Sobre el periodismo de investigación

 

El periodismo es la labor social de exponer los acontecimientos que se suceden en el núcleo de una comunidad y que interesan por diversos motivos a los miembros de la misma. En este sentido, la labor periodística llegó a tener tal capacidad que se le comenzó a nominar “cuarto poder” por su capacidad de influir en las conciencias de los habitantes que, dependiendo del espacio que le dé a un protagonista de una historia u otro logra hacer que la sociedad se incline a favor de un determinado implicado. Esto estable una condición maniqueísta donde sólo existen los bueno y los malos.

Conscientes de este poder de influencia, los políticos primero y las empresas después se han adentrado en este campo para hacer de él meros panfletos propagandísticos en el caso de los políticos o empresas financieras cuyo único fin es el de obtener beneficios e influir en las conciencias de las personas que son vistas como consumidores en potencia. La publicidad se convierte en la tónica habitual de los medios, ya no sólo como sistema de subvención del medio, sino que las empresas anunciantes son los nuevos dueños de los medios en estos años tan globalizados.

Además, al Poder le conviene este silencio. El conocimiento de la estructura mediática y de la organización del sistema dirigente le resta su propia condición de poderoso.

Así pues, el periodismo se ha convertido en otra cosa que, simplemente, no merece ser llamada “periodismo”. De hecho, buena parte de la población se ha hecho consciente de esta situación y se va reduciendo progresivamente el número de los lectores de los principales periódicos, tanto nacionales como internacionales, y se va reduciendo el número de oyentes de las tertulias políticas y los espectadores de telediarios se sienten más atraídos por series animadas estadounidenses que toda la población conoce y se sabe sus capítulos de memoria o se prefiere ver las noticias deportivas tan banales como lo son un miércoles cualquiera.

Así, una menta aguda pronto descubre que es completamente necesario volver a la raíz del periodismo, al contraste obligatorio de las fuentes, a poder contrarrestar al poder político, a ser capaz de denunciar los excesos y las atrocidades del poder financiero. Muchos investigadores llaman a esto “periodismo de investigación” pero lo cierto es que el calificativo no es del todo apropiado.

En primer lugar, Gabriel García Márquez señala que "la investigación no es una especialidad del oficio, sino que todo periodismo tiene que ser investigativo por definición..." En consecuencia, la investigación se entiende obligatoria. No obstante, quien trabaja en los medios, caracterizados por la inmediatez, es buen sabedor de que las exigencias del mercado no permiten que los periodistas tengan el tiempo necesario para contrastar las fuentes o ni tan siquiera para tener una segunda fuente.

Como explica Ramón Reig en su obra….. a las empresas informativas les interesa esta brevedad y esta simplicidad. Conviene sacar los trapos sucios de otras empresas y, sobre todo, de la clase política. No obstante, no interesa sacar a la luz la estructura intrínseca del sistema comunicativo mundial porque el conocimiento del mismo podría desatar una verdadera revolución.  Si la gente supiese el nivel de manipulación al que se ven expuestos a diario, apagarían el televisor y se olvidarían de la mentalidad consumista y ello supondría la desaparición del estado westfaliano.

Por otro lado, se nos vende como periodismo de investigación una información tediosa y manipulada con el fin de influir en la mentalidad de la sociedad. El término “periodismo de investigación” tiene unas connotaciones que hacen a la gente confiar más en lo que la televisión nos cuenta. Así, se aprovecha esta tesitura para emplear el término de manera indiscriminada para meter determinadas ideas en la mentalidad general.

Durante el cuatrimestre que se ha desarrollado esta materia, Periodismo de Investigación, Antena 3 Televisión emitió un reportaje muy “curioso”. Se titulaba “El palestino”. En él se relacionaban dos conceptos que, en principio, no tienen ninguna connotación peyorativa: el proyecto ALBA de Sur América y Palestina. Se mostraba a un periodista occidental, se presupone que será español aunque no se especifica, que se infiltraba en un comando terrorista de Hamas que luchan por la independencia y por el derecho a la autodeterminación de Territorio Ocupado desde Gaza. Sin especificar muy bien cómo ocurre, el reportaje apenas duró dos minutos, el “palestino” termina en Venezuela y se escucha cómo en Caracas se entrenaban todos los islamistas radicales para entrar en combate contra los judíos. Así, de lo que se habla, la idea final que se le queda a la mayoría de la población inculta en sus cabezas, es de que los musulmanes son potencialmente peligrosos y que Hugo Chávez permite que estos extremistas se entrenen y se armen en Venezuela.

De lo que no se hablaba en el reportaje es de las cuestiones profundas. El objetivo de este reportaje era dañar tanto la imagen de Hamas como la imagen de Venezuela.

Hamas representa una verdadera amenaza para el régimen sionista de Israel. Es la única organización palestina que aún no se ha vendido al dinero israelí y sigue defendiendo la idea de que Israel no tiene cabida en Palestina. Así mantienen una “guerra ilegal” contra el régimen de Tel Aviv. Aunque se les tacha de terrorista, los objetivos militares a los que tienden a atacar los milicianos de Hamas son soldados israelíes. La legitimidad moral de estos ataques no se pueden comprender desde la comodidad de Occidente.

No se habla de la presión que ejerce el estado sionista sobre la población civil palestina, carente de todo derecho, incluso carentes del derecho a la identidad. No se habla del terrorismo de estado, parece que esa idea ni siquiera existe. No se habla de las detenciones aleatorias. No se habla de los check- points. No se habla de la muerte indiscriminada de palestinos… sólo existe el terrorismo de Hamas.

Por otro lado, la política de nacionalización del régimen chavista lo sitúa en el punto de vista de todas las empresas multinacionales y, en consecuencia, de sus gobiernos. Si las grandes marcas dejan de obtener incalculables beneficios, dejan de cotizar al alza en bolsa, dejan de pagar impuestos a sus estados originarios, aumentan los precios de sus productos y la gente se muestra reacia a comprar. En consecuencia, el consumo decae y se desploma el mercado. Por ello, conviene relacionar esta política de nacionalización de mercado con el terrorismo internacional que ya ha escrito con sangre las páginas más negras de la historia de Nueva York, Madrid y Londres.

Esta obra se emitió sin más presentación que la de “reportaje de investigación”. Obviamente, no se le da cabida a ningún representante de Hamas ni se le da voz a ningún representante de la seguridad venezolana.

Como se ha observado, las empresas de comunicación forman parte del capital de los grandes bancos mundiales. Por ello, el “periodismo de investigación” tiene delimitado su campo de estudio. Así, por ejemplo, nunca se relacionará en ningún documental al Banco Santander Central Hispano con la producción armamentística, del mismo modo que tampoco se explicará las comisiones esporádicas que el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria de escasos céntimos que nadie va a reclamar y que suponen todo un beneficio para la entidad financiera.

El que haga buen periodismo no podrá ser llamado periodista ya que no encontrará un medio de difusión masiva que le quiera publicar el reportaje. Cierto es que esto se debe relativizar. Nos referimos, obviamente, a aquellos reportajes que afectan a la estructura establecida, a las grandes empresas que tienen ya más poder que la mayoría de los gobiernos africanos juntos, aquellos trabajos que demuestren que el consumismo sólo lleva a que la raza humana se consuma.

 

Para musulmanesandaluces.org

Ibrahim al-Qurtubî