La
última gran operación de Infante y los suyos será la acción hacia el Estatuto
de Autonomía Andaluz. La
Confederación del 31 inventa la palabra mágica «integral» para desechar la
Federación y mantener un Estado Centralista en el que, «los Estatutos quedarían
supeditados a las específicas y bastante estrechas normas, que fijaba el Título
I, art. 8-22» (Lacomba). «El debate del Estatuto Catalán, puso de manifiesto
la dura oposición al hecho autonómico por parte de todos los grupos a excepción
de los partidos regionalistas» (Lacomba).
Pero
«son los que se lanzan con todo entusiasmo a la campaña pro Estatuto» (Lacomba).
Infante escribe: «Nosotros aspirábamos a un Estado Libre en Andalucía» (Tablada,
60).
Está refiriéndose a lejanos antecedentes, había afirmado en 1919: «La
Asamblea Regionalista de Ronda (1918) proclamó a Andalucía como una realidad
nacional, como una patria», «declarémonos separatistas de este Estado que nos
descalifica» y «los verdaderos separatistas son ellos», «los Poderes
Centralistas, depredadores, caciquistas, que deberán ser abolidos» (Manif.
Córd.,
ed.
79, pp. 56-59 passim). «Sí,
nosotros aspirábamos y aspiramos y seguiremos aspirando a un Estado Libre en
Andalucía» (Tablada,
p. 60).
«¿No proclamó su República Cataluña? Pues, ¿cómo va a ser delito en el
Sur, un hecho lícito en el Norte, acatado por el poder público?» (Tablada,
p. 607),
dice agudamente.
Planteado
diáfanamente el tema, las Juntas Liberalistas, al mes de proclamada la República,
piden a la Diputación de Sevilla una asamblea de las Diputaciones andaluzas
para que elaboren un proyecto de Estatuto. El 6 de Julio de 1931, se celebra con
urgencia para adelantarse a la acción constitucional restrictiva de las
Constituyentes (Crisol,
M., 18-VII-31).
Las Bases para el Estatuto se acuerdan por fin en nueva reunión de las
Diputaciones de Sevilla el 26 de Febrero de 1932. Del 29 al 31 de Enero de 1933,
se celebra en Córdoba por iniciativa de los liberalistas La
Asamblea de las ocho Diputaciones, diputados
andaluces en Cortes, 507 Ayuntamientos y 78 entidades obreras y culturales de
toda Andalucía. Comenzada ya, la controversia sobre su propia oportunidad está
a punto de su disolución y aplazamiento. Infante reacciona hábilmente llevando
el tema a otro plano: propone la inmediata erección de una Junta Regional para
modificar la Ley Agraria y crear centros culturales en todo el País Andaluz.
Sorpresa de los asambleístas. Unidad final: acuerdan el Anteproyecto de Bases
para el Estatuto.
El
12 de Enero, una aldea andaluza -Casas Viejas- proclama el comunismo
libertario. La represión es durísima. El 2 de Febrero, Eduardo Ortega y Gasset
plantea en las Cortes el tema Casas Viejas. En Septiembre, cae el Gobierno Azaña.
Las elecciones de Noviembre traen el triunfo de las derechas con Lerroux, que
detiene todo el proceso autonómico.
¿Cómo
era el documento aprobado en Córdoba? Lacomba lo llama «difuso, poco
elaborado, falto de precisión, más próximo a un proyecto de Mancomunidad que
a un Estatuto». El texto arrastraba un mal de origen (la ponencia de la
Diputación de Sevilla en 1931) y se agravaba «por una falta de auténtica
voluntad estatuaria por parte de los partidos que controlaban los organismos
oficiales» y por «ser fruto de muchas transacciones» (Lacomba).
A
propósito de la redacción originaria del año 31 había escrito Infante
entonces «Los amigos, liberalistas han venido a escribirme protestando del
Estatuto redactado para Andalucía. Ruego a estos amigos que no se apasionen,
que consideren que el Proyecto de Estatuto es eso, únicamente un Proyecto, obra
de una ponencia nombrada por la Diputación de Sevilla» (Tablada,
p.
94). Y también: «Como dice la nota a nuestro delegado en Granada, nosotros,
los liberalistas, no hemos tenido arte ni parte en la redacción de esa
ponencia... La Junta no fue citada, no obstante que el que esto escribe había
sido nombrado delegado por la Diputación de Jaén» (Tablada,
pp.
94-95 passim).
Casés-Carbó
escribiría «a Blas Infante i als seus deixebles abnegats: L'Estatu d'Autonomía
de 1`Andalusía está en marxa. Aquest Estatut no pot ser similar a 1`Estatu
Catalá. A Catalunya, totes les ciutats, viles i comarques senten como capital
propia, Barcelona. A Andalusía, el cas és ben diferent, car dins la unitat
geográfica, histórica i actual del país andalús, hi ha modalitats distintes»
(cita de O. Lanzagorta, p. 352, passim). No podía ser igual al Estatuto Catalán,
«salvo en una soberanía igual en intensidad», (Manif.
Córd., p. 60).
Resultó
«muy alejado a las Bases de las Diputaciones y del esquema de Blas Infante y
bastante próximo a la línea del de Cataluña de 1932» (Lacomba). Las prolijas
determinaciones de Infante para el Estatuto aparecen en Tablada,
pp.
94-98.
El
documento era lo opuesto a la constante postura de Infante municipalista,
social, descentralizadora en la misma Andalucía, etc. Porque «Andalucía no
puede hacer un Estatuto al modo catalán» (declaraciones de Infante, El Liberal,
21-I-33,
p. 6). «Andalucía no ha copiado ni copiará jamás a ningún otro pueblo.
Sabe crear originalmente» (Tablada,
p. 62). «Cataluña
es más Europa que Andalucía» (Id., p. 63).
«A
Andalucía corresponde un Estatuto verdaderamente federalista, es decir, de
abajo a arriba y no de arriba a abajo, como el Catalán» (Tablada,
p. 97).
«Pese
a ello, Blas Infante y las Juntas Liberalistas, lo apoyarían decididamente» (Lacomba). La llamada Revolución
de Octubre en
Asturias y la declaración por Campanys de la independencia catalana provocan
nueva congelación del proceso estatuario.
El
nuevo intento, 1933
En
Junio de 1933,
«patrocinado
por la Junta Liberalista» se crea «el organismo Acción Pro-Estatuto. Está
formado por uno de los Consejos de la Junta Liberalista con la colaboración de
elementos pertenecientes a sindicales obreras, partidos políticos de ideologías
diferentes y entidades económicas y culturales». Observa Alvarez Ossorio: «Toda
la persecución difamatoria sobre el andalucismo se derivaba del firme propósito
de la Junta Liberalista, de llevar a cabo la difusión del anteproyecto de
Estatuto por sus propios medios» (cita Lanzagorta).
Infante,
por mandato de Acción
Pro Estatuto Andaluz, firma
su Manifiesto
a todos los andaluces. Lo
fecha el 15 de Junio de 1936.
«Es
el último y dramático documento escrito por él» (O. Lanzagorta). Merece un
detenido estudio.
Se
trata de una llamada a «los andaluces de todas las ideologías». Insiste en
la movilización unitaria del Manifiesto cordobés de 1919.
En
aquél, de su unitarismo, vimos que sólo excluía a la «seudo intelectualidad»
mientras apelaba «principalmente a las clases obreras». En este de Junio del 36,
el
carácter unitario aparece mucho más matizado:
1.°
«Por la conveniencia común de la empresa autonomista», no excluye «programa
religioso, político o societario alguno», pero la acción unitaria queda
limitada a «unos días», «sin perjuicio de que, una vez conseguida la
autarquía de nuestro pueblo, cada uno de los andaluces o cada grupo político u
obrerista mantengan sus particulares puntos de vista». Con ello, quedan
excluidos los amigos de una ingenua unidad permanente.
2.º
Se dirige también a «los nacidos en cualquier país y que viváis en Andalucía»
porque «en Andalucía no hay extranjeros». Así, quedan fuera de la
convocatoria los chovinistas.
3.°
«Este llamamiento es españolista» porque «Andalucía es esencia de España»
y «tanto necesita España como Andalucía, el que esta última llegue a autarquía».
Por eso, no cuenta con separatistas si los hubiere.
4.°
Pero no se invoca un españolismo irreal, que es en verdad «común esclavitud
de todas las Regiones de España vencidas por la influencia extranjera,
uniformante y centralista». «Caben en la Acción Pro-Estatuto» «los
movimientos autonomistas más o menos vehementes». Y afirma audazmente: «Españolista
fue el gesto, acaso violento, de Cataluña en 1931 cuando llegó a arrogarse o
decretarse a sí misma un régimen autonómico». A1 momento, califica de españolista
«la
aspiración aquel mismo año a establecer el Estado Libre de Andalucía», «como
españolista ha sido también el plebiscito vasco», «la preparación del
gallego», «las inquietudes de Valencia», «la preocupación de castellanos y
leoneses».
5.°
Acción unitaria, sí, pero limitada a los que «acaten ineludiblemente la
Constitución de 1931». De entrada, quedan así fuera, todos los antirrepublicanos.
6.0 La interpretación de la Constitución cuyo texto es
ambiguo sostenida por el Manifiesto
es
la de «España, República federable», «Estado Federativo por esa
angustiosa necesidad de un Estado Federalista». «Es imposible restaurar el
Estado centralista», «causa principal del fracaso de todos los gobiernos
españoles en lo que va de siglo». Republicanos unitarios, centralistas de todo
color, regionalistas falsos (que sólo pretenden descentralización
administrativa), no entran en el unitarismo a que convoca.
7.°
«Todas las Regiones deben ser autónomas», «por evitar el privilegio» y
defender la «igualdad de todos los pueblos», sin que ninguno «siga
vergonzosamente como colonia». El llamamiento se limita a los defensores de
generalización del proceso de federación. Tan dialectizado Manifiesto
incluye
una última urgencia: « Desdeñasteis el grito de la Asamblea Andalucista de
Ronda el año 18. No desatendáis ahora nuestra voz», «vosotros, acostumbrados
a servir de espectáculo "como aquel hijo robado a sus padres
nobles" por los titiriteros al que, mutilándole los labios con una
cuchilla,
condenaron a reír en el Circo eternamente, forzada, trágicamente, en grotesca
caricatura. Concluyó el Circo».
Continua
el circo: fracaso del Estatuto
Una
labor tan entusiasta por el Estatuto, fracasó. ¿Cuál fue la causa?. Infante (Manus.
C-17) escribe que «es algo difícil de expresar lo que es causa en Historia».
«Causa, en Filosofía, es un principio motor; en Física, una ley; en Historia,
un organismo». «Del mismo modo que la Música se constituye por sonidos de
mutua evocación, que giran alrededor de un sonido principal, la tónica»,
causa histórica es la fuerza de un complejo de hechos progenitores
-condicionamientos- que se organizan articulados en torno al núcleo de un
suceso principal. "Tal suceso, integrando todos esos hechos condicionantes
y condensando su energía, tiende a
perpetuarse.
¿Cuál
fue ese suceso
principal que
nucleó cada uno de los hechos de 1931-36, hasta perpetuar
la
falta de un Estatuto Andaluz? Los conocemos. ¿Cuál destaca entre ellos con
fuerza de tónica dominante? Sin pretender un orden valorativo, aparecen los
siguientes: 1.°, Ausencia de, al menos, un fuerte partido autonomista; 2.°,
Desinterés, más bien, oposición de los partidos de derecha e izquierda; 3.°,
Absentismo de los partidos políticos andaluces; 4.°, Debilidad de la
conciencia andalucista; 5.°, Levantamiento militar del 18 de Julio.
1°.
Faltaron organizaciones nacionalistas. El
intento de Infante por «agrupar en el Partido Republicano Federal» a los
andalucistas históricos no tuvo éxito. «Empeñada la Junta Liberalista desde
hace mucho tiempo, en una paciente y oscura labor integral andalucista» (A
todos los andaluces, 15-VI-36),
este unitarismo dio resultados contrarios al propuesto.
Los
especialistas de más variadas tendencias coinciden en afirmar la ausencia de
grupos andalucistas: «Juan Antonio Lacomba, en las III Jornadas de Estudios
Andaluces en Granada, suscitó una gran polémica cuando afirmó, en el caso
autonómico andaluz, que el retraso que sufrió Andalucía en la II República
fue debido a falta de un partido de exclusiva obediencia andaluza. Algo que no
sucede hoy» (Cambio
16, 28-X-1979).
Faltó «un partido político regionalista que fuera soporte y vehículo del
problema andalucista» (Lacomba, Cuatro
textos políticos andaluces (1883-1933), Granada,
79, p. 124), «que asumiese el Estatuto como bandera» (Lacomba, Aproximación
a la Historia de Andalucía, Laia
79, pp. 325-326). «En Cataluña, en el País Vasco, incluso en Galicia, fue un
partido el que aglutinó en torno al Estatuto las demás fuerzas sociales» (Lacomba,
La
lucha por la autonomía andaluza, Jaén,
78, p. 21). «En el fondo, el problema del Estatuto durante la Segunda República,
fue la ausencia de una organización política auténticamente andaluza» (A.
Burgos, rev. Triunfo,
17-I-76).
Porque «no bastan los programas, los manifiestos, las soluciones por perfectas
que sean, si no se cuenta con la fuerza social y política imprescindible para
llevarlos a la práctica (J. Aumente, Comentario
al Manifiesto Andalucista de Córdoba de 1919, Sev.
79. p. 51).
El
mismo Infante había profetizado inconscientemente esta situación cuando
comentaba el caso de Joaquín Costa en 1916: «Ningún grupo organizado de
hombres hay que, continuando la obra de Costa, renueve las siempre vivas en su
tumba» (La
obra de Costa, Sevilla,
1916, p. 8).
2.°
Oposición
de los partidos de derecha y izquierda. «La
pequeña burguesía no colaboró y los partidos de la derecha la rechazaron»
(la autonomía) (Lacomba, El Correo
de Andalucía, 30-X-1979).
En Tablada...
(p.71),
había
reseñado el mentor del andalucismo: «Aquí, los plutócratas, y los
tradicionalistas, no lograron amparar con el nombre regionalista ni con los estímulos
patrióticos regionales que ese nombre despierta, sus eternas vindicaciones
proteccionistas y de resurrección de valores históricos, pasados, etc.».
«Los
partidos de izquierda dieron su espalda al movimiento de Infante, preocupados
por otros problemas más acuciantes como fue el paro» (Lacomba, El Correo
de Andalucía, 30-X-79).
«El profesor Linz analizó en las III Jornadas
de Estudios Andaluces, el comportamiento de la izquierda en relación con las
autonomías, en un principio hostil y que ahora -1979- es de complacencia»
(Id., p. 5). «Faltaba auténtica voluntad estatutaria por parte de los
partidos que controlaban los organismos oficiales» y «los partidos obreros
centralistas (fundamentalmente los socialistas; luego también, comunistas)
eran nada proclives en el primer tercio del siglo XX a las reivindicaciones
autonómicas... » (Lacombá, Cuatro
textos políticos andaluces, Granada,
ed. 79, p. 124).
Según
recoge Ideal
(29-I-33),
reunidas en la Diputación granadina «las fuerzas vivas de la ciudad», «el señor
Carreño dice que la Agrupación Socialista de Granada acordó por unanimidad
manifestarse contra el Estatuto». ABC
de
Sevilla (1-II-33, p. 21) refiriéndose a la Asamblea colaboradora del Proyecto
de Estatuto, titula «Vivo incidente en Córdoba entre el diputado señor García
Hidalgo y don Blas Infante» y recoge: «Escuchamos el singular diálogo (entre
ambos): -El Sr. García Hidalgo: Protesto por ese viva a Andalucía Libre». -El
Sr. Infante: ¿Qué quiere Ud. que dijera, viva Andalucía esclavizada?, -El Sr.
García Hidalgo: «Bastaba con haber dicho viva Andalucía, o viva Andalucía
española; porque con este viva Andalucía libre, no veo posibilidad de
Estatuto Andaluz».
De
entre los Diputados del PSOE, emerge Hermenegildo Casas, Presidente de la
Agrupación Socialista de Sevilla, que presidió la Asamblea a título de
Presidente de la Diputación de Sevilla porque «él tenía que hacer constar
que su partido estaba ausente y su intervención sólo la hacía como presidente
de la Diputación de Sevilla» (La
Voz, Córdoba,
31-I-33). En el Noticiario
Sevillano (2-II-33)
dicen de él: «Ese regionalismo de laboratorio que andan predicando por ahí
Blas Infante y sus amigos, ha sido ahora tomado en serio por Hermenegildo
Casas, que se imagina ser el Maciá Andaluz». Casas batalló como gran
andalucista. En la Asamblea de Córdoba dijo: «No tienen derecho algunos a
hablar de broma del movimiento andalucista y no es bien nacido el que así lo
interprete. Es una obra metódica, razonada y serena. Estamos a tiempo de la
reorganización de Andalucía (ABC
Sevilla,
I-II-33, p. 21). «El Señor Casas, concejal y diputado a Cortes en las
Constituyentes y en las actuales, hoy separado del partido Socialista y
afiliado al Radical Demócrata... », se lee en la revista Reforma
Social, n°
4, Julio 1934. En la escribanía de Infante, en su villa de Coria, se conservan
dos cartas de Casas desde el exilio mejicano interesándose por libros del
mentor del andalucismo. «Las reservas del PSOE. -dice Lacomba- ( Revista
de Estudios Regionales. Extra,
Vol. II, 1980, pág. 82. nota, 28). Se comprueban leyendo El Socialista
de
los meses que duró el debate o en el libro de L. Jiménez de Asua, La
Constitución de la democracia española y el problema regional, B.
Aires, Losada, 1946». Véanse también los números de La
Voz,
Córdoba, correspondiente a los días 7, 16, 18 y 26 de Noviembre de 1932 y 27
de Enero de 1933.
3ª.
La
desunión entre las provincias. Este
dato puede afirmarse, al menos, a nivel de buen número de los representantes en
la Asamblea Estatutaria del 33. Allí se insistió por delegados
pertenecientes a partidos y Administración en que sus prudencias autonomistas
se debían a la falta de conciencia andalucista en parte de las provincias. Los
demás asambleístas respondían dando la vuelta al argumento: en los casos en
que tal conciencia no se manifestaba, se debía a la ausencia de «auténtica
voluntad estatutaria» (Lacomba).
El
Presidente de la Asamblea, Casas, afirmó: «A pesar de que se diga que en
Andalucía no existe ambiente andalucista, el archivo de la Comisión
organizadora, registra pruebas fehacientes de un hondo anhelo descentralizador»
(La
Voz, Córdoba,
31-I-33). «El Secretario, Andrés Vázquez, dio cuenta de las representaciones
que asisten: Diputaciones, 68 de entidades y sociedades, 507 Ayuntamientos, 16
diputados en Cortes». Casas hace ver a la Prensa que, con el número de
adhesiones, se llega a las 729 representaciones.
En
el transcurso de la Asamblea hubo un total de 19 oradores; de ellos 10 decididos
partidarios de una autonomía inmediata y 9 retardatarios «hasta que aumente la
conciencia regionalista del pueblo». Esta lucha, unida «al difícil trance
del llamado "bienio negro", preponderantemente derechista, generó
el desencanto político en muchos que habían seguido al andalucismo» (Ruiz
Lagos). Infante acusó también el golpe. Su tan citada Carta
Andalucista de
Septiembre de 1935 es un texto dolorido, hasta despechado: Ortiz de Lanzagorta
parece acertar mejor cuando escribe que este documento «no era más que un
gesto de rabia producido por su crisis de reflexión y soledad», que al
calificarlo «testimonio postrero de un pensamiento desengañado», «epílogo
ideológico de su vida». No hay tal cuando asistiremos aún, y a pesar de todo,
a la frenética actuación de Infante en los once meses que le quedan de vida,
cuando leeremos el Manifiesto
a todos los andaluces y
escucharemos su gallardo grito muriendo.
Sí
es un texto «dolorido», hasta despechado («Ese pueblo tiene ahora lo que se
merece. Es quien elige ahora, pues bien: que sepa elegir». «Nada debo a ese
pueblo. Ningún liberalista, tampoco. Nada nos dio él; nosotros todo se lo
dimos. Allá ese pueblo con sus representantes»). E129 de Agosto de 1931 había
deseado decir lo que ahora ha dicho: « ¡Quién pudiera decir a la muchedumbre:
allá tú con tus politicastros! Pero, dentro de, ella y cercándola, está el
caos» (Tablada,
p.
119). Hay un formidable alegato sólo posible desde la ética política que sabe
nadie capaz de negarle: «Esto es soberbia ¡ya lo creo!, pero soberbia de
humildad sin destaque de cargos políticos, los cuales no ocupó jamás (...)
en esta desventurada República de trabajadores parados».
4.°
Absentismo de los políticos andaluces. «Cuantos
más andaluces llegan al poder en Madrid, menos poder tiene Andalucía»
(Acosta). «Entre 1833 y 1855, hubo nada menos que 66 ministros andaluces,
frente a los veintiocho castellanos, dieciséis gallegos, catorce vascos, doce
extremeños, once asturianos, y diez catalanes. En aquellos períodos durante
los cuales se fue consumando el hundimiento andaluz, siempre hubo hombres
fuertes nuestros en los poderes centrales» (Aumente).,
La
ocasión estatutaria del 33-36, con Alcalá Zamora, Fernando de los Ríos, etc.
en la Administración Central, fue otra comprobación histórica con datos hasta
pintorescos: en la reunión preparatoria para la Asamblea de Córdoba (en
Granada, e128 de Enero de 1933, v. Ideal,
29-I-33),
«el señor Leyva lee un acuerdo de la Cámara de Comercio: afirma que
Andalucía
no siente el impulso del regionalismo sino el de una España grande y única».
«El Señor Carreño creo que debe llamarse por teléfono al Ministerio de
Instrucción Pública que indique el criterio a seguir». (Ideal,
29-I-33).
Infante
había dicho: «He visto esta tierra entregada a los aventureros de la política,
advenedizos que vinieron de fuera que han convertido sus pueblos en granjas
explotables por Madrid (ver Andalucía
n°
3, Agosto, 1916). Y en Septiembre del 35: «A un político de los más
destacados de esta desventurada política, humilde siervo de Robespierre y Saint
Just, contesté que estaba impedido a colaborar con quienes han producido la
perdición de mi país». (Cartas
Andalucistas). «Parece
ser que, cesado Pascual Carrión el 6 de Junio de 1932, como Secretario de la
Junta Central Agraria, ofrecieron a Infante la cartera de Agricultura» (Lacomba)
¿Se estaría refiriendo nuestro biógrafo en este texto a su negativa a tal
cargo en Madrid?.
5.°
El levantamiento
militar del 18 de Julio de 1936.
El tiempo juega contra Andalucía. La actividad de Infante en los días 5, 12,
13 y 14
de
ese mes, es tal que parece emplazado por lo que acabaría ocurriendo el 18 E1 5,
en la Diputación de Sevilla se celebra una gran Asamblea en la que es elegido
«Presidente de honor de la Junta Regional Pro Estatuto, acordándose entre
grandes aplausos» (El
Liberal, lo recoge
así, en primera página, a todo ancho de plana, en cabecera y con fotografía
a cuatro columnas, al día siguiente). El 12, Infante está en Cádiz dando una
conferencia en su Conservatorio. El 13, reunión en la Diputación de allí
con los alcaldes de aquella provincia. En los pueblos del itinerario, banderas
andaluzas y vecinos que le vitorean. «Creía que los vítores eran para otra
persona» y comentaba: «Yo, libertador de Andalucía, que vengo con poco
tabaco y menos dinero...». J. Alvarez-Osorio testifica todos estos últimos
acontecimientos. Se iza la bandera en todos los municipios gaditanos. Mientras
flamea en el de Cádiz, Infante grita: «Tengamos cuidado no vaya a venir un
huracán y se lleve, no sólo la bandera, sino a nosotros». Aquel mismo 13 de
Julio, tras un mitin en el Círculo Radical en Jerez, su emisora transmite un,
llamamiento a Infante. El 14 en Sevilla, izan nuestra bandera en el Ayuntamiento
y celebran su confianza en la ratificación del Estatuto con un viaje por el
Guadalquivir en el remolcador Pastor
y Landero.
A
las setenta y dos horas, el general Franco se alza en África. No fue Infante el
único de las Juntas Liberalistas que murió de un tiro. En Jaén mataron a
Pedro Pino. En Málaga, a Fernando Estrada. En Granada, a Enríquez de
Salamanca. En Jerez, a Chacón Ferrant y a Adolfo Santibáñez. En Utrera, a
Antonio Rufino y a Julio Tirado. En Algeciras a Enrique Suárez. En Ecija, a
Manuel Lucero. En Sevilla, a Ariza, a Puelles y a Pérez Gironés. E1 resto de
los andalucistas se escondieron o se exiliaron. Juan Alvarez-Osorio, Emilio
Lemos Ortega y José Rodríguez Escobar han llegado a nuestros días como
testimonios de aquellas Juntas liberalistas, desde el 21 de Mayo de 1978,
integradas en el PSA.
J.
Muñoz S. Román veía a Infante como: «recto, generoso, efusivo, hombre de
corazón, inteligencia y cultura (Mundo
Nuevo 10-VI-31).
Era inquietamente teólogo, con intuiciones teilhardianas a partir de un panteísmo
de base franciscanista. Hacia 1920, publicó su Reelección
Fundamental. Primer volumen. La Religión y la Moral.
Existen
trece cuadernos de apretadas notas teológicas (Manuscrito ABAÑ) no estudiados
aún. Parece material para continuar aquel volumen primero.
¿Era
cristiano? Entendiendo cristiano
como
una vivencia libre de Cristo, su biografía y escritos están ahí y lo
refrendan.
Reflejando
el trasfondo de aquel «todo lo tenían en común» del Libro
de los Hechos de los Apóstoles (2, 42-45;
4,32-35). Escribe Infante: «El comunismo económico tiene un antecedente de
comunismo de amor» (Dict.
Ped., p. 123).
Por ello, dirá en Ronda: «La obra social de Jesús necesita ser completada
por la obra de Henry George» (rev. El
Impuesto Único, Mayo
1913). Esta frase, a primera vista oratoria, es comentada por su compañero
Emilio Lemos diciendo: «Infante era en verdad un cristiano puro, de aquellos
de las catacumbas».
Era anticlerical, inteligentemente, serenamente, sin fobias, como lo es el andaluz medio. En una época en que el término católico era empleado en sentido restrictivo, escribe: «Los cristianos que quieren ser universales o católicos...» (El Libro Nuevo. Manusc. AB-45).
La
«sentencia» del «Tribunal» que condena a muerte al patriota andaluz le
impone una «sanción de 2.000 Pts.» que recae sobre «una finca con 138 Pts.
con 85 céntimos de líquido imponible, donde existe una casa con valor
aproximado de 30.000 Pts. Esta es la situación económica en que todo
un notario deja
a su viuda y cuatro hijos aún niños, después de veintiséis años de profesión.
1936.
Dar-Al-Farah, Casa de la Alegría, casa
de Infante en Coria del Río. Por la ladera, los olivos; en los tapiales,
blancos geranios y jazmines. Sobre la puerta, el escudo que ha perseverado
valiente hasta hoy. Dando la cara y comprometiendo a los hijos. Una mujer, la
suya, vive la monotonía de un día más mientras anota la compra de la casa.
Abrimos hoy la agenda femenina: «Agosto - Domingo, 2, - Nuestra Señora de
los Angeles - Gastos - Carne - P... - Empezando a tomar la cuenta de la plaza
estaba, cuando llamaron a la puerta principal y se presentaron por la falsa al
ir a abrirla. El sargento Crespo, de Falange y otro y la casa rodeada. Llévanse
a Blas. Se lo llevaron, así como al aparato de radio y el altavoz, a las 11 y
1/2 de la mañana de hoy. Los aparatos volvieron, pero él no».
Pasamos
páginas: «Agosto - Martes, 11 - Blas - Pan, 2.00 - Anita, 6.00 - Carbón,
2.00 - Pan, 2.80 - No pagó la leche el de Salvador».
La
muerte ha llegado. La vida sigue.
Entre
editadas (14) e inéditas (3, más 3.000 manuscritos de variada temática),
Infante escribió 17 obras. De las publicadas, 8 están agotadas en 1980.
Aparecen aquí según la cronología de su redacción. No se incluyen los artículos
en revistas o periódicos.
1914
Moción
al Ayuntamiento de Sevilla, Tipografía
Gironés, Sevilla, 27 págs.
1915
El Ideal
Andaluz, Ed.
Biblioteca Avante, Sev., 1915. Reeditado por Túcar, 1976, mutilado en
13
capítulos, con introducciones de E. Tierno Galván y Juan A. Lacomba. Agotado.
1916
La
Obra de Costa, Ed.
Biblioteca Avante, Sev., 16. Agotado.
1917
La
Sociedad de Naciones, en
colaboración con J. Andrés Vázquez, Ed. Biblioteca Avante, Sev., 17.
Agotado.
1919 Manifiesto
Andalucista de Córdoba 1919 - Ideario de la Nacionalidad, Ed.
Centro Andaluz, Córd., 19. Reeditado por P.S.A.-P.A., Sev., 79, con comentarios
de J. Aumente, M. Ruiz Lagos y J. M a
de los Santos.
1920
Motamid,
último rey de Sevilla, Ed.
Biblioteca Avante, Sev., 20. Agotado.
1921 Cuentos
de Animales, Ed.
Biblioteca Avante, Sev., 21. Agotado. Los
Mandamientos de Dios a favor de los animales, Imprenta
Vázquez, Sev., 21, Agotado.
La
Dictadura pedagógica, Ed.
Biblioteca Avante, Sev., 21. Agotado.
Reelección
Fundamental - Primer Volumen - La Religión y la Moral, Ed.
Biblioteca Avante, Sev., 21. Agotado. Abreviatura: Reelecc.
1929
Fundamentos
de Andalucía - 1 ° serie de Cartas Andalucistas. Inédito.
1929-31
Orígenes
de lo flamenco y secreto del cante jondo, recopilado
por M. Barrios. Ed. Junta de Andalucía, Sev., 80.
1931 La
verdad sobre el complot de Tablada y el Estado libre de Andalucía, Ed.
Juntas Liberalistas, Sev., 31.
Reeditado
por Aljibe, Granada 79.
1935 Cartas
Andalucistas de Septiembre de 1935. Ed.
Juntas Liberalistas, Sev., 35.
Agotado.
Recogido por J.L.O. de Lanzagorta en B.
Infante Vida y muerte de un hombre andaluz, Ed.
Fernández Narbona, Sev., 79,
pp. 237 y 245.
1936 Manifiesto
a todos los andaluces, Imprenta
Municipal, Sev., 36.
Agotado.
Recogido por O. de Lanzagorta en igual obra, pp. 251-254.
?
El
Libro Nuevo, inédito.
? Almanzor, drama inédito.