La palabra árabe

MONSEF CHELLI

 

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Diferentes sistemas lingüísticos

    Este esbozo de análisis del lenguaje, cuyo sentido aparecerá totalmente cuando consideremos en contacto las lenguas, nos permite ya precisar nuestro proyecto. Puesto que la persona se reconoce en la libertad y en la trascendencia de un ser, que parece en un principio natural, y puesto que esta libertad y esta trascendencia parecen los corolarios de la constitución del lenguaje y no existen mas que en tanto se apoyan en el lenguaje, lo que es confirmado por los hechos: ahí donde hay un verdadero lenguaje hay hombres y ahí donde hay hombres hay un lenguaje; podemos esperar, gracias a esta correlación entre el lenguaje y la personalidad, descubrir la estructura de la personalidad estudiando la estructura de la lengua por la cual emerge de la naturaleza.

    En efecto, es necesario reconocer lo que es importante en una lengua: no es el conjunto de sonidos que la constituyen y que puede muy bien ser producido naturalmente por el estallido espontáneo de las emociones en gritos, lo que es importante es la manera en que esos gritos son recogidos y constituidos en sistema que simboliza el mundo y permite reproducir aquellos aspectos del mismo a voluntad gracias a un sistema de articulación y de combinación que sigue el movimiento de las cosas y lo traduce. Se podría creer un instante que esas articulaciones y esas combinaciones reproducen puramente y de manera simple la manera en que las cosas se articulan y se combinan en sí mismas, pero cuando se sabe todos los problemas que supone ya tan solo el sustantivo y se reconoce la imposibilidad para el hombre de percibir las substancias, ya se duda que la articulación del lenguaje reproduzca la articulación de lo real; a partir del momento en que se ve que las diferentes lenguas no articulan en absoluto todos los elementos que las constituyen de la misma manera, se reconoce claramente que las estructuras de las lenguas son verdaderos artificios y que es constituyendo esos artificios que el animal humano llega a sustraerse a la naturaleza y a convertirse en una persona. Así parece que podemos esperar asir las diferencias de personalidades comparando las estructuras de los diferentes sistemas lingüísticos.

    Hay que añadir que la personalidad tal como emerge, a través de la estructura de una lengua, no es aún del todo una realidad. No es más que un ideal y un corolario del ejercicio del pensamiento. Y el individuo siente totalmente la contradicción que opone su ser natural que permanece inmerso en la naturaleza y que amenaza con absorber su personalidad y su ser pensante que parece trascender. Es en esta contradicción donde se encuentra la motivación más profunda para la acción propiamente humana. Lo que quiere el hombre es de una parte construir un mundo que no infrinja ningún desmentido a la idea que se hace de sí mismo y, por otra parte, tener en esta construcción un estilo de acción por el cual establece entre el mundo y él mismo un tipo de relación en cuanto a su exterioridad y a sus posibilidades de no estar sometido a la ley de la generación y de la corrupción que engloba todo lo que no es natural.

        Decíamos más arriba que si ciertos países subdesarrollados no llegan a realizar una industria semejante a la de occidente no es por alguna tara congénita, sino que es porque no lo quieren. Se comprende, en efecto, que un hombre no pueda querer mas que la actividad por la cual tiene la impresión de realizarse a sí mismo en conformidad con la imagen del ideal al que apunta. Si se le propone o se propone a sí mismo por imitación una meta y una actividad que contradicen el ideal que él quiere ser, invariablemente no podrá perseverar en el seguimiento de esa meta y en el cumplimiento de esta actividad. Aunque la autoridad le obligue a atenerse a ello, se las compondrá para modificar el sentido de aquello que se le propone hacer para encontrar en ello su razón y realizarse a sí mismo, y si no lo alcanza, su desesperación estallará pronto en una revolución que nada sabría reprimir. El poder profundo que define un tipo de cultura es aquel por el cual crea la lengua que le permite pensar y armonizarse con la naturaleza; ese poder es también el que le permite desarrollar el tipo de actividad que tiende a realizar una estructura de personalidad en correspondencia con el ideal que el uso de la lengua permite imaginarse. Es ese poder el que define el querer por el cual no solamente aceptamos consagramos a una actividad sino que además en él sentimos la necesidad y probamos un cierto placer cumpliéndolo que hace fácil la perseverancia y probable el triunfo.

    Hace falta, pues, sustituir la imagen errónea según la cual se representa a los hombres de civilizaciones diversas teniendo todos personalidades idénticas en cuanto, al fondo pero siguiendo, con más o menos inteligencia y voluntad, metas diferentes; por un esquema más complejo donde la actividad práctica que asegura la supervivencia y la seguridad construyendo la civilización, escoge sus metas, sus medios y su estilo con miras a realizar un tipo de personalidad que es, desde el punto de vista subjetivo, la verdadera finalidad, la meta última en función de la cual se ha escogido ese género de acción y esas metas inmediatas. Así la civilización industrial no es la meta que los occidentales se proponen, es solamente el medio para cumplir una actividad que tiene por finalidad realizar un cierto tipo de personalidad. Si queremos comprender la civilización industrial, es indispensable remontar, por el análisis del lenguaje a, ese tipo de personalidad que es su verdadera finalidad. Y si una sociedad quiere alcanzar los mismos triunfos prácticos que el occidente, no debe recomendar a sus miembros apuntar a esas metas inmediatamente, como un fin último, sino tender a realizarse ellos mismos bajo la forma que utiliza esas «metas» como medios.

    Hemos expuesto el itinerario de este trabajo que se propone remontar la estructura del lenguaje en la representación de la personalidad y volver a descender a continuación hacia la actividad concreta para comprender su significación. El difícil problema de la comprehensión de la diversidad de los humanos se encontraría así resuelto. Si verificamos que el hombre no busca simplemente, como el animal, la satisfacción de sus necesidades naturales y si proponemos que la meta fundamental hacia la que apunta a través de todas sus actividades es él mismo, no su supervivencia efímera y la prolongación del plazo que le separa de la muerte, sino su existencia de ser libre que sobrepasa la naturaleza corruptible que constata en sí mismo, entonces se hace cómodo comprender las actividades diversas de los hombres de diferentes culturas relacionándolas a la manera en la que la persona es representada en el seno de cada una de esas culturas.