EL ENTENDIMIENTO
El conocimiento de su Señor
27. Allah acepta al ignorante para enseñarle. Y la enseñanza comienza por lo referente a Él y después sigue el conocimiento de sus normas. Los demás saberes no son condición para la validez y autenticidad del pacto: son sólo condiciones de plenitud. Así sucede con la gramática, la morfología, la retórica, la elocuencia, la filología y otras ciencias en las que la mayoría de los sufíes no son disertos porque sus aspiraciones las trascienden a causa de la nobleza de sus grados ante Allah. Para ellos es suficiente el conocimiento que tienen de su Señor, tal como dijo el Profeta: “Está privado de todo bien aquél al que no le baste el conocimiento de Allah”.
Ellos no consideran un defecto descuidar las ciencias cuyo conocimiento incumbe a la comunidad, excepto las que se refieren a las normas de la práctica del Islam. Se trata de una perfección que no exige todas las plenitudes. Ahmad ibn ‘Aŷîba al-Magribî dijo: “Corregir la lengua sin corregir el corazón es perversión y error, y corregir el corazón sin corregir la lengua es perfección sin plenitud. Corregir el corazón y la lengua es plenitud de la plenitud”. Y yo digo: ¿Qué utilidad hay en corregir la lengua si no se corrige el corazón? ¿Te parece bien el que perfecciona su discurso y descuida su rango espiritual, o que se preocupe por las palabras y no le importen las acciones? ¿Acaso basta la lengua aunque falte la apertura hacia Allah? ¿Es mejor la noticia que la visión directa?
El Fahm, el Entendimiento al que hace referencia el Šayj, nada tiene que ver con la habilidad de los lexicógrafos en asociar ideas, si bien puede recurrir a ello para justificar sus desarrollos. No es una mera inmersión en los significados posibles, sino que, básicamente, es el resultado de un agigantamiento del espíritu. La sensibilidad del corazón es una forma de entendimiento que tiene vínculos con el mundo de los significados delicados a causa de la sutileza de ambos. El simple saber intelectual, frío y exclusivamente acumulativo, puede asemejarse a un tirano que se impone sometiéndolo todo a su lógica y pedantería, corrompiendo y humillando la sencillez de un universo donde sólo entran en contacto realidades que sean pares. Al sufí le basta el conocimiento somero de la ‘Aqîda o Doctrina, que lo abre infinitamente, y la Šarî‘a que lo corrige y endereza su acción de manera adecuada. La Doctrina le da a conocer a su Señor y la Ley le dicta sus normas. Las demás ciencias, si bien son aconsejables y meritorias, debiendo cada comunidad musulmana tener sus entendidos en ellas, no son una obligación que deba imponerse a todos: son Fard Kifâya, responsabilidad del colectivo, y no Fard ‘Ayn que implique a cada miembro. La plenitud, el Kamâl, está en el saber enciclopédico, pero éste sólo es sabiduría cuando va acompañado de la necesaria rectitud.
Los estudios lingüísticos son centrales en la formación tradicional de un musulmán porque constituyen el instrumento que le permitirá alcanzar una comprensión seria y rigurosa de la Revelación coránica y, a la vez, le posibilitarán la corrección y el dominio de la lengua en la que se expresa. Dentro de la escuela darqâwî es común el estudio de un comentario sufí a una obra básica, la Aŷrrûmiyya, en la que se aprende las normas y reglas capitales de la lengua árabe. En dicho comentario, su autor, Ibn ‘Aŷîba, toda vez que forma a sus discípulos en los rudimentos de la gramática, aprovecha la ocasión para convertir sus leyes en fundamentos aplicables al sendero que debe seguir el espíritu en su evolución hacia los grados más elevados de la pureza que le dará a conocer finalmente a su Señor. Se trata de lo que él llama la Gramática del Corazón que va de la mano de la Gramática de la Lengua.
Si el estudio de la gramática tiene como objeto corregir la lengua y facilitar el entendimiento acertado, la otra gramática, siguiendo en todo el modelo de la primera, pretende eliminar los vicios interiores que impiden al espíritu comprender y expresarse con exactitud. La obra de Ibn ‘Aŷîba, que hasta hace poco solo circulaba en reproducciones manuscritas, era de estudio prácticamente obligado, pues las zâwiyas de los darqâwa ofrecían una formación completa a los discípulos, pero el saber tenía el fin principal de servir al perfeccionamiento interior. El Comentario de Ibn ‘Aŷîba a la Aŷrrûmiyya era conocido por el Šayj al-‘Alawî de cuyos prolegómenos entresaca las anécdotas y citas que aparecerán en los párrafos siguientes. En la introducción a su método, Ibn ‘Aŷîba declara:
“La gramática o Nahw, palabra que en árabe significa ‘senda por la que se transita’, tiene dos partes. Una es gramática para la lengua de la boca, y la otra es gramática para el corazón. El conocimiento de la gramática del corazón -entre los dotados de inteligencia- es imprescindible y más provechosa que cualquier otra.
La ciencia del corazón es la de la Certeza Superior: es conocer a Allah desde la Visión. Ésa es la gramática cordial, que es obligatoria para todo musulmán. Me refiero con ello al tratamiento del corazón para curar sus enfermedades, como el amor al mundo que es el origen de todos los desvaríos, la preocupación por el sustento, el temor a las criaturas, etcétera, enfermedades todas ellas que imposibilitan conocer y contemplar la Verdad.
Ésta es la gramática (Nahw) del corazón que los sufíes designan con M, Mahw -es decir, disolución-, porque es una ciencia que pretende diluir todo lo que haya en el corazón que no sea Allah. Esta ciencia es la meta hacia la que dirigen sus caravanas, y es el polo de sus reflexiones. A ella se dedican, descuidando toda otra cosa”[1].
La Gramática del Corazón es el Tasawwuf, que complementa a la perfección los demás saberes. Su estudio se convierte en un proceso de disolución que añade a los datos formales una perspectiva desde la que se contempla el todo. El conocimiento verdadero no tiene otro objeto que el de hacer crecer al individuo y ampliar sus horizontes. Es la función que debe cumplir, siendo entonces útil. Por ello, los sufíes, como en el caso de este comentario a una gramática, se especializarán en apostillar las obras tradicionales para la formación de los musulmanes con glosas que recuerden este objetivo.