La leyenda del eremita Barsîsâ
«Dijo 'Abd ar-Rahman b. Qabîsa transmitiéndolo de su padre, que lo tenía
de Ibn 'Abbas, sobre su dicho, ensalzado sea: «Se parecen a Shaitan cuando
dice al hombre: «¡Sé descreído!»
y cuando no cree, exclama: ¡Yo no soy responsable de ti! Yo temo a Allah, Señor
de loa mundos.» (Corán 59, 16-17)
Hubo un hombre en el intervalo de tiempo [entre Jesús y Muhammad] llamado Barsîsâ,
que se había consagrado al culto divino en su torre durante cuarenta años,
sin desobedecer a Allah ni
un instante, e Iblis -maldígalo Allah- se dio por vencido, pues nada pudo
contra él. Reunió
un día Iblis a los demonios rebeldes y dijo: '¿Quién me librará
de
Barsîsâ?'
Respondió
al-Abyad, el que fuera amigo de los profetas y quien se dirigió
al Profeta, Allah le bendiga y salve, apareciéndosele en figura de Yibril,
sobre él la paz, para susurrarle a modo de revelación. Entonces se presentó
Yibril, le empujó
con la mano y del impulso cayó
hasta los más remotos confines de la India. Sobre eso dice Allah, ensalzado
sea: «Que tiene un poder junto al Dueño
del Trono, inamovible» (Corán 81-20). Procedió
esto del poder de Yibril, sobre él la paz, pues junto a Allah es inamovible.
Al-Abyad dijo a Iblis: "Yo te libraré". Se marchó
el maldito, se disfrazó
con el atavío de los eremitas y se rapó
el centro de la cabeza. Luego fue hasta la torre de Barsîsâ
y le llamó,
sin que éste contestara, porque Barsîsâ
no paraba de orar ni rompía el ayuno sino una vez cada cierto número de días
y podía seguir ayunando durante diez, veinte o más días.
Al ver al-Abyad
que no le contestaba, se entregó
al culto al pie de la torre y cuando terminó
Barsîsâ
se asomó
desde su torre y vio a al- Abyad orando, con una hermosa apariencia de
eremita. Cuando le vio de esta guisa se reprochó
interiormente no haberle prestado atención ni contestado y le dijo: "Me
has llamado y estaba distraído en otra cosa, ¿qué quieres?". -"Desearía
estar a tu lado e instruirme junto a ti y aprender de tu ciencia y que me
asociaras en tus devociones y que imploraras a Allah por mí
y yo le imploraría por ti". -Dijo Barsîsâ:
'Estoy demasiado ocupado en mí
mismo. Si eres creyente, Allah te hará
partícipe
de mis imploraciones por los creyentes, si me atiende". Luego volvió
a su oración y dejó
a al-Abyad, que se puso a orar, pero Barsîsâ
no se le dirigió
durante cuarenta días. Al cabo, se asomó
y le vio de pie rezando. Notó
Barsîsâ
su intenso celo, su humildad y sus plegarias a Allah, honrado y ensalzado sea, y
le habló:
"¿Qué
quieres?" -"Desearía
que me dieras permiso para subir a ti". Se lo dio y le alzó
hasta él en su torre.
Permaneció
al-Abyad con Barsîsâ
un año, dedicado al culto, sin romper el ayuno ni parar de orar sino una vez
cada cuarenta días y a veces ochenta.
Al ver Barsîsâ
su celo, se descuidó,
dejando de lado sus prácticas espirituales, admirado por el caso de al-Abyad.
Transcurrido un año,
dijo al-Abyad a Barsîsâ:
"Me marcho, hay otros compañeros además de ti. Creí
que tú
eras más esforzado que nosotros, pero lo que en ti he visto me
ha puesto sobre aviso". Se despidió
y le entró
a Barsîsâ
una pena intensa, disgustado por su marcha, dado el gran celo que le había
notado. Al despedirse dijo al-Abyad: "Tengo unas invocaciones que te
enseñaré,
con las que implorar a Allah y con ellas mejorará
tu estado, pues con ellas curarás al enfermo y sanarás al afligido y al poseso".
Contestó
Barsîsâ:
"Me desagrada esta dignidad. Bastante ocupación tengo en mí
mismo. Temo que la gente se entere de esto y me distraiga del culto".
Pero no cejó
al-Abyad hasta enseñarle. Partió
y fue junto a Iblis a quien dijo: "Ya he perdido a este hombre". Se marchó,
se apoderó
de un hombre y lo maldijo.
Luego se apareció
en figura de curandero y dijo a su gente: "Vuestro amigo tiene demonios, ¿lo
trato?" -"Si"-. Le aplicó
tratamiento y dijo: "Yo no puedo con ese demonio suyo, pero os conduciré a
un hombre que implorará
a Allah por él y le curará".
Dijeron: "Condúcenos". Respondió:
"Id a Barsîsâ,
que tiene un nombre de Allah que cuando se le invoca con él, accede".
Fueron a pedírselo y al invocar tales palabras, se le marchó
el demonio. Siguió
haciendo al- Abyad con la gente como había hecho con aquel hombre y
luego la conducía a Barsîsâ
que imploraba y sanaban.
Partió
al-Abyad y se apareció
a una muchacha, una de las hijas de los reyes de Israel, la más bella mujer
israelita, entre tres hermanas, cuyo padre fue rey y al morir había nombrado
sucesor a su hermano, de modo que era su tío el rey de aquella gente. La atormentó
y la hechizo.
Luego se les acercó
con aspecto de curandero y les dijo: "¿La trato?"
-"Si"-. La trató
y dijo: "Lo que se le ha aparecido es un demonio al que no se puede
resistir, pero os conduciré a un hombre, confiad en él, dejadla a su lado y
cada vez que venga el demonio, implorará
por ella, hasta que sepáis que ha sido curada. Luego la volveréis sana, pues
se le habrá
ido el demonio". Preguntaron: "¿Quién
es?" -"Barsîsâ"-.
Replicaron: "¿Cómo haremos para que la acepte y acceda, pues está
por encima de esto?" Dijo: "Id y construid una torre junto a la suya
hasta elevaros sobre él. Que esté la torre que construyáis pegada a la suya.
Tanto si la recibe como si no, poned a vuestra hermana en la torre y decid:
"Esta es una prenda dejada en tu custodia, hazte cargo de ella".
Fueron a pedirle aquello a Barsîsâ,
pero rehusó.
Entonces construyeron una torre, según les había ordenado a1-Abyad Luego
llegaron hasta él, pusieron a la muchacha en la torre y dijeron Barsîsâ,
ésta es nuestra hermana, a la que se le ha aparecido el enemigo de Allah. Es una
prenda dejada en tu custodia, hazte cargo de ella: Se fueron y cuando terminó
Barsîsâ
de rezar, al ver la belleza de la muchacha, se le cayó
lo que tenía entre las manos y le envolvió
una gran inquietud. Vino el demonio y la sofocó.
Cuando
lo vio Barsîsâ,
terminó
de
orar, invocó
aquellas
plegarias y se marchó
el
demonio. Estaba entregado de nuevo a la oración cuando volvió
el
demonio y descubrió
su
belleza diciendo Barsîsâ:
"no tienes experiencia de las mujeres,
¿quieres
obtener de ésta el arrepentimiento?" E insistió
hasta que la aceptó,
imploró
por ella y se marchó
el demonio. Se entregó
otra vez a la oración, volvió
el demonio a sofocarla y ella se descubría y se mostraba a Barsîsâ,
a quien se acercó
el demonio diciéndole "¡Ay de ti!, yace con ella, no encontrarás otra
igual. Ya te arrepentirás luego y alcanzarás lo que quieres". Y no dejó
de porfiar hasta que Barsîsâ
yació
con ella y la desfloró.
No paró
de ir con ella hasta que quedo
embarazada y su preñez se hizo patente. Dijo el demonio: "¡Ay de ti, Barsîsâ!,
te has puesto en evidencia, ¿quieres
matarla y enterrarla? Luego te arrepentirás y, si preguntan, di: 'Vino su
demonio y se la llevó,
no pude con él" y la mató,
se la llevó
y la enterró
en una ladera del monte. El demonio, mientras la estaba enterrando de noche, fue
a tomar la punta de su vestido y quedó
el borde fuera de la tierra. Regresó
Barsîsâ
a su torre y se puso a rezar, pero he aquí que, al cabo de unos días, vinieron
sus hermanos, que visitaban a menudo a su hermana para recomendársela a Barsîsâ
y le dijeron: "Barsîsâ, ¿qué
has hecho a nuestra hermana?" Contestó:
"Vino su demonio y se la llevó,
no pude hacer nada por ella". Se marcharon creyéndole. Al atardecer,
estando afligidos, se apareció
el demonio a1 mayor en sueños y dijo: "Barsîsâ
hizo con tu hermana esto y esto y la enterró
en tal lugar del monte", pero pensó:
"Esto es un sueño, obra del demonio Barsîsâ
es mejor". Aquello se repitió
tres noches, sin que se preocupara. Fue el demonio al mediano de igual modo y le
dijo lo que había dicho al mayor, pero no lo comunicó
a nadie y fue al menor igualmente, que se lo dijo a sus hermanos. Dijo el
mediano: "¡Por Allah!, yo he visto lo mismo que tú" y el mayor:
"Yo he visto lo mismo que él. ¡Vayamos a Barsîsâ!".
Llegaron y dijeron: Barsîsâ,
¿qué
hiciste a nuestra hermana?" Contestó:
"Ya os conté su caso y el de su demonio, parece como si sospecharais de mí".
"No sospechamos de ti", replicaron
avergonzados. Pero volvió
a ellos el demonio diciéndoles: "¡Ay de vosotros!, está
enterrada en tal y tal lugar y el borde de su vestido sale de la tierra".
Fueron y hallaron a su hermana, tal como habían
visto en sus sueños.
Luego marcharon con sus parientes y esclavos y hachas y palas a derribar la
torre de Barsîsâ,
al que hicieron bajar. Después le ataron las manos en la espalda, le llevaron
ante el rey y confesó.
Ordenó
el rey que muriera crucificado y alzaron un leño. Cuando era sacado de la
presencia del rey para morir, encontró
a al-Abyad, que le dijo: "Barsîsâ,
¿me reconoces?" -"No", respondió.
Sucedió
que Iblis había dicho a al-Abyad: "¿De qué te sirve lo que
hiciste con él? Si muere, expiará
lo que pasó".
Contestó
al-Abyad: "Yo te libraré de él" y volvió
a decirle: "Barsîsâ,
¿me
reconoces? -"No"-. Continuó:
'Soy tu compañero, el que te enseñó
las
invocaciones con las que fuiste escuchado. ¡Ay de ti!,
¿no
temiste a Allah en relación con una prenda a ti confiada, a cuyos parientes
traicionaste? Tú
que
pretendías ser el más devoto entre los israelitas,
¿no
tuviste vergüenza de tu Señor, en quien cree la gente? Tú
que pretendías ser un eremita, ¿no observaste tu religión por temor a Allah?
y no cejó
de insultarle y reprenderle hasta que dijo
finalmente: "No me bastó
lo que hiciste y que llegaras a confesar y afrentarte a ti mismo y a tus
iguales. Si murieses en estas circunstancias, no podría ser engañado ninguno
de los tuyos después de ti". Contestó:
"¿Cómo
haré?". -"Obedéceme en una sola cosa, en la que
Dijo Ibn 'Abbas: «Puso Allah esta parábola
por los judíos Banû n-Nadîr y los hipócritas de Medina. Y es que,
Allah, ensalzado sea, mandó
a su Profeta que desterrase a los Banû n-Nadîr de Medina y se
confabularon con ellos los hipócritas, diciéndoles: "No accedáis a lo
que os pide Muhammad ni salgáis de vuestras casas y, si salís, saldremos con
vosotros". (Corán 59, 11-12). Obedecieron, prepararon sus baluartes y
se atrincheraron en sus casas esperando la victoria de los hipócritas, hasta
que llegó
el
Profeta, Allah le bendiga y salve, y le declararon la guerra, esperando la
victoria de los hipócritas, pero éstos les dejaron en la estacada y se
libraron de ellos, como se libró
el
demonio de Barsîsâ
y le falló».
Dijo Ibn Wahb: «Después de esto, los rabinos andaban entre los israelitas ocultos y temerosos. Se envalentonaron los corruptos y prevaricadores contra los religiosos, calumniándoles y acusándoles de vileza, hasta que ocurrió el caso de Yurayh, el rabino. Cuando libró Allah a Yurayh de la acusación, se tranquilizaron los rabinos y aparecieron ante la gente.»