación que sustituye la frialdad de una terminología técnica y refinada lejana al común de la gente. Además, la razón alcanza los aledaños del conocimiento, y la Revelación suple la falta de detalles concretos[9]. Antes de Su Nombre, el Existente Obligado es una incógnita, una intuición amorfa y distante, sin diálogo posible. Por tanto, el Nombre es una contribución que, no sólo confirma lo que la reflexión alcanza a descubrir, sino que invita a una interrelación transformadora, y resulta que el Remoto en su abismo insondable se hace inmediato. El Nombre aparece para comprometer definitivamente al ser humano en aquello que intuye en lo más hondo de su capacidad para abordar lo eterno, lo infinito, lo inaccesible.

Ya que los recursos del hombre para imaginarse a Allah son escasos y se entromete la ilusión, y porque debe ser así en correspondencia con Su desmesura, por siempre Él escapa a las definiciones, trascendiendo todos los conceptos, sumido en la invisibilidad de su carácter inasequible. Sólo Él puede hablar con propiedad de Sí, y descubre ante el ser humano Su Nombre alzando Su Verdad  por encima de todas las cosas: “Gloria a tu Señor, Señor del Poder, por encima de lo que ellos (los seres humanos) describen. Y paz a los profetas. Y alabanzas a Allah, Señor de los mundos” (37/180)[10]. Gracias a Su Nombre, el Existenciador deja de ser una deducción y una vaguedad para convertirse en un reto: Allah. Todo esto está, en cierto modo, implícito en esta Palabra. Al-Gazâlî, resumiendo las conclusiones de los pensadores musulmanes, escribió: “Allah es el Nombre del Existente Verdadero, que reúne todas las Cualidades de la Trascendencia, a quien se atribuyen los Adjetivos del Señorío y posee en exclusiva la Existencia Real[11].

La aclaración de al-Gazâlî no pretende ser una definición, sino aludir y dejar claro a quién nos referimos al decir Allah. En sí, se trata de una palabra vacía de significación concreta o previa, lo cual no quiere decir que sirva para cualquier cosa sino que -continúa al-Gazâlî- “no se aplica ni en verdad ni como metáfora a otro que no sea Él”. Con la expresión palabra vacía de significación nos referimos a que no está sometida a las reglas de derivación de la gramática árabe, es decir, no desarrolla una idea, sino que es plena en sí (por lo demás, es un caso único en la lengua árabe). Se trata, en la opinión preferida por las autoridades en materia de ciencias del Islam, de un nombre propio (Ism ‘Alam) que evoca de modo directo la idea de Unidad-Unicidad del Existente Obligado, alude a su Dât o Esencia[12], a la que, simplemente, se suman Aspectos, que lo describen y le sirven de adjetivos pero no lo delimitan:

Allah es únicamente nombre propio para la Dât concretada como ‘aquella que está dotada de Existencia Obligada y es meritoria de todos los elogios’.... Pero ha de tenerse en cuenta que -en la aclaración según la cual el Nombre de la Majestad es nombre propio para ‘la Esencia que existe obligadamente (por Sí Misma), etc.’- la apostilla tiene como fin concretar al designado por el Nombre, y no quiere decir que sea parte del significado de la palabra, pues en ese caso el Nombre sería común para un género (aunque contase con un solo individuo), y la frase ‘No hay más verdad que Allah’ no comunicaría la idea de Unidad, cuando sí lo hace según la opinión unánime de los expertos[13].

Es un Nombre abierto que desencadena y sirve de referente a las meditaciones de los musulmanes sobre la Verdad Creadora, el Existente Obligado que está en el origen y el devenir de cada ser, tal como Él mismo se revela interpelando y reclamando al hombre mismo:

La participación en este Nombre exige en el ser humano el Ta’alluh, que consiste en que su corazón y su aspiración se sumerjan en Allah, dejando de ver otra cosa que no sea Él, no volviéndose más que hacia Él, no esperando de otro que no sea Él, ni sintiendo otro temor más que el que Él despierta en el ánimo. ¿Cómo habría el hombre de actuar de otro modo si lo que entiende del Nombre de ‘Allah’ es que Él es el Existente Real, y que todo lo que no es Él es evanescencia, destrucción y banalidad?

El que busque comprender este Nombre debe empezar por verse así mismo muerto y esfumado, tal como lo expresó el Profeta cuando dijo que las palabras más verdaderas de cuantas ha pronunciado un poeta fueron las de Labîd: ‘Todo, a parte de Allah, es vano’...”[14].

En principio, el término Allah no deriva, en lengua árabe, de ninguna noción o raíz previa, e identifica inmediatamente al Uno-Único Subyacente y Expreso, sin matices ni ideas a priori -ante el que se queda corta incluso la definición de Existente Obligado-, si bien está en potencia cargado de todas las posibilidades de sus Cualidades[15]. Es decir, a esa palabra limpia (Ism al-Ŷalâla, el Nombre de la Majestad) se van superponiendo los saberes sutiles que se deducen de una reflexión coherente sobre el infinito y del saboreo íntimo de lo eterno. Sólo el progreso espiritual y el desarrollo del entendimiento van desvelando a Allah, lo van describiendo hasta que los calificativos que se le adjudican (el Misericordioso, el Compasivo, el Rey, el Insondable, la Paz, el Hegemónico, el Poderoso,...) se apoderan del mundo del observador, pues tienen un carácter envolvente[16]. Esos adjetivos son sus demás Nombres, y son medios para profundizar en Su Verdad.

Por tanto, el Existente Obligado tiene un Nombre Propio -Allah-, y tiene Nombres que son “descripciones”, adjetivos que lo retratan. La cuestión de los Nombres de Allah es central en los debates del Kalâm, la ciencia que reflexiona sobre los Fundamentos del Islam. Cuando se afirma que Allah tiene Nombres se quiere decir que Él, a pesar de su trascendencia, es dado al conocimiento, y, por ello, averiguar el sentido que esto tiene y descifrar el significado de cada Nombre es del todo relevante.

Hay algunos autores musulmanes -especialmente entre los mu‘tazilíes y los gramáticos- a favor de la derivación del Nombre Allah a partir de una raíz, la cual, en sus diferentes posibilidades, designaría la idea de aquello que provoca miedo, veneración, amor, tristeza o nostalgia, lo que se impone por su fuerza descomunal doblegando al hombre y forzándolo a adorarle, y nociones similares. Uno de esos matices ve en la palabra Allah aquello que aturde y suscita perplejidad: “Por ello abunda el error en el mundo,  se extiende lo falso y es escaso el análisis sano, pues ante el Perturbador se confunde la ilusión y se pierde hasta el inteligente[17].

Esos contenidos posibles de la palabra Allah en tanto que término deducido, la validan especialmente para su recitación con el objeto de generar un estado de ánimo que sumerja a su evocador en la  Verdad misteriosa de ese centro de la existencia. Los sufíes, tras subrayar el carácter indefinible y, por tanto, no derivado, de la palabra ‘Allah’, se inclinan por la posible raíz Walah, pasión amorosa, pues es uno de los componentes del Wuŷûd, la existencia, el ser, que es desbordamiento, y la realización de ese significado aproxima a la radicalidad de la palabra Allah.

Y así, estos dos puntos de vista -el de la indeterminación de la palabra y el de su derivación- no son irreconciliables. Es más, son la expresión de la complementariedad de los dos rostros de Allah: el enigma de su Ser en Sí, por un lado, y, por otro, su Acción reconocida a través del mundo. Por un lado está la Absoluta Pureza del Uno, y por otro sus Cualidades Creadoras. Además, en el primer caso, la palabra Allah responde con su contundencia a la pregunta ¿qué es Allah?, pues bien, Él es Indescifrable; mientras que en el segundo caso lo hace a la de ¿quién es Allah?, y entonces resulta que Él es el Creador, el Uno, el Misericordioso,...[18]. La ausencia de derivación se refiere a la trascendencia e indeterminación desconcertantes de Allah, pero esas características no están desprovistas de aspectos que sumen al hombre en la pasión:

La inclinación de las gentes de las esencias es que (Allah) es una palabra no derivada, pues no hay modo de penetrar en el centro de Su realidad. Por ello, as-Sa‘d at-Taftâzânî dijo en sus anotaciones a al-Kaššâf: ‘Al igual que las opiniones ilusorias se ven superadas por lo que sea Allah y no llegan a profundizar en el alcance del significado de sus Cualidades, del mismo modo su Nombre resulta desorientador, y no se sabe si es un término derivado o no, si es un sustantivo o un adjetivo, si es un nombre propio o no’...”[19].

Tras un repaso a estas cuestiones, es inevitable llegar a la siguiente conclusión: “Estas consideraciones permiten comprender la compatibilidad de los puntos de vista de los Doctores sobre la derivación o no del nombre ALLÂH, y por qué este Nombre supremo seguirá siendo siempre intraducible a cualquier otra lengua del mundo[20].

 

            - Ese Nombre de la Majestad -Allah- ocupa el lugar preferente en la fórmula bismil-lâhi r-rahmâni r-rahîm, Con el Nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo -la Básmala, la Mención del Nombre de Allah, que es el versículo que principia el Corán y cada uno de sus capítulos (excepto en el caso del capítulo noveno; si bien vuelve a aparecer completando el versículo número treinta del capítulo veintisiete en el que la Basmala es citada como encabezamiento de la carta que Salomón envió a la reina de Saba). Así es como queda anotada, sin excepción, en todas las ediciones del Corán, desde las más antiguas a las más modernas, pero muchas autoridades han sostenido siempre que la Basmala es un separador de los capítulos y no un versículo en sí (salvo en el caso de la Fâtiha y, unánimemente, como parte final del versículo treinta del capítulo veintisiete). Veremos más adelante las razones y algunas de las implicaciones de estas controversias.

Como ya se ha señalado, esta fórmula tiene una gran relevancia, y los calígrafos le han dedicado sus mejores esfuerzos. Por un lado, se considera que resume el Islam. Efectivamente, el Profeta dijo: “Lo que hay en todos los libros revelados a la humanidad está en el Corán; todo lo que hay en el Corán está resumido en su primer capítulo; ese primer capítulo está sintetizado en la Basmala”. Por otro lado, se aconseja a todo musulmán que la pronuncie antes de empezar cualquier acto de cierta relevancia (y también que la anote al comienzo de sus escritos). El Profeta dijo: “Todo acto que no vaya precedido por la Basmala, es estéril[21]. Su significación rebosa matices y alusiones, y conviene tenerlos en cuenta para comprender las sugerencias que tiene para un musulmán.

En sí, la Basmala -que es Tasmiyya, Mención del Nombre de Allah-, es un universo de significados entrelazados cuyo desvelamiento sumerge al musulmán en un profundo conocimiento trasformador. En su conjunto mismo puede ser considerada como un Nombre, es decir, un saber que a punto está de comunicar al hombre con su Señor. El Profeta, cuando se le preguntó qué era bismil-lâhi r-rahmâmi r-rahîm, respondió: “Es uno de los Nombres de Allah, y entre él y el Nombre Supremo (el saber absoluto) hay la distancia que separa la pupila del blanco de los ojos”. Y es un signo de poder. El Profeta dijo de ella: “Me ha sido revelado un versículo que únicamente antes de mí fue revelado a Salomón, el hijo de David”, y Salomón aparece en el Corán como profeta sabio y rey que dominó a los hombres, a los genios, a los animales y sojuzgó el universo del espíritu.

La Basmala tiene dos valores, dependiendo en cada caso de quien la pronuncie. Para empezar, enunciada por Allah -pues debemos recordar que es una Revelación-, la Basmala es una declaración suya que, en resumidas cuentas, significa: “Conmigo ha sido y es toda cosa[22], lo cual, en su rotunda sencillez, compendia el Islam, cuya clave es el Tawhîd, la Unidad de Allah y la reunión de todo en Él. Al revelar la Basmala, Allah se presenta a Sí Mismo como Autor de todo cuanto existe y sucede, y lo hace con un tono tajante que no admite excepción alguna.

Por otra parte, la Basmala, repetida por el musulmán -haciéndose eco de la Revelación y enunciándola antes de empezar una acción-, es un signo de cortesía y reconocimiento ante lo que significa y lo que implica, una inmersión en sus profundidades y un posicionamiento en medio de la existencia; pero ante todo es un ruego con el que el sincero se acoge a Allah como verdadero Poder que hace posibles las cosas, y también le sirve para aprovechar la bendición que contiene y que hace fecundas y completas las acciones del ser humano al iluminarlas[23]. Mencionando el Nombre de Allah, el musulmán introduce su acto en el dominio del Islam, y lo convierte en ‘Ibâda, en una acción en la que reconoce al Verdadero Agente y se confía plenamente a Él.

 

CONTINUACIÓN



[1] Esta es la versión entera de la frase, y es citada ciento trece veces en el Corán -como preámbulo de cada capítulo (salvo en el caso del noveno)-, y una vez más en XXVII/30 donde figura como encabezamiento de la carta que Salomón envía a la reina de Saba. Además, en XI/43, aparece en su forma abreviada bismil-lâh: “Noé dijo: Subid al Arca, y Con el Nombre de Allah (sean) su curso y su atraque”. La oración plena inaugura los escritos y los actos solemnes, mientras que la versión sencilla es más usual en los actos cotidianos de la vida, pues el Profeta aconsejó pronunciarla al iniciar toda acción, que no sea vil o condenable, para completarla espiritualmente.

[2] Según los gramáticos de Basora, “la palabra ‘nombre’ (Ism) deriva de ‘acto de elevarse’ (sumû), porque sirve para alzar aquello que designa del abismo de la indeterminación a la cumbre de la manifestación y la claridad”. Por su parte, para los gramáticos de Kufa, nombre “deriva de ‘marca’, ‘signo’, ‘señal’ (sima), porque sirve de indicador de aquello a lo que alude”. Véase en: al-Âlûsî, Tafsîr Rûh al-Ma‘ânî, v. I, p. 52.  En sus Ta’wîlât (v. I, p. 7), al-Qâšânî define ‘nombre’ como “aquello que hace reconocible algo”, y desde este punto de vista ‘nombre -o nombres- de Allah’ es el universo, cada criatura y acontecimiento en él, y, en especial, los profetas y el Hombre, reunidos en Muhammad. Desde esta perspectiva, cabe una reinterpretación del significado de la Basmala que abordaremos más adelante.

[3] La Tradición Musulmana aconseja también, cuando se estornuda, decir “Alabanzas a Allah, el Señor de los Mundos”. -Un discípulo estornudó ante el Šayj al-Ŷunayd pero sólo pronunció la primera parte de la fórmula establecida. El maestro le ordenó que la acabara con “el Señor de los Mundos”, y el discípulo le preguntó: “¿Para qué mencionar los mundos junto al Nombre de Allah?”, y al-Ŷunayd le respondió: “Para que se desvanezcan”. Al afirmar a Allah, el universo pierde por completo su aparente consistencia y muestra su realidad, su subordinación a Allah, y deja de ser apabullante en sí para permitir a la mirada entrar en el secreto de las cosas donde tropieza con la Verdad que las sostiene.

[4] Sobre el significado real de ese con volveremos más adelante.

[5] Jâliq tiene un intensivo, Jallâq, que es Allah en tanto que Creador no sólo en el pasado, sino en el momento presente, no abandonando jamás su condición de Creador pues todo instante es hecho por Él, ahondando con ello en Su Presencia constante.

[6] Obligado (Wâŷib) es aquello en lo que consiste una cosa y sin lo cual deja de ser lo que es y es inimaginable. Que Allah es de Existencia Obligada quiere decir que forma parte de su naturaleza existir, que existir es Él Mismo. En todo lo demás, existir es una simple posibilidad y es distinto de lo que son.

[7] Para más detalle, véase La doctrine d’al-Ash‘ari, de Daniel Gimaret, pp. 25-39. Reservamos para más adelante una exposición más pormenorizada de la cosmología islámica y su terminología técnica, así como la refutación del agnosticismo.

[8] Al-Gazâlî, Fadâ’ih al-Bâtiniyya, pp. 80-81.

[9] Ibn Abî l-‘Izz al-Hanafî, Šarh al-‘Aqîda at-Tahâwiyya, p. 69.

[10] Sólo Allah sabe de Sí, y, en segunda instancia, los profetas -que son sus enviados y mensajeros-, los cuales están en la paz: no existen en ellos los conflictos que hacen a los hombres confundir las cosas dejándose arrastrar por sus pasiones. Con este versículo, se invita a aprender de Allah en la mediación de las únicas personas capaces de comunicar Su Verdad. Esto quiere decir que los Nombres de Allah -es decir, lo que en verdad se puede saber de Él- deriva de un Tawqîf, una instrucción, una revelación, y no de la simple fortuna de una deducción intelectual o de las conveniencias de la razón: “La opinión más sólida es que los Nombres de Allah son resultado del Tawqîf”, Muhammad ibn Yûsuf ad-Dasûqî, Šarh Umm al-Barâhîn, p..

[11] Al-Gazâlî, al-Maqsid al-Asnà, p.  40.

[12] El término común dât, de una gran ambigüedad semántica, es central en las reflexiones sobre el Existente Obligado (Allah). Se suele traducir por ‘esencia’ o ‘substancia’, que se prestan a equívocos pues nos encontraremos con la dificultad de que se afirmará que Allah carece de Mâhiyya (‘esencia’ propiamente dicha) y que Él no es Ŷawhar (‘substancia’ propiamente dicha). Dât es un término más general que significa originalmente ‘cosa’, ‘naturaleza propia de algo’, ‘ego’, incluso ‘persona’ o ‘cuerpo’, y equivale al ‘sí mismo’ en expresiones muy habituales, todo ello sin connotaciones metafísicas. En las definiciones más habituales, se dice, simplemente, que Dât es ‘aquello’ que es calificado por atributos, el ‘sujeto’ que recibe calificaciones. Es, por tanto, un término neutro y aséptico, y, por ello, aplicado a Allah, alude a su naturaleza más insondable.

[13] Muhammad ibn Ahmad ibn ‘Arafa ad-Dasûqî, Hašiya ‘alà Šarh Umm al-Barâhîn, p.2.

[14] Al-Gazâlî, al-Maqsid al-Asnà, p.  41.

[15] Realmente, la palabra Allah, en un contexto islámico, basta para sugerir, a la gente que reconoce las esencias, todo sobre la Verdad, y sólo le suman otros conocimientos quienes no están en ese grado. En su Tafsîr, as-Sulamî explica esa sucesión de etapas refiriéndola al proceso de aclaración que hay en el brevísimo capítulo número ciento doce del Corán en la que se describe a Allah diciendo: “Di: Él es Allah, Uno-Único, Irreductible, no ha engendrado ni ha sido engendrado y no tiene equivalente alguno” (Sûrat al-Ijlâs): “Abû Sa‘îd (al-Jarrâz) dijo que lo primero que ha hecho Allah es comunicar su Nombre, revelando una sola palabra, y quien la entiende, entiende todo lo que hay tras ella. ¿No ves cómo ha dicho ‘Di: Él es Allah’, siendo éste un discurso suficiente para las gentes de las esencias? Después, para que sirva de aclaración a las gentes que se proponen la meta que han alcanzado los que saborean las esencias, ha añadido ‘Uno-Único’. Y Allah prosigue la aclaración, ahora dirigida a los que han trabado una alianza en la intimidad con Él, ‘el Irreductible’. Por último, para que el común de la gente comprenda, dice ‘no ha engendrado ni ha sido engendrado, y no tiene equivalente alguno’. Así, pues, a las gentes de las esencias les basta su Nombre ‘Allah’, y todo lo demás es dicho a los que están por debajo de ese rango”.

[16] “Allah es el nombre propio del centro de la Verdad, aunando en una palabra todos los demás nombres y proyecciones... Es un nombre privado que no se aplica en absoluto a otro que no sea Él. Es un sustantivo puramente árabe en su origen y en su significación, y es el que más se repite en el Corán (unas dos mil seiscientas noventa y ocho veces).  En realidad, su significación se amplía conforme la persona ahonda en el conocimiento que puede obtener, y va añadiendo connotaciones según avance en la reflexión. Es un nombre cuya envergadura crece y la veneración que despierta aumenta con la meditación... Al principio, el hombre común solo llega a poder decir que se trata del Creador de los cielos y la tierra, cuando se le pregunta qué sabe de Allah. Pero, aprendiendo, pasa a descubrir progresivamente muchas más cosas... Cuando junta en esa palabra el resto de los noventa y nueve nombres, la palabra ‘Allah’ cobra una extraordinaria influencia sobre el corazón, y aún más si el sujeto se trasforma con cada uno de ellos. El Nombre ‘Allah’ incita al conocimiento y a la rectitud, y acerca al aspirante a Allah, y hace que su invocación sea atendida. Yo creo que la palabra ‘Allah’ tiene una significación que varía dependiendo de quien la pronuncie, en función de su conocimiento”. Diyâ’ ad-Dîn al-Ŷammâs, at-Tafakkur fî Asmâ’ Allâh al-Husnà, p. 104.

[17] Az-Zamajšarî, Tafsîr.

[18] El Profeta dijo: “No meditéis en qué es Allah, sino en quién es Allah”. Allah en Sí (Dât) es dado al paladeo espiritual mientras que Sus Atributos sí son ofrecidos a la reflexión de la que se entresaque una manera de relacionarse con Él y construir la vida en torno a lo que significan.

[19] Ismâ‘îl Haqqî al-Brûsawî, Tafsîr Rûh al-Bayân, v. I, p. 3.

[20] Maurice Gloton, en su introducción a Traité sur le nom Allâh, p.37.

[21] La Basmala es complemento de un verbo que puede ser ‘comienzo con el Nombre de Allah,...’. También valdría el verbo que correspondiera a la acción que va a emprender el musulmán: “Recito el Corán, o me siento, me levanto, etc., con el Nombre de Allah...’. La ausencia del verbo realza la fuerza de la Basmala, su suficiencia en sí misma y el protagonismo exclusivo de Allah en la existencia: “Quien escucha a alguien decir bismil-lâh sabe que es el complemento de la acción que el otro se ha propuesto, de modo que la Basmala tiene un sentido perfecto sin necesidad de la enunciación del verbo”, véase en at-Tabarî, Tafsîr.

[22] Muhammad ibn Ahmad ibn ‘Arafa ad-Dasûqî, Hâšiya ‘alà Šarh Umm al-Barâhîn, p.3.

[23] Tal es su poder que los sufíes equiparan la Basmala pronunciado por el gnóstico con el Kun (¡sea!), el imperativo con el que Allah crea.  Véase en el Tafsîr de as-Sulamî su comentario a la Basmala.