HISTORIA DEL ISLAM

por Loli Soler

 

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DECADENCIA DEL IMPERIO TURCO OTOMANO

 

 

        Tras la muerte de Solimán, se inició en el Imperio un largo periodo de decadencia. Muchas y diversas fueron las causas que provocaron tal situación. Las conquistas militares habían engrandecido el Estado con pueblos que poco o nada tenían en común y que no estaban ligados a los otomanos por lazos étnicos, religiosos, ni políticos. Así pues, el crecimiento territorial no proporcionó una cohesión interna.

         Tras el descubrimiento de América los europeos explotaron sus riquezas y abrieron nuevas rutas comerciales que perjudicaron  la economía del imperio otomano. La revolución industrial, la necesidad de materias prima, las transformaciones tecnológicas y de los transportes propiciaron la expansión europea. Los países desarrollados fueron concertando tratados comerciales que ampliaron sus poderes económicos y financieros. Estos cambios en Europa también fueron perjudiciales para el comercio del imperio otomano. En la segunda mitad del siglo XVIII los otomanos enviaban a Europa materia prima y ellos recibían manufacturas. Esta relación comercial perjudicó a artesanos y a mercaderes y algunos gremios fueron desapareciendo.

         El petróleo de oriente medio fue causa de conflicto entre las potencias europeas que rivalizaban por intervenir en la zona.

         Otro factor importante que influyó negativamente, fue la creciente dejadez en sus funciones de los sultanes, que fueron delegando el poder en el gran visir. Cansados de los asuntos de Estado y de las campañas militares, se fueron retirando de la vida pública y se dejaron llevar por los placeres del harén hasta tal punto, que llegaron a ser juguetes de sus favoritas que rivalizaban por conseguir el poder para sus hijos.

         El gran visir obtuvo los máximos poderes y se le concedió el derecho de pedir y obtener obediencia absoluta. No obstante, aunque consiguió sin dificultad reemplazar al sultán en sus funciones oficiales, no logró que todas las clases y grupos le fueran leales, lo que propició una disminución de la capacidad del gobierno para hacer cumplir las normas sociales y administrativas. La disciplina militar se debilitó, la clase dominante empezó a utilizar las estructuras del Imperio para su propio beneficio, lo que acarreó abusos y corrupción. Los administradores se enriquecían mientras las rentas disminuían y el comercio no podía hacer frente a la competencia del comercio europeo que progresaba día a día. Esta situación propició el nacimiento de innumerables partidos y grupos que, ansiosos de poder, rivalizaban por llevar al trono al heredero que más les convenía.

         Los príncipes se educaban en el serrallo, alejados por tanto de la vida pública y del trato con el ejército, por lo que cuando subían al trono eran incapaces de gobernar y de mandar adecuadamente a la tropa y se convertían en juguetes en manos del partido que los habían puesto en el poder.

         Así pues mientras Europa progresaba en el comercio, en la diplomacia y mejoraba los procedimientos para hacer la guerra, el imperio otomano se sumía en una decadencia que le impedía progresar. No obstante durante el siglo XVI, el ejército aún tuvo fuerzas para someter las revueltas internas y hacer nuevas conquistas y aunque por primera vez en su historia sufrió serias derrotas, fue lo suficientemente fuerte para mantener íntegro el Imperio.

         Sucedió a Solimán su hijo Selín II (1566-1574) que debido a su inadecuada formación fue incapaz de gobernar, pero afortunadamente dejó el mando en manos del gran visir Sokullu. Durante los primeros años de su reinado se hicieron incursiones en el Yemen y se obtuvieron éxitos militares. Mantuvo buenas relaciones con los Estados europeos y en 1568 firmó la paz de Adrianópolis con los Habsburgos, por la que éstos reanudaron el pago de los tributos. En 1570 los otomanos atacaron y conquistaron la isla de Chipre que estaba bajo el protectorado de Venecia. Esta conquista preocupó en Europa y el papado junto a los reinos de España y de Venecia, se unieron en la llamada Liga Santa. Organizaron una flota mandada por D. Juan de Austria y fueron al encuentro de la flota otomana cuyo mando lo ostentaba alí Bajá. Ambas flotas se encontraron en el golfo de Lepanto y el 7 de octubre de 1571 libraron la cruenta batalla de Lepanto en la que murió Alí Bajá y las naves otomanas fueron destruidas. Pero los otomanos reconstruyeron sus barcos y en pocos años fueron capaces de recuperar el dominio naval en el Mediterráneo oriental. Bajo el mandato de Murat III (1574-1595) los otomanos tomaron Túnez y le arrebataron Fez a los portugueses.

         Supo Murat aprovechar las luchas por el poder que se libraron en Irán tras la muerte del Sha Tahmasp y en 1578 les arrebató el Cáucaso y el Azerbaiyán. Estas tierras con sus riquezas proporcionaron un respiro a la maltrecha economía otomana.

          Fue en esta época cuando el Imperio alcanzó su máxima extensión: Sus posesiones iban desde el mar Negro hasta la frontera de Marruecos y desde la frontera de Austria hasta el golfo Pérsico. Para conservar este Imperio eran necesario príncipes adecuadamente educados e instruidos en el arte de gobernar y que mantuviesen las virtudes de sus gloriosos antepasados. Pero por el contrario, la riqueza les había llevado a gozar de los placeres y a olvidar sus obligaciones.

Las luchas por el poder se sucedían y Mehmet III (1595-1603) para acceder al trono tuvo que matar a todos sus hermanos. Una vez conseguido su propósito fue incapaz de gobernar, se encerró en el harén y dejó los asuntos de estado en manos de su madre Zafiya, que desde los tiempos de Murat III, ejercía su influencia en el Imperio.

Ahmet I (1603-1617) se libró de Zafia y trató de hacerse con el poder. Pero era un hombre violento e inestable, amante de la poesía y aficionado a la caza y acabó dedicándose a sus aficiones y placeres y dejó el poder en mano de sus ministros, que sólo se preocuparon por enriquecerse.

En 1593 se reavivó la guerra  entre los otomanos y los habsburgos y para acabar con esos enfrentamientos firmaron en el 1606 el tratado de Zstivatörök por el que los otomanos restablecían su poder en las tierras de Hungría y Rumanía que les habían arrebatado los Hasburgos en 1596.

A principio del siglo XVII se acentuó la decadencia del Imperio como consecuencia de las luchas internas y la inoperancia de los sultanes. Nombró heredero Ahmed a su hermano Mustafá, pero éste sólo pudo gobernar un año ya que en 1618 fue sustituido por Osmán II que era un adolescente de 14 años. Este, pese a su juventud, quiso poner orden en el Imperio y acabar con la corrupción pero los altos cargos y el ejército se lo impidieron. Los jenízaros entraron en el serrallo, lo asesinaron y pusieron en su lugar a Murat IV (1623- 1640). Tras esta acción los jenízaros alcanzaron más poder y siguieron disponiendo de los herederos según les convenía.

Murat, que era muy joven, dejó el gobierno en mano de su madre Kósem. El resultado fue nefasto: los ministros se  sucedían y tanto éstos como el ejército rivalizaban por poder y riquezas. Las arcas del tesoro estaban vacías. La anarquía que se vivía en el Imperio la aprovechó Irán, que tras solucionar sus problemas internos, y durante el gobierno de Abbas  ayudado por los rebeldes de Anatolia se apoderó del Azerbaiyán y en 1603 tomó Bagdad y el Iraq central.

 Murat reaccionó y en 1632 llevó a cabo unas reformas: Formó nuevas milicias que le fueron fieles y eliminó a los jefes de las rebeliones. Puso orden en la administración y controló el gasto público. Reanudó la guerra contra Irán recuperando en 1638 el Iraq central. Tras esta conquista,  firmó el tratado de Kasr-i Sirin (1639) por el que se llegó a una paz definitiva y se fijaron las fronteras entre ambos Imperios que permanecieron invariables hasta 1918.

El sucesor de Murat fue su hermano Hibrahin (1640-1648) que inició una larga guerra contra Venecia con la intención de conquistar la isla de Creta. Dicha contienda duró 24 años y en sus comienzos la armada veneciana fue situando barcos en los estrechos con el fin de bombardear Estambul, lo que provocó escasez de suministros y descontentos en el seno del Imperio. De esta situación se aprovecharon los enemigos del sultán y lo asesinaron.

El único superviviente varón de la familia imperial y por tanto el heredero, era un niño de sólo siete años de edad por lo que quedó el Imperio en manos de las mujeres del harén en donde las intrigas y las rencillas se reavivaron. Otra vez la anarquía y la decadencia se apoderaron del Imperio, pero afortunadamente la reina madre Tarhán en el año 1656 entregó el gobierno con amplios poderes a Mehmet Koprulu, de origen albanés. Mehmet era un hombre de fuerte personalidad y con grandes dotes de mando y había desempeñado el cargo de gobernador con gran acierto. Bajo su mandato se restableció el orden y se acometieron reformas. Consiguió Mehmet relanzar la economía y reconstruir la flota. Continuó la guerra contra Venecia y recuperó el paso por el estrecho de los Dardanelos. Quiso Mehmet emprender reformas profundas que permitieran al Imperio contemporizar con los cambios sociales, militares y económicos que surgían en Europa, pero chocó con la resistencia de la clase dirigente que no aceptaba esos cambios.

         Fue Mehmet el primero de una serie de grandes visires de la saga de los Kuprulu que hasta 1710 gobernaron con acierto supliendo la incapacidad de los sultanes. Su hijo Ahmed reavivó las hostilidades contra Austria y tras varias conquistas fue derrotado en la batalla de San Gotardo, pero consiguió con el tratado de Vasvar (1664) firmar una paz favorable para el Imperio, pues el principado de Valaquia se reconoció vasallo de Turquía.

Continuaba el asedio a Candía, capital de la isla de Creta. El Papa, Malta y Saboya ayudaron a Venecia mandando dinero y tropas, pero tras 20 años de asedio, en 1669 Venecia entregó la isla a Turquía. Fue este uno de los asedios más largos y costosos de la historia y originó la pérdida de muchas vidas humanas en ambos bandos.

Los ejércitos otomanos aprovecharon la rebelión de Hungría contra el emperador Leopoldo de Austria y en 1683 ayudados por los rebeldes húngaros sitiaron Viena. Leopoldo recibió ayudas de Juan Sobieski, rey de Polonia y del duque de Lorena. El ejército turco resistió valerosamente, pero a la llegada del invierno se rindió y levantó el cerco. En este enfrentamiento perdió la vida Kara Mustafá, gran visir de la saga de los Koprulu.

Tras esta derrota, Austria, Venecia y Polonia atacaron posesiones otomanas. A estas naciones se unió Rusia que ansiosa de ampliar sus fronteras fomentaba las revueltas de los súbditos otomanos no musulmanes. El imperio turco perdió Buda en 1686 y poco a poco fue perdiendo otras plazas entre el Danubio y el Drave. En 1688 el ejército otomano, a pesar de su valerosa reacción no pudo evitar que los aliados cristianos atacaran Belgrado y que en 1697 les vencieran en la batalla de Zenda. En 1699 el sultán Mustafá II tuvo que firmar la paz de Karlovitz, que negoció el gran visir Hussein Koprulu, por la que Turquía cedió la península de Azof a Rusia; Morea y Dalmacia a Venecia; Transilvania y Hungría a Austria y Ucrania occidental y Podolia a Polonia.

Durante el siglo XVIII los sultanes turcos no supieron gobernar con acierto y sólo la solidez de sus cimientos evitó la desaparición del Imperio. Los enfrentamientos con los países europeos se sucedían y en el año 1715 durante el mandato del sultán Ahmet III, los otomanos volvieron a conquistar Morea. Esta acción dio lugar a una guerra que duró dos años y en la que Turquía perdió Belgrado y varias comarcas de Servia y Valaquia. En 1718 se firmó la paz de Passaravitz y cada contendiente mantuvo sus conquistas. En 1739 durante el mandato de Mahmut I, Turquía recuperó Belgrado y las posesiones perdidas años atrás en Servia y Valaquia.

Las ambiciones expansionistas de Rusia motivaron que en el año 1768 los rusos y los turcos otomanos midieran sus fuerzas. Los resultados de este enfrentamiento fueron nefastos para el imperio otomano: El sultán Mustafá III se vio obligado en 1774 a firmar el tratado de Kuchuk Kainardzhi por el que el  zar de Rusia obtuvo privilegios comerciales y el derecho de libre navegación por el mar Negro y además las tierras de Azov, Kerch y el Kubán. Volvieron a enfrentarse las tropas otomanas y rusas, hasta que en el año 1792 el sultán Selín firmó la paz de Jassi, por la que se decidió que el río Dniester fuese la frontera entre ambos Estados.

En el interior del Imperio la decadencia era manifiesta. Los gobernantes locales asumieron el poder en la mayoría de las provincias y ante la debilidad del gobierno central fueron consolidando su poderío. Para mantener el orden y sofocar las revueltas, los jefes locales formaron sus propios ejércitos, recaudaban y administraban los impuestos y poco a poco disminuían la aportación a las arcas centrales. En los Balcanes los pueblos empezaron a rebelarse contra su integración en el Imperio. Sus tradiciones nacionales y sus creencias religiosas se habían preservado a través de sus jefes religiosos y los rusos los incitaban a la desobediencia al sultán y los animaban a manifestar sus ansias de independencia.

Pese a esta situación los gobernantes y en general la mayoría de los otomanos, no sentían la necesidad de cambios. Consideraban que su sistema social y de gobierno era bueno y lo que había que mejorar era la práctica.

Los embajadores otomanos que se desplazaban a países europeos para firmar acuerdos y tratados, los mercaderes que llegaban de otros países y los hombres de letras que se relacionaban con sus colegas europeos, dieron a conocer a los otomanos los avances que tanto a nivel  comercial como cultural y militar, se produjeron en Europa a partir de la Reforma. Esto influyó en el Imperio de forma superficial: se importaron muebles europeos y se adoptaron algunas costumbres domésticas. El sultán Ahmed III mandó construir palacios y jardines a imitación de Versalles e importó flores de Holanda sobretodo tulipanes, por lo que su reinado fue conocido como la época de los tulipanes. También se autorizó que se imprimieran en lengua turca libros no religiosos y surgieron tratados de historia, de geografía y de lógica. Pero en general los otomanos se resistían al cambio y surgían muchas protestas contra la modernización, ya que consideraban que estos cambios estaban perjudicando al Imperio.

Las nuevas teorías que surgieron en Europa durante el siglo XVIII sobre asuntos gubernamentales, sociales y religiosos. Los estudios sobre las leyes de la naturaleza y los estudios filosóficos, fueron dejando al descubierto las injusticias de los sistemas políticos del momento. La Revolución Francesa de 1789 marcó un antes y un después en la historia y sus consecuencias afectaron tanto al orden público como al social. Se llevaron a cabo importantes reformas en Europa: Se Instauraron los derechos del hombre y se dignificó la clase media. Se proclamó la igualdad de derechos políticos y se suprimió el feudalismo. El imperio turco, no pudo permanecer al margen de las consecuencias que se derivaron de dicha revolución y se vio envuelto en el clima de cambios y de guerras que se vivió en Europa durante el siglo XIX.

Cuando Selím III (1789-1807) subió al poder el imperio otomano comprendía: la península de los Balcanes, toda Anatolia y los países árabes desde Iraq hasta el norte de África. El gobierno de Selím se vio envuelto en problemas importantes que pusieron  en peligro la integridad del Imperio.

 En la península arábiga el movimiento reformista wahhabí fue conquistando territorios, llegó hasta el golfo Pérsico y asedió el Iraq y el Hiyaz. Inglaterra ayudó a Selim a poner orden en la zona. En el año 1802 los wahhambíes atacaron la ciudad santa de Karbala y el mausoleo del Imán Husein. El sha de Persia intervino y quedaron bajo su protección estos lugares santos shiíes, pues consideraba que los otomanos los tenían un poco olvidados.

Los franceses con la intención de atacar las posesiones inglesas de la India, se interesaron por Egipto que consideraban base clave para su campaña. Napoleón, al mando de un numeroso ejército preparó la conquista y en julio de 1798 desembarcó en Alejandría y poco después derrotó a los mamelucos en la batalla de Pirámides y se apoderó de El Cairo. En 1799 pasó a Siria y derrotó a los turcos en el Monte Tabor, pero no pudo tomar San Juan de Acre. Las fuerzas armadas inglesas al mando de Nelson, ayudaron a los otomanos a defender sus territorios y en 1802 tras la firma de la paz de Amiens entre Francia e Inglaterra, Egipto fue devuelto a los otomanos.

Selím, tras estos incidentes creyó necesario mejorar su ejército y creó una nueva unidad que iba a ser instruida y entrenada por expertos europeos y que utilizaría las armas que ya había en Europa. Esta decisión no fue aceptada por los jenízaros que se sublevaron y asesinaron al sultán.         

Mahmut II (1808-1838) continuó con las reformas emprendidas por su antecesor: Envió embajadores a países europeos, impuso el traje europeo y el uso del fez y restableció el cuerpo militar creado por su antecesor. Este ejército fue entrenado por expertos europeos que practicaban sobretodo la disciplina y la táctica e introdujeron las armas usuales en Europa. Los jenízaros volvieron a rebelarse contra esa decisión del sultán. Mahmut decidió destruir el cuerpo de jenízaros y para ello provocó un enfrentamiento entre ambos cuerpos militares y la nueva fuerza bombardeó los cuarteles de los jenízaros y acabó con todos.

Dado que en un principio el nuevo ejército era aún poco numeroso, tanto los amigos como los enemigos del Imperio se quisieron aprovechar de su impotencia militar. Así Rusia promovió una nueva guerra que terminó con el tratado de Bucarest, por el que se anexionó la Besarabia y llevó sus fronteras hasta el Pruth. Volvió Rusia a declarar la guerra al Imperio, conquistó Silistra y en 1829 atravesó los Balcanes y llegó hasta Andrinópolis en donde firmaron la paz. Por la paz de Andrinópolis, Rusia consiguió el protectorado de Moldavia y Valaquia y la costa occidental del mar Negro.

En 1833 el bajá de Egipto, Mehmet Alí, se declaró independiente y conquistó parte de Anatolia, Siria y el sur de Arabia. Grecia también luchó por su independencia y con el apoyo de algunos países europeos, en 1830 consiguió ser un país independiente.

Tras esta serie de derrotas Mahmut comprendió que para poder competir con los Estados europeos tenía que llevar a cabo una serie de reformas y a partir de 1833 comenzó a reformar las estructuras del Imperio: Siguió aumentando la dotación del nuevo ejército, se crearon escuelas técnicas para preparar a la clase administrativa, se creó un cuerpo de escuelas primarias y se ampliaron las escuelas superiores. Se hicieron cambios en la organización del gobierno y se suprimieron las formas de autonomía.

Todas estas reformas fueron la base de otras más profundas que se realizaron durante al periodo del”Tanzimar”, bajo los gobiernos de Abdulmecid I (1839-1861) y Abdulaziz (1861-1876) y que concluyeron en el mandato de Abdulhamid (1876-1902): Se estableció un sistema burocrático centralizado. Los asuntos sociales, económicos y políticos pasaron a estar bajo el control del gobierno central y se abolieron las formas de gobierno y de administración anteriores. En cuanto a la justicia y a los derechos humanos, se legisló que todos los súbditos del Imperio eran iguales ante la ley, sin distinción de raza ni religión. Todos tenían los mismos derechos y que a todos se les aplicaría la ley de igual forma. Los impuesto pasaron a ser controlados directamente por el Estado y su importe pasó a ser proporcional a la fortuna del individuo. Cada localidad era obligada a aportar personal para nutrir el ejército, en el que servirían por un plazo de tiempo determinado. Con estas reformas el Imperio cambió sus estructuras: se fundó un Consejo de Estado, se confió la administración a los gobernadores, se suprimieron los mercados de esclavos negros y tanto los musulmanes como los cristianos compartieron cargos de responsabilidad.

Los países europeos seguían atacando las posesiones de los otomanos. El emperador de Rusia, Nicolás I, volvió a invadir el Imperio. En 1853 sus tropas atravesaron la frontera establecida en el Pruth, pero fueron vencidas por las tropas otomanas en las batallas de: Kalafat, Cetate, Oltenitza y Giurgevo y en 1854 los turcos cercaron Silistria. Inglaterra y Francia recelosas de la expansión rusa, ofrecieron su ayuda a los otomanos y una coalición de tropas inglesas, francesas, sardas y turcas desembarcaron en Crimea en el año 1855, sitió Sebastopol que se rindió después de año y medio de asedio. Los rusos obtuvieron victorias en el Caucaso y en Asia Menor y tomaron la fortaleza de Kars. Para finalizar esta contienda se firmó el tratado de París, por el que se declaraba zona neutral el mar Negro y se garantizaba la independencia del imperio otomano, quedando bajo su soberanía los principados de Moldavia y Valaquia. Estos principados lograron su independencia en 1878 y formaron el reino de Rumanía.

Los rusos seguían apoyando las revueltas dentro del imperio otomano. En 1875, alentaron el levantamiento de la población de La Herzegovina a la que se unieron Bosnia, Montenegro y Servia. Las tropas otomanas llevaron a cabo una sangrienta represión, lo que motivó un enfrentamiento con Rusia. Los rusos sitiaron la ciudad búlgara de Plewna, que tras valerosa resistencia, se rindió. Tras cruentas batallas entre los dos ejércitos, en el año 1878 se firmó la paz y por el tratado de Berlín, Rusia se anexionó parte de Armenia con la plaza fuerte de Kars y el puerto de Batúm. El territorio otomano en Europa quedó muy mermado: Servia y Montenegro se independizaron; Bosnia y La Herzegovina quedaron bajo el protectorado de Austria; la parte norte de Bulgaria pasó a ser un principado independiente y la parte sur quedó bajo el protectorado otomano con el nombre de Rumelia oriental; Grecia recibió la Tesalia.

El sultán Abdul Hamid (1876- 1909) tuvo que hacer frente en la isla de Creta a la insurrección de los habitantes griegos. Por este motivo en el año 1897 Grecia se enfrentó a los otomanos y sufrió una gran derrota. Concluida la guerra, la isla de Creta consiguió su autonomía bajo el gobierno de un príncipe turco.

En el año 1908 la sublevación del partido de los “jóvenes turcos” obligó al sultán a promulgar una Constitución liberal, pero un año después dicha Constitución fue derogada, lo que motivó que los jóvenes turcos volvieran a sublevarse y este descontento tuvo como consecuencia la destitución del sultán. Con la subida al poder de Mehmet V, se volvió a restablecer el orden constitucional.

Las naciones más poderosas de Europa recelaban entre sí de la expansión territorial y del poder que cada una de ellas iba consiguiendo. Inglaterra estaba seriamente preocupada por la expansión del imperio alemán y por el poderío militar y naval que estaba alcanzando. Esta situación provocó un clima de tensión y rivalidad. En 1914 se enfrentaron en una guerra en la que participaron naciones de todos los continentes, por lo que se consideró la primera guerra mundial. El imperio otomano no pudo ser ajeno a esta contienda y participó formando parte del grupo de los imperios centrales, junto a Alemania, Italia y Austria. No le fueron bien las cosas a estos imperios y los otomanos tuvieron que firmar la rendición, lo que tuvo como consecuencia el desmembramiento del imperio turco otomano: Egipto quedó bajo el protectorado inglés y por el tratado de Sevres de 1920, los otomanos perdieron definitivamente Siria que quedó bajo el gobierno de Francia. Palestina, Mesopotamia y Arabia, pasaron a depender de Inglaterra. En noviembre de 1922, tras seis siglos de existencia, se abolió el Imperio turco otomano y un año después  nació la república de Turquía.

 

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