La primera
referencia árabe del nombre de al-Andalus se remonta cronológicamente a
un hadiz del Profeta Muhammad (s.a.s.), cuya autenticidad es muy dudosa, pues ha
sido transmitido por tradicionistas hispano-musulmanes de los siglos IX y X:
“Cuenta
Jalid ibn Sa’id que Nuhammad ibn ‘Umar ibn Lubaba trnsmitía de ‘Ubaid
Allah ibn Jalid, quien a su vez lo transmitía de quien se lo contó de Abu Zayd
al-Misri. Este remontaba el hadiz a Ibn ‘Abbas (Allah esté satisfecho con él)
quien oyó decir a Abu Ayyub al-Ansari: -Cuando el Enviado de Allah (s.a.s.)
estaba parado, he aquí que de pronto se dirigió hacia Poniente (al-Magrib)
saludó e hizo señas con la mano. Yo le pregunté: ¿A quien saludas, oh rasûlullâh?
y él me contestó: A unos hombres de mi comunidad que estarán en este
Occidente, en una isla llamada al-Andalus. En ella el que esté con vida
será un defensor del Islam (murabit) y el muerto será un mártir (shahîd).
A todos ellos los ha distinguido o exceptuado Allah en su Libro:
“Serán fulminados los que estén en los cielos y los que estén en
la tierra excepto aquellos que Allah quiera”.
El autor
de Una descripción anónima de al-Andalus recoge distintas versiones de
este mismo hadiz, en las cuales son citados como transmisores ‘Abd al-Malik
ibn Habib, Abu ‘Umar ibn ‘Abd al-Barr, Ibn al-Talla, los citados Ibn
‘Abbas y Abu Ayyub al-Ansari, Muhammad ibn Waddah, Yahyaa ibn Yahya, Malik,
Baqi ibn Majlaq y Ahmad ibn Hanbal.
En una de
las versiones de este hadiz, ‘Abd al-Malik ibn
Habib pone en boca del profeta Muhammad (s.a.s.):
“Después de mí será conquistada en Occidente (al-Magrib) una isla
llamada al-Andalus. Los que vivan en ella serán felices y los muertos serán mártires.
Cada día tendrán con el enemigo batallas y algaras, pues la poblarán a pesar
del enemigo y aunque sean muy pocos y estén aislados. Delante de ellos hay un
mar que causa la muerte y detrás enemigos innumerables, pues éstos son muchos
y están junto a sus países.
En al-Andalus no se ve sino al que vela por las cosas de Allah, al
combatiente por el Islam o al vecino del enemigo y obediente de Allah”.
Y en otra
tradición del Profeta Muhammad (s.a.s.), se dice que dijo:
“Me comunicó Yibril (Gabriel), sobre él sea la paz, que en los
confines de Occidente (al-Magrib) hay una isla llamada al-Andalus. Mi comunidad
la conquistará después de mí y en ella los hombres que mueran serán mártires
y los vivos serán combatientes felices. Las nubes los llevarán al lugar de la
reunión el día del Juicio”
El geógrafo
andalusí az-Zuhri comenta este hadiz con las siguientes palabras: “y si este
hadiz es auténtico, ya tiene al-Andalus motivo suficiente para enorgullecerse.
Pero, si no se puede confirmar su autenticidad, al menos está conforme con el
libro de Allah y su ley”.
El nombre
de al-Andalus aparece también en varia tradiciones atribuidas a Ka’b al-Ahbar,
judío del Yemen convertido al Islam hacia el año 17/638 y considerado como la
autoridad más antigua en tradiciones judeo-islámicas. La exégesis musulmana
acepta sin discusión los hadices que se le atribuyen y los historiadores
musulmanes consideran como auténticos los hadices o tradiciones que se refieren
al segundo califa de Medina, ‘Umar ibn al-Jattab.
En el Kitâb
al-Imâma wa l-siyâsa, atribuido a Ibn Qutaiba (213-276/828-889), se cuenta
que el Profeta Muhammad (s.a.s.) pidió tres cosas, pero Allah solo le concedió
dos:
«Pedí a nuestro Señor que me concediese tres cosas y me dio dos y me
negó una. Le pedí que no muriese de hambre mi comunidad y me lo concedió. Le
pedí que no se matasen unos a otros y me lo negó. y le pedí que el enemigo de
fuera no la dominase y lo aceptó, excepto para unos hombres de mi comunidad que
llegarán a estar tras este Mar Negro (al-bahr al-aswad). Esto era
conocido entre los Compañeros (Sahaba), ¡Allah esté satisfecho de
ellos! Y cuando gobernó 'Umar ibn al-Jattab, ¡Allah esté satisfecho de él!,
fue conquistado Egipto durante su califato por medio de 'Amr ibn al-'Asi;
entonces dijo 'Umar , Emir de los Creyentes: Este es el país del que nos habló
el Enviado de Allah, ¡Allah le bendiga y salve! '; y llegó esto a oídos de
Ka'b al-Ahbar y fue a él diciéndole: ' ¡Oh Emir de los Creyentes!, éste no
es el país del que habló el Enviado de Allah, ¡Allah lo bendiga y salve! , ni
es éste el mar'. Entonces le preguntó 'Umar: “¿Qué país es?, ¿de qué
mar se trata?”. Respondió (Ahbar): “¡Oh Emir de los Creyentes! , esta
isla, llamada al-Andalus, está más allá del Mar Negro, Tenebroso (kafir),
de la que se apoderará su enemigo al final de los tiempos”. Y le preguntó
'Umar: “¿Cuándo será conquistada esta isla?”. Dijo Ka'b: “No será
conquistada al final de los tiempos, sino en el año 92 de la hégira (= 711),
en el reinado de un fundador de mezquitas y campeón de los Omeyas. Con él y
con su hermano, que es mejor que él mismo, se sucederán maravillosas
conquistas. Después de él accederá un califa de la gente del Paraíso, cuyo
rango en el Paraíso está por debajo del rango de los Profetas. Después morirá
ese califa y cuando muera no dejará la gente de difamar a los Omeyas hasta que
los expulsen del reino de Oriente y no les quedará el poder sino en Yazirat
al-Andalus (la isla de al-Andalus»>.
Sobre este
extenso relato hay que precisar que al-Imama wa-l-Siyasa es una obra apócrifa,
falsamente atribuida a Ibn Qutayba de Küfa (213-276 h./828-887), una de las
figuras más importantes de la literatura árabe y eminente erudito. Se ha
atribuido al historiador sevillano y descendiente de Witiza, Ibn al-Qütiyya (m.
977). Evidentemente el autor de este relato, tal como se presenta, pudiera ser
muy bien el mismo Ibn al-Qütiyya o cualquier autor andalusí de la época
omeya. Entra en el género de las profecías, inconcebible en el siglo I de la hégira,
al poner en boca de Ka'b al-Ahbar la conquista de al-Andalus durante los
reinados de los califas al-Walid y Sulayman, la alusiَn a
‘Umar II, a la caída de la dinastía omeya en Oriente ya la restauración de
la misma por 'Abd al-Rahman I en al- Andalus.
Si en este
hadiz atribuido a Ka'b al-Ahbar eliminamos estos elementos evidentemente apócrifos,
queda solamente la frase atribuida al Profeta Muhammad (s.a.s.): “unos hombres
de mi comunidad llegarán hasta más allá de este Mar Negro» y la contestación
de Ka'b al califa ‘Umar: «Esta isla, llamada al-Andalus, está más
allá del Mar Negro, tenebroso, de la que se apoderará el enemigo al final de
los tiempos».
Y estas
frases sí pueden ser auténticas. No se puede tachar de apócrifa o legendaria
cualquier tradición, hadiz o noticia sin un análisis riguroso. Por muy fantástica
que parezca una leyenda, no hay que olvidar que en toda leyenda siempre hay un
fondo de verdad. Si el Islam aparece desde el primer momento como una tradición
espiritual universal, su difusión lógicamente debería llegar a los confines
del mundo conocido: por Occidente alcanzaría las costas del Atlántico y por el
Extremo Oriente a las tierras de Gog y Magog.
Algunos de
estos hadices, en los que aparece el nombre de Yazirat al-Andalus (isla
de al-Andalus) o Bahr al-Andalus (Mar de al-Andalus), pudieron
incluso aparecer en la misma época del Profeta Muhammad (s.a.s.) y de los
primeros califas, cuando los eruditos del Corán intentaron explicar algunos
pasajes geográficos del texto revelado.
Al
comentar la Sura XVIII del Corán en la que dice Moisés: «No dejaré de andar
hasta que llegue a la confluencia de los dos mares (maÿma’ al-bahrayn), aunque
tenga que marchar 80 años», muchos eruditos musulmanes situarán dicho lugar
en el Estrecho de Gibraltar.
Cuando en
esa misma Sura se recoge la leyenda de Alejandro (Dzu-l-Qarnayn) recorriendo
el mundo conocido hasta llegar al Extremo Occidente, esos mismos eruditos
musulmanes, de acuerdo con la tradición grecolatina, volverán a hablar de las
Columnas de Hércules y de al-Andalus. Ya Flavio Arriano (95-175 de C.),
autor de una historia de las campañas de Alejandro (Alexandri Anábasis), describe
en el capítulo VII, 1, 2 que Alejandro Magno, al final de su vida, intentó dar
la vuelta a Arabia y África, regresando vía Cádiz (Gadeira) al
Mediterráneo.
Los
cronistas árabes, los eruditos musulmanes del Corán y los autores de las
“Historias de los Profetas” (Qisas al-anbiya') han recurrido a
tradiciones y leyendas atribuidas a judíos conversos de la primera época del
Islam como Ka'b al-Ahbar y Wahb ibn Munabbih (34 h-110 ó َ 114h. = 654-728 ó 732).
Todas estas tradiciones entrarán en el hadiz musulmán bajo el nombre de Isra’iliyyat.
También Una descripción anónima de al-Andalus recoge una tradición sobre al-Andalus atribuida a Salomón:
Y en las Isra'iliyyat (se dice): Cuando Salomón, sobre él sea la
paz, estaba sentado en su trono, pasó una nube. Cuando ella le saludó, él le
preguntó:
-'¿؟De dónde
vienes?'. Dijo ella:
-'De una de las puertas del Paraíso, llamada al-Andalus y que
está en el Extremo Occidente (al-Magrib al-aqsa)'.
-¿Y a dónde vas?'.
-'A 'Abbadan, otra de las puertas del Paraíso'.
Volvió a
preguntar (Salomón): '¿Y en qué supera el lugar hacia el que te diriges al
lugar del que vienes?'.
Dijo ella:
-¡Oh Profeta de Allah!, todo lo contrario. El lugar del que vengo es
mejor que cualquier otro, como el cielo es superior a la tierra.
Estos
hadices se relacionan con otro más genérico y de autenticidad segura, pues lo
transmiten al-Bujari, Muslim y otros grandes recopiladores de hadices: «Sobre
la superioridad de Occidente (al-Magrib) se trata en más de un hadiz; de
ellos es el que recoge Muslim ibn al-Haÿÿaÿ en su Sahih. Lo transmite
de Yahya ibn Yahya, de Husaym ibn Basir al-Wasiti, de Da'üd ibn Abi Hind, de Abü
'Uzman al-Nahdi y de Sa'd ibn Abi Waqqas: El enviado de Dios, ¡Allah lo bendiga
y salve!, dijo: 'No cesará de manifestar la verdad la gente del Occidente (al-Magrib)
hasta el día del Juicio Final'. Y esta palabra [al-Magrib=Occidente], aunque
contiene un sentido muy amplio y general, una buena parte de él corresponde a al-Andalus
por entrar en él y una situación privilegiada por estar en Occidente y
estar al final del mundo habitado, pues parte de sus costas occidentales están
en el Océano Atlántico (al-Bahr al- Muhit), tras el cual no hay camino.
Por otra
parte, no hay que olvidar que muchas ciudades y lugares del Norte de África y
de la Península Ibérica, una vez islamizados, se enorgullecían de haber sido
los primeros en abrazar el Islam. Para confirmar este privilegio y comprobar la
presencia de héroes de la primera época como 'Uqba y Musa ibn Nusayr,
comenzaron a circular por todas partes una serie de leyendas y tradiciones.
Mayor motivo de orgullo se alcanzaba si se remontaba una tradición o hadiz al
mismo Profeta Muhammad (s.a.s.) o a sus próximos allegados.
En el
hadiz citado en primer lugar, el segundo transmisor es Ibn 'Abbas, primo del
Profeta Muhammad (s.a.s.) y muerto en el año 68 de la hégira (687-688). A este
Ibn 'Abbas se atribuyen numerosísimas tradiciones, entre las cuales cabe citar
la que se refiere a la duración del viaje por todas las tierras y mares del
mundo.
Estos hadices son un reflejo exacto de los conocimientos geográficos de la época. Si, para los bizantinos, Cádiz era el término del mundo habitado y ser conocido en Gades era el mejor elogio que se podía dedicar a un hombre de aquellos tiempos, no resulta extraño que los árabes, sus herederos, repitan las mismas ideas y que el Profeta Muhammad (s.a.s.) profetice la implantación del Islam en los confines occidentales del mundo habitado.