EL ENTENDIMIENTO
La gramática del corazón
28. En Allah haya encontrado paz el Imam de los gramáticos, Sibawayh, que dijo:
Una lengua elocuente, exquisita en sus expresiones,...
¡ojalá se salve de la ruina tras la muerte
en el momento de su exposición ante Allah!
¿Te servirá de algo la elocuencia si no has sido prudente?
Ningún daño hará entonces su lengua extranjera al no-árabe.
El faqîh Maymûn dijo: “Lo peor de lo malo es que una persona aprenda la gramática de la lengua y la enseñe, y no aprenda la gramática del corazón ni pueda comunicarla”.
El corazón es el lugar al que mira Allah. Si la gramática de la lengua acompaña a la gramática del mundo interior, entonces el sabedor de esas dos ciencias está en seguridad y no temerá la ruina ni la frustración cuando se detenga ante el Misericordioso. Allah no recompensa a los hombres por la declinación correcta de los términos de una frase sino por la de sus corazones, tal como se dice en el hadiz: “Allah no se fija en vuestros cuerpos ni en vuestras acciones, sino que mira en vuestros corazones”.
La lengua y el corazón son dos opuestos que raramente coinciden y armonizan. Mientras que la primera pertenece al mundo de la inquietud y la dispersión y se somete a sus contradicciones, el segundo navega por los mares de la palpitante Unicidad interior y descansa en Allah. La lengua está asociada al Nafs, al ego; el corazón, por su lado, se relaciona al Rûh, a la dimensión universal del espíritu del ser humano que tiende puentes hacia lo infinito. Y por ello se dice de él que es el espejo en el que Allah mira en tanto que la lengua sólo sabe expresar los conflictos que hay en el mundo.
El Šayj al-‘Alawî insiste en la primacía del corazón. Su luz debe guiarlo todo, evitándose así que el ego se apropie del hombre y lo domine como lo hace un tirano cuando entra en una ciudad y la somete a su capricho. Todo el sufismo, si no es más que retórica, está tan vacío como cualquier saber presidido por la petulancia, el exhibicionismo de habilidades y la confusión.
Atender a la lengua supone abandonarse a lo insustancial y complacerse en el caos. Volverse hacia el corazón y cultivarlo exige silencio y recogimiento. Por ello, al-Gazâlî enseñaba que, de encontrar a alguien dotado del don del silencio, el aspirante debería aprovechar la oportunidad de aprender de él acogiéndose a su compañía, pues es suficiente su presencia para recibir la sabiduría que transmite su calma. Es la gramática que rige los silencios del corazón la que atrae la atención del sufí y no la declinación y nerviosismo de la lengua con sus infinitas ramificaciones. Una vez firmemente aposentado en la morada de la intimidad con Allah, su lengua, convertida en instrumento de la paz interior, se hace sabia comunicadora de sosiego y traduce adecuadamente los estados y saboreos del núcleo central del Ser. Encontrar esa paz en la que la agitación se diluye exige un total abandono en el que está la clave, tal como explicó Ibn ‘Aŷîba:
“El aspirante no debe apoyarse, durante su recorrido por los grados espirituales, en sí mismo, en su acción, en su energía ni en su fuerza, sino que debe depender exclusivamente del Favor de su Señor, de su ayuda, de su guía y de su auxilio... La confianza y la dependencia de sí mismo es signo de desgracia y miseria. La confianza en los actos propios es signo de inconsciencia ante la caducidad de las cosas. La confianza en los carismas y las experiencias espirituales es signo de no haber acompañado a los Hombres. La confianza en Allah es signo de haber realizado plenamente el conocimiento de Allah.
Signo de confianza en Allah es que la esperanza de esa persona no disminuye cuando cae en una rebeldía, del mismo modo que su esperanza no aumenta cuando realiza una excelencia. O bien puedes decirlo de este otro modo: su temor no crece cuando cae en un descuido al igual que su esperanza no decrece cuando tiene un despertar. Su temor y su esperanza están nivelados permanentemente. Y es porque el temor surge de su contemplación de la Majestad y la esperanza surge de su contemplación de la Belleza, y la Majestad y la Belleza de la Verdad no cambian ni son afectadas por el aumento ni la mengua, y lo mismo acontece a lo que surge de ellas. Lo contrario sucede al confiado en las acciones: si su acción disminuye, disminuye su esperanza; y si aumenta su acción, aumenta su esperanza, cometiendo ‘asociación’ a su Señor y hundiéndose en su propia ignorancia.
Si muriese de sí mismo y existiese por su Señor descansaría de su apuro y realizaría el conocimiento de su Señor. Para ello hace falta un maestro perfecto que te saque del cansancio del ego haciéndote pasar al descanso en la contemplación de tu Señor. Maestro perfecto es el que te hace salir del apuro, no el que te guía al agobio. Quien te conduce a la acción te guía hacia el cansancio. Quien te lleva a lo mundanal, te estafa. Quien te señala hacia Allah, ése te da un buen consejo y vela por ti, tal como dijera el Šayj Ibn Mašîš.
El acto de señalar hacia Allah es mostrar cómo alcanzar el olvido del ego. Cuando te olvides de ti mismo, recordarás a tu Señor. Allah ha dicho en el Corán.: ‘Recuerda a tu Señor cuando olvides’, es decir, cuando olvides todo lo que no es Él. La causa del apuro es el recuerdo de sí mismo, la dedicación a sus asuntos y necesidades. Quien se ausenta a todo ello, no encuentra más que descanso”[1].