EL ENTENDIMIENTO
La Esencia Real y la Ley
33. En cuanto a los perfectos, sus palabras son célebres y siempre insisten en el carácter indisoluble de la Esencia Real y la Ley, y a la inversa. Entre esas famosas sentencias está la que dice: “La Realidad es la fuente y la Ley es su orden”. Y también se ha dicho: “Quien busque la realización sin atender a la Ley se desvía. Quien sigue la Ley sin realizarse espiritualmente, se corrompe. Quien reúne en sí las dos sabidurías, las verifica”. Y también han dicho: “La Realidad está dentro de la Šarî‘a al modo en que la mantequilla está latente en la leche: cuando se desnata la leche aparece la mantequilla”. Mi maestro, Sîdî Muhammad al-Buzaydî dijo: “La Realidad es el cuerpo y la Šarî‘a son sus miembros, y no puede haber cuerpo sin miembros”. Y ha sido dicho: “La Realidad es un árbol y la Šarî‘a son sus ramas”.
Basta en cualquier caso lo que dijo el Mensajero: “La Šarî‘a es mi palabra, la Tarîqa es mi acción y la Haqîqa es mi estado”. Si así era el Profeta, ¿cómo los sufíes iban a quedarse atrás?: han adornado su mundo externo con la Šarî‘a y han embellecido su mundo interior con la síntesis.
La Šarî‘a es la Revelación, pero el uso la reserva para designar sus aspectos normativos, diferenciándolos de los relativos a la Tarîqa, la Vía, y la Haqîqa, la Esencia. Con ello, la Šarî‘a adquiere el valor de rey, criterio y juez, y se reconoce su preeminencia. Sucede lo mismo con el término Islâm cuando se asocia a los de Îmân e Ihsân. Estos conceptos están vinculados entre sí, y también a órganos de percepción y realización, estratos del ser y ciencias que los analizan, formando un conjunto gobernado por una sensibilidad trascendente.
Con el primer grupo, Šarî‘a e Islâm, se alude a las normas y a la acción; son la Ley y la sumisión, atañen al cuerpo y su espacio es el mundo que se percibe con los sentidos físicos, el universo material. Tarîqa e Îmân son nombres, desde esta perspectiva, para el Método y la actividad propia del corazón -el entendimiento y la emoción- que se encamina hacia Allah, y el espacio de su dominio es el de la sensibilidad y el pensamiento. Haqîqa e Ihsân, Verdad y Excelencia, son los objetivos y, a la vez, son el sustrato, por un lado, de la sabiduría, y, por otro, de la contemplación: su órgano es el espíritu y su territorio es el de la unidad solitaria. El conjunto es a lo que se denomina Dîn, la devolución de todo el ser a Allah. Un ejemplo de estos esquemas -que son simultáneos en el fondo y sólo distintos en las definiciones para según el momento que vive el peregrino- es el que nos proporciona Ibn ‘Aŷîba:
“Acción es todo movimiento, ya sea del cuerpo o del corazón. Si se mueven en conformidad con la Ley Revelada, a la acción se la llama obediencia; si se mueven contraviniendo la Ley, la acción recibe entonces el nombre de rebeldía.
Las acciones son, según las gentes de este arte, clasificables en tres apartados: acción en la Ley, acción en la Vía y acción en la Esencia. O bien puedes decirlo de este otro modo: acción según el Islam (acto físico de sumisión a Allah), acción según la Apertura (es decir, de acuerdo a la sensibilidad espiritual del corazón) y acción en conformidad con la Excelencia. O bien puedes decirlo de este otro modo: acción en la que se reconoce a Allah como único Señor, acción del corazón en su sujeción absoluta a Allah, y acción según la ‘Ubûda (atadura absoluta del secreto humano a Allah, que ya es Hurriyya, libertad). O bien puedes decirlo de este otro modo: acción propia de la gente del comienzo, acción propia de la gente de en medio, y acción propia de la gente del final.
La Ley Revelada es que lo reconozcas como tu Único Señor, la Vía es que te orientes hacia Él y la Esencia es que Le veas. O bien puedes decirlo de este otro modo: la Ley Revelada es para la corrección de los aspectos externos, la Vía es para la corrección de los aspectos internos y la Esencia es para la corrección de los secretos. La corrección de los miembros del cuerpo se logra con tres cosas: vuelta a Allah, sobrecogimiento y rectitud. La corrección de los corazones se logra con tres cosas: pureza en la intención, sinceridad y calma. La corrección de los secretos se logra con tres cosas: vigilancia, contemplación y gnosis. O bien puedes decirlo de este otro modo: la corrección de los aspectos exteriores se logra con la evitación de las prohibiciones y el cumplimiento de las órdenes. La corrección de los aspectos internos se logra con el abandono de los vicios y la adopción de todas las virtudes. La corrección de los secretos -que son aquí los espíritus- se logra con su humillación y rotura hasta que se dulcifican y asumen la cortesía, la humildad y la buena conducta.
Has de saber que hablamos aquí de las acciones que conducen a la depuración de los miembros del cuerpo, los corazones o los espíritus, tal como las hemos clasificado en apartados. Las ciencias y conocimientos espirituales son frutos de la depuración y la purificación. Cuando los secretos se purifican, entonces se llenan de ciencias, conocimientos y luces. No es correcto el paso a un rango espiritual sin haber realizado plenamente el anterior: ‘Quien resplandece en sus principios, resplandece en sus finales’.
Una persona no debe pasar a la acción según la Vía si antes no ha cumplido con la acción según la Ley habiendo con ello dulcificado sus miembros físicos realizando el retorno a Allah con sus condiciones, el sobrecogimiento con sus pilares y la rectitud con sus divisiones y que consiste en el seguimiento del Mensajero en sus palabras, sus actos y sus experiencias espirituales. Cuando la dimensión externa de una persona queda purificada e iluminada por la Šarî‘a, es cuando debe pasar a la acción según la Tarîqa. Ésta afecta a la dimensión interior, y consiste en la depuración de las cualidades humanas... Cuando la persona se purifica de cualidades humanas, entonces se reviste de cualidades espirituales, que consiste en la cortesía con Allah en sus manifestaciones que son sus apariencias, y entonces descansan los miembros del cuerpo, y sólo queda la buena conducta.
Uno de los que han comprobado todos los pasos dijo: ‘Quien llega a la esencia del Islam no puede dejar de actuar. Quien llega a la esencia de la sensibilidad espiritual no puede tener en su acción más motor que Allah. Quien llega a la esencia de la excelencia no puede distinguir a otro que no sea Allah’...”[1].
Como observan muchos autores, estas divisiones son artificiales y constituyen un esquema que facilita el análisis de las implicaciones prácticas, no existiendo en el fondo más que absoluta simultaneidad, pero esta se da plenamente al final del proceso con el acceso a la verificación del califato[2]. Las ciencias que estudian esas materias, como ya se ha señalado, son el Fiqh, el Kalâm y el Tasawwuf. El perfecto (Kâmil) es el que conjuga todo lo anterior, y es el ideal que se propone quien sigue la senda de los sufíes.