LA HISTORIA DE YUSUF
Una mañana tras despertarse de un agradable sueño, el profeta Yusuf (José, a.s.) se dirigió hacia su padre Yacub (Jacob, a.s.) para contarle lo que había soñado y hacía tan feliz. Le dijo: "He visto en mi sueño once estrellas, el sol y la luna, prosternarse a mis pies" (Sura Yusuf - versículo 4).
Yacub (a.s.) visiblemente alegre le dijo a su hijo: "Hijo mío, ése sueño es verídico y prueba los signos que yo había visto en ti. Es una buena noticia que anuncia el favor y la sabiduría con la que Allah te ha gratificado, como hizo con tus ancestros Ibrahim e Isaac (a.s.) antes que a ti. Pero se discreto y no les cuentes a tus hermanos lo que te ha sido revelado en el sueño, ya que envidiarían la bienaventuranza que te he atribuido. No hacen otra cosa que murmurar de ti a tus espaldas, y si les confiaras tu sueño, no estarías a salvo del rencor y el odio que anidaría en ellos. Entonces maquinarán algo contra ti para tenderte una trampa, y causarte algún mal.
Yusuf (a.s.) por entonces era un joven de piel clara y porte hermoso, que ha todos gustaba de admirar. Su madre Rahil (r.a.), falleció cuando tan solo tenía 18 años, dejándolo a él y su hermano Benjamín huérfanos de madre. Éste hecho más el descubrimiento del futuro del que era merecedor Yusuf (a.s.), hacían que Yacub (a.s.) les reservara un afecto especial a ellos, y aunque procurara disimularlo tratando a todos sus hijos por igual, ese especial afecto hacia los hijos de su difunta esposa Rahil no escapó a la atenta vigilancia de sus otros hijos.
El resto de los hijos de Yacub (a.s.) reunidos en secreto, movidos por los celos y el odio, no encontraban ninguna justificación a la indignidad que les suponía la distinción en contra de ellos, respecto del afecto hacia los hijos de otra de sus esposas. Por lo que se conjuraron contra su hermano Yusuf (a.s.), barajando la posibilidad de asesinarlo y hacer desaparecer todo signo de él, o bien abandonarlo en un lugar lejano del desierto donde fuera devorado por las fieras o por las arenas del desierto. Así creían que conseguirían con el tiempo recobrar el afecto de su padre y con un simple arrepentimiento lavar sus culpas y ganar el favor de Allah.
Judas, que era el más perspicaz y razonable les dijo a sus hermanos: " Somos hijos del profeta Yacub (a.s.) y sobrinos del profeta Ibrahim (a.s.). Estamos dotados de razón y dominamos los asuntos religiosos. La muerte no es admitida por la razón y está prohibida según nuestra tradición. Yusuf es un muchacho inocente que no ha cometido ningún crimen o falta. Pero si estáis resueltos a tomar alguna medida para alejarlo, entonces arrojadlo en un pozo que se encuentra en Jerusalén, donde podrán encontrarlo los que por allí pasan. Podrá descubrirlo alguna caravana de viajeros que se lo lleven donde ellos quieran. Entonces habremos conseguido lo que deseamos, y habremos escapado a la deshonra y la vergüenza de su muerte".
Estuvieron de acuerdo con el plan y pasaron la noche conjurándose para decidir como llevar a cabo su ruindad.
Cuando se hizo de día, se presentaron junto a su padre y le dijeron: "Padre, ¿porqué nos nos confías a nuestro hermano Yusuf?, ¡Déjanos que nos lo llevemos!, y mientras nosotros cuidamos los corderos y nos ocupamos de la tierra, el podrá jugar o correr. Si le dejas, no has de preocuparte, ya que cuidaremos de que no le pasa nada.
Yacub (a.s.), que temía las consecuencias les respondió: "Me causaría pena ver a Yusuf lejos de mis ojos. Temo que si os acompaña, un lobo de con él por casualidad a vuestras espaldas y lo aprese, matándolo o devorándolo, causándome un dolor imborrable".
Respondieron: "Un lobo no se atrevería a atacarlo estando rodeado de tantos como somos, y para que tal cosa sucediera tendríamos que ser unos cobardes, no siendo ese el caso, nada tienes que temer por él".
Yacub (a.s.) les dijo entonces: "Os concedo lo que me pedís, pero con la condición de que veléis por él, y que Allah os acompañe en todo lugar.
Entrada la mañana, Yusuf (a.s.) les acompañó, dirigiéndose todos hacia el pozo. Cuando lo alcanzaron, el rencor que dormía en sus corazones se avivó, endureciendo sus corazones. Le despojaron de su camisa y lo arrojaron al pozo, abandonándolo a su suerte, indiferentes a sus dolorosas suplicas y amargas lágrimas.
Creían de esta manera que su odio se mitigaría, y que la atención de su padre hacia ellos mejoraría, ya que con el paso del tiempo y la atención de todos, el dolor por la ausencia de Yusuf (a.s.) pronto desaparecería.
Regresaron junto a su padre, planificando sus mentiras y preparando las excusas. Fingiendo llorar, le enseñaron la camisa de Yusuf (a.s.), falsamente manchada de sangre, creían que esta prueba sería por sí sola lo suficientemente convincente para apoyar sus argumentos y sinceridad.
Le dijeron: "Lo que temías ha ocurrido. Dejamos a Yusuf guardando nuestras cosas. No creíamos que un lobo pudiera causarle algún mal, pero le encontró solo y le atacó devorándolo. Aquí tienes su camisa manchada de sangre. Desgraciadamente aunque no nos creas, decimos la verdad".
Yacub (a.s.), vio que todo era una maquinación, quedando demostrada la naturaleza del complot. También sabía que Allah tenía un plan reservado para sus hijos y que sin lugar a dudas sería ejecutado. Entonces les dijo: "Vuestras almas os han incitado ha hacer el mal, y la envidia os ha impulsado hacia lo mismo. Pero la resignación es mi único recurso hasta que seáis desenmascarados y las consecuencias de vuestros actos aparezcan. Allah, que está al corriente de todo, sabe de vuestra trasgresión".
Mientras tanto Yusuf (a.s.) permanecía en el pozo cubierto por la oscuridad y el silencio. Pero la misericordia de Allah le favoreció. La adversidad en la que se encontraba sería desecha por Allah, que se le reveló diciéndole: "Se paciente y mantente firme. Encontraré una salida a tus desdichas y transformaré tus preocupaciones en alegría. Te ayudaré contra tus hermanos aunque después de algún tiempo". Entonces las preocupaciones de Yusuf (a.s.) se evaporaron, recuperó su ánimo y esperó la orden de Allah.
Entonces Yusuf (a.s.) escuchó a lo lejos voces confusas y ruidos imprecisos. Las voces cada vez se acercaban más y se hacían poco a poco más claras, mientras que los extraños sonidos le hicieron comprender que se trataba de una caravana.
La caravana se detuvo cerca del pozo y Yusuf (a.s.) pudo llegar a reconocer las voces del jefe de la misma. Vio como un hombre lazaba un cubo al pozo y a el se agarró.
La sorpresa de aquel hombre fue mayúscula al ver como un muchacho se enganchaba a la cuerda. Le gritó: "¡qué encuentro más feliz, si eres un muchacho!.
Los que por allí andaban se a apresuraron a rescatarlo, poniéndose de acuerdo sobre la posibilidad de llevárselo consigo a Egipto y allí, venderlo como esclavo.
La caravana retomó su marcha hasta que llegaron a Egipto. Una vez allí, pusieron en venta a Yusuf (a.s.) en un mercado de esclavos y lo vendieron por un vil precio (por alguna insignificante moneda ya que no obtuvieron más por él. sura de Yusuf, versículo 20), por miedo a que el secreto de su hallazgo se supiera.
Yusuf (a.s.) fue comprado por el encargado de palacio, y hombre más influyente en Egipto (Al-Aziz). Vio en él los signos reveladores de su noble origen, por lo que le dijo a su mujer: "Me parece este muchacho, tras observar lo calmado de su carácter, que procede de una noble familia. Trátalo bien, y sobre todo no lo desaires como al resto de la servidumbre y no le golpees como a un esclavo. Espero que cuando alcance la edad adulta pueda sernos útil, entonces nos alegraremos de haberlo tomado como a un hijo".
Yusuf (a.s.) se acomodó a su nueva situación en la casa en la que era acogido y trabajó con total entrega y lealtad a su nuevo maestro, encontrando entre los habitantes de Egipto nuevos amigos y parientes. Ganándose con el tiempo, cada vez más, la confianza de al-Aziz, que lo consideraba como a uno de los suyos.
Dejada atrás la juventud, Yusuf (a.s.) atraería la atención de la mujer de al-Aziz, que vigilaba sus idas y venidas, y suspiraba por un amor secreto que se rendía a la belleza de su pupilo. Aunque luchaba contra su deseo, la pasión que por él sentía la lanzaba a flirtear e intentar seducirlo, para que se rindiera a sus encantos.
Yusuf (a.s.) que no hacia caso a las insinuaciones de la esposa de al-Aziz, la evitaba consciente del mal que ocasionaría en la familia que lo había acogido. Pero mientras más la evitaba, más intenso era su deseo, llegando a declararle abiertamente su pasión.
Desesperada por la pasión que la agitaba, la esposa de al-Aziz, mandó llamar a Yusuf (a.s.) a su alcoba corriendo las cortinas y cerrando las puertas tras él, una vez se encontraba dentro, le dijo: "¡Soy tuya!". Yusuf le contestó: "Que Allah me preserve de rendirme a tus deseos y hacer lo que me ordenas. Está lejos de mí traicionar a mi señor al-Aziz, que me ha acogido y tratado con generosidad. No soy un ingrato.
La esposa de al-Aziz no podía soportar semejante humillación para su orgullo y permitir semejante afrenta. Se abalanzó sobre Yusuf (a.s.) propinándole golpes sin descanso. Pero en esos momentos Yusuf (a.s.) sintió la iluminación de la profecía que le revelaba: " Lo mejor es evitar el combate, mantener la paz es mejor que luchar". Por lo que intentó zafarse de ella hasta llegar a la puerta, aunque está le rompiera la camisa.
Ya cerca de la puerta apareció al-Aziz, viendo el estado de exaltación de su mujer y el estado de la camisa de Yusuf (a.s.). Como todas las evidencias acusaban al sirviente, la frustrada esposa aprovechó la ocasión para acusar a Yusuf (a.s.), diciéndole a su marido: "Yusuf no ha velado por tu mujer y te ha traicionado. Ha intentado seducirme (que se merece el que ha querido deshonrar a su familia, sino ser encarcelado y sufrir una pena ejemplar). (Sura de Yusuf, versículo 25)
Yusuf (a.s.) no tuvo más remedio que decir la verdad sobre lo que le había ocurrido diciéndole a al-Aziz: "Ha sido ella la que ha intentado incitarme a cometer semejante deshonor y me ha destrozado la camisa, esta camisa es la prueba de mi sinceridad".
En ese momento y mientras discutían sobre el asunto, el cocinero de la mujer entró en la habitación y percatándose de lo que allí ocurría dijo: "Si la camisa de Yusuf estuviera destrozada por delante, deberías creer a tu mujer y Yusuf sería un mentiroso, pero si estuviera destrozada por detrás, Yusuf diría la verdad y mentiría tu esposa".
Cuando vieron que la ropa de Yusuf (a.s.) estaba rota por su parte posterior, comprendieron la veracidad de las palabras de Yusuf (a.s.). Entonces al-Aziz dirigiéndose a su esposa le dijo: "¡Esta ha sido una injuria de la que has de arrepentirte!. Y tu Yusuf, ¡abstente de comentar nada sobre éste incidente!".
Aun así, este asunto se difundió por toda la ciudad y entre todas las mujeres del palacio, comentándose como la mujer de al-Aziz se había encaprichado de su joven sirviente hebreo, seducida por su encanto, y como enloquecida por el amor se había ofrecido a él rebajándose hasta su nivel, para ser por él rechazada, provocando en ella un estado tal de desesperación que aunque procurara ocultarlo le traicionaban las lágrimas.
Los rumores se fueron difundiendo por todas partes y tomando distintas interpretaciones hasta que llegaron a los oídos de la mujer de al-Aziz, que tuvo conocimiento de como todas sus amigas y mujeres de su edad hablaban de ello exagerando los hechos. Ella debía hacer algo para anular todas aquellas murmuraciones y acusaciones. Un día invitó a todas sus conocidas a un festín en el palacio, les ofreció a cada una de ellas fruta y un cuchillo. En aquel preciso instante ordenó a su sirviente Yusuf (a.s.) que se presentara ante ellas. Al presentarse ante ellas, la presencia de Yusuf (a.s.) las deslumbró y las turbó, tanto, que tuvieron que soltar todas los cuchillos tras haberse producido cortes en las manos. Todas exclamaron: "¡Gloria a Allah y sus criaturas! (Sura de Yusuf - 31).
La mujer de al-Aziz les dijo entonces: "Este es Yusuf, el hombre que me ha valido vuestros reproches, y la causa de que murmuraseis sobre mi. Tal como estáis ahora después de haberlo mirado furtivamente, como entonces podéis reprocharme nada. Yo le veo cuando se asea, come y bebe, cuando trabaja o descansa. Me encuentro sola con él de día y de noche. Me he plantado ante él con todos mis adornos y lo único que he conseguido es que se diera la vuelta por pudor, sin arrojarme ni siquiera una mirada de reojo. No oculto que me he entregado a él, pero me ha rechazado. Tampoco puedo ocultaros que no puedo soportar su rechazo y controlar mi corazón, cuando éste ya no me pertenece y me ha robado el alma. Las noches se me hacen muy largas ya que me ha robado el sueño de los parpados. Y aún así, él se obstina en resistirse a mi pasión, ya que me he deshonrado y humillado ante las gentes, le haré encarcelar en el lugar más siniestro de la prisión hasta que pierda su juventud en la oscuridad de su celda, o bien le haré torturar para que sienta en su cuerpo y en su alma un dolor sin igual. Tengo estas dos soluciones, que él escoja pues la que mejor le convenga".
Las mujeres que habían sido testigos del poder encantador de la belleza de Yusuf (a.s.), y conocedoras como eran del poder de la mujer de al-Aziz, se pusieron del lado de ella contra Yusuf (a.s.). Una de ellas le dijo a Yusuf (a.s.): "¿Dime noble joven cual es la causa de tu rechazo y resistencia? Eres un hombre hecho y derecho que debería estar con una mujer y disfrutar de los placeres carnales que ella te ofrezca. Otra mujer continuó diciéndole: " Pon su amor de tu lado, aprovéchate de su poder y fortuna, de su rango y dignidad, no sabes que todo lo que se encuentra en éste palacio te ha sido ofrecido para causarte placer, y que tan solo tienes que responder a su llamada. Añadiendo una tercera mujer : "Si no deseas su belleza ni aspirar a su fortuna, debes temer sus amenazas de encarcelarte indefinidamente y hacerte sufrir un suplicio sin fin, si eres dócil y abandonas tu obstinación, habrás ganado tanto su belleza como su fortuna, y evitaras la desgracia de la prisión y la tortura".
Ellas pensaban que con sus argumentos alcanzarían a cambiar algo en el ánimo de Yusuf (a.s.), que acosado entre las promesas y las amenazas, empezó a sentir como el temor le oprimía su corazón. Entonces le imploró a Allah que le evitara la desgracia y alejara de él las perfidias de las mujeres. Yusuf (a.s.) dijo: "Allah, prefiero la prisión, a la infamia a la que estas mujeres me quieren arrastrar, si no me libras de su tentación, sucumbiré y volveré a caer en la ignorancia" (Sura de Yusuf, versículo 33).
Aunque todas las pruebas indicaban claramente su inocencia, testimoniando su lealtad y honestidad a Al-Aziz, que además estaba seguro de su inocencia, no pudo dejar de atender a los requerimientos de su mujer que le pidió que la socorriera, diciéndole: "Yusuf me ha traído el escándalo y deshonrado injustamente. No encuentro otra solución para vengar mi honor y apaciguar mi cólera, que el que lo encarceles". Al-Aziz asintió a sus palabras y mando ejecutar su orden, encarcelando a Yusuf (a.s.) aun siendo inocente de todo0 acusación.
continuará