Sáhara
Las bombas matan
Gonzalo Moure Trenor
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http://www.gonzalomouretrenor.es/ |
El
día 19 de enero el diario El País ofrecía una pequeña noticia que contenía
una gran infamia: nuestro gobierno ha “regalado” a Marruecos unas extrañas
máquinas que sirven para dejar caer bombas desde los aviones con suma
facilidad. Hace 32 años, los aviones marroquíes dejaron caer bombas sobre
población indefensa en Um Draiga, un enclave en el que murieron miles de
ancianos, mujeres y niños, en camino hacia el exilio. Bombas de napalm y de
fósforo. Algunas mujeres aún conservan en su pecho la terrible cicatriz en
forma de cuerpecito humano: se las hicieron tratando de apagar a los niños
que ardían bañados en fósforo y fuego. La siguiente caída de bombas desde
aviones marroquíes tuvo lugar en 1991 sobre Tifariti: sobre escuelas y
hospitales construidos con enorme esfuerzo para acoger a la población que
tenía que acudir allí a votar en el referéndum de autodeterminación de la
ONU. Fueron aquellas bombas las que acabaron con el referéndum y con el
sueño de recobrar su tierra. Y ahora mi gobierno “regala” a esos mismos
militares sofisticados ingenios para despachar más bombas por minuto. Siento
vergüenza y dolor. Nos preocupa más la caída de la bolsa que la caída de las
bombas. Nos preocupa más el despegue de los precios del pan que el despegue
de los aviones de guerra. Nuestro gobierno no “regala”: ofrece los cuerpos
de los saharauis en el altar de los sacrificios, para acallar a la bestia:
para que no quite los privilegios a las empresas españolas que fabrican en
Marruecos pagando sueldos de hambre. Por el dinero, por lo más vil.
Vergüenza, dolor y asco. Mire, señor
espía, tome nota también: quinientos niños de un colegio de Pontevedra (el
San Narciso, de Marín) decidieron enviar un bibliobús a los campamentos de
refugiados para que los niños saharauis tengan libros de lectura en
castellano. El bibliobús se va a llamar Bubisher, y ya está siendo pintado
con colores de vida. Para lograrlo, cada niño se priva de un capricho
pequeño una vez a la semana y deposita treinta céntimos de euro en una caja.
Cada año ingresan entre todos un cheque de 3.000 euros. Para bombardear con
libros y cultura las escuelas. Yo, me apunto a ese bombardeo.