al-ijwân
al-muslimûn
LOS
HERMANOS MUSULMANES
Los Hermanos
Musulmanes (al-ijwân al-muslimûn) es el nombre de un amplio movimiento, de
tendencia política, fundando en Egipto por Hásan al-Bannâ, y que ha
tenido una extraordinaria influencia en todo el mundo islámico actual.
HISTORIA: Muchos
aspectos de la historia de los Hermanos Musulmanes son mal conocidos, como es
natural tratándose de un movimiento que tuvo que organizarse y actuar con
frecuencia en la clandestinidad, que amenazó en varios ocasiones a los
poderes establecidos, tuvo que sufrir persecución por parte de esos poderes,
y muchos de cuyos militantes más notorios sufrieron exilio o estuvieron bajo
vigilancia policial en sus propios países.
Podemos distinguir
varias fases en la agitada historia de este movimiento que aspiró a devolver
al Islam toda su fuerza:
1- Una fase de
formación (1928-1936) en la que las actividades espirituales y sociales eran
dominantes. Tras la fundación de la ÿam‘íat
al-ijwân al-muslimîn (Asociación de los Hermanos Musulmanes) en 1928 en
la ciudad de Ismâ‘ilía, fueron creadas secciones en las localidades de la
zona del Canal de Suez, y después, poco a poco, en todo Egipto, sobre todo a
partir de 1933, fecha en la que el fundador, Hásan al-Bannâ -que era
maestro de escuela- fue trasladado a El Cairo, a la que transfirió la sede
central de la Hermandad. Activistas de la asociación (llamados du‘ât,
convocadores -plural de la palabra dâ‘î-
con la que se designa a quienes difunden el Islam), especialmente formados por
Hásan al-Bannâ, divulgaron el ideario de los
Hermanos (al-ijwân) por las
mezquitas y otros lugares públicos. Fundaron también escuelas de diversos
niveles, organizaron cursos de instrucción islámica, alfabetizaron a los
iletrados, crearon hospitales y dispensarios, emprendieron proyectos sociales
para el desarrollo del nivel de vida en los pueblos y aldeas, construyeron
mezquitas, promovieron incluso empresas industriales y comerciales.
2- Una fase de
actividad política y expansión (1936-1952). Hásan al-Bannâ, tras la
firma del tratado anglo-egipcio de 1936, se propuso sostener la causa de los
palestinos contra las intenciones de Gran Bretaña de crear un Estado de
Israel, lo que por un lado tuvo como consecuencia la diseminación de su
movimiento por todo el Oriente Medio, especialmente en Siria, y, por otro,
aumentó considerablemente su prestigio entre sus propios conciudadanos.
Durante la segunda
guerra mundial, en 1941, Hásan fue encarcelado durante algún tiempo a
causa de su violenta propaganda anti-británica. Parece que, en esa fecha, los
‘Oficiales Libres’ que tomarían el poder el 23 de julio de 1952, estaban
en contacto amistoso con los Hermanos, pero los dos movimientos siguieron
siendo independientes el uno del otro. Se ha acusado a Hásan al-Bannâ
de tener organizado, además de grupos deportivos y paramilitares, un ejército
secreto, y que la toma del poder por la fuerza no estaba fuera de sus
intenciones. Esperando una ocasión favorable, los Hermanos Musulmanes
continuaron sus actividades educativas y sociales y se iban imponiendo cada
vez más en la vida política egipcia, pero en el país y no en el Parlamento.
A partir de 1943, tuvieron que contar con la competencia de los comunistas,
aliados a la izquierda del partido Wafd, que se esforzaban como ellos en
animar políticamente a los estudiantes y al pueblo. La izquierda egipcia
acusaba a los Hermanos de consagrar más energía en luchar contra ella que
contra los ingleses.
Los Hermanos
Musulmanes proporcionaron voluntarios que lucharon al lado de los ejércitos
árabes en la guerra de Palestina en 1948. En la guerra se destacaron como
magníficos combatientes. Tras la derrota árabe, los Hermanos conformaban una
fuerza organizada y armada temible para el gobierno egipcio. El gobierno de an-Nuqrâshî
decretó la disolución de su asociación, la confiscación de todos sus
bienes y el arresto de numerosos Hermanos. El 12 de febrero de 1949, Hásan
al-Bannâ fue asesinado. No se llevó a cabo ninguna investigación sobre su
muerte. Fue elegido un nuevo guía (múrshid) para el
movimiento: Hásan Ismâ‘îl al-Hudaibi, un magistrado, pero
parece que su autoridad fue contestada con frecuencia en el seno de la
organización. En 1951, gracias a la ley sobre las asociaciones, los Hermanos
pudieron retomar sus actividades. En principio, toda acción secreta y de
preparación militar les estaba prohibida, pero no
respetaron esta prohibición. Tomaron parte en las acciones de
hostigamiento dirigidas contra las bases británicas en la zona del Canal de
Suez.
3- Los Hermanos
Musulmanes bajo el régimen de la Revolución (desde julio de 1952). El
movimiento secreto de los ‘Oficiales Libres’, que tomó el poder en julio
de 1952, tenía un programa próximo en varios puntos al de los Hermanos,
especialmente sobre las cuestiones sociales; además, un buen número de
oficiales que participaron en el movimiento eran miembros o simpatizantes de
la Asociación de los Hermanos Musulmanes. Puede que ello explique que el
nuevo régimen, en sus comienzos, buscara el apoyo y la colaboración de los
Hermanos; aceptó, cuando todos los partidos políticos fueron disueltos (16
de enero de 1953), considerar a los Hermanos Musulmanes como una asociación
no política. Pero al-Hudaibi exigió, parece ser, un derecho de
control y de veto sobre todas las decisiones del gobierno, presentándose como
tutor moral de la revolución, lo que le fue denegado. Pronto, los Hermanos
atacaron al nuevo régimen, juzgando su programa y sus primeras realizaciones
como insuficientemente conformes al ideal islámico. En 1953, comenzó una
lucha sorda pero áspera; los Hermanos intensificaron su propaganda en el
medio estudiantil y en el sindicalismo, y algunos de ellos se infiltraron en
el ejército y la policía. El 13 de enero de 1954, su asociación fue de
nuevo disuelta y varios centenares de ellos, entre los que figuraban todos los
dirigentes de la Hermandad, fueron detenidos; pero la rivalidad entre el
general Muhammad Naÿîb y el coronel Yamâl ‘Abd an-Nâsir (Nasser)
jugó en su favor y fueron puestos en libertad al poco tiempo y tuvieron de
nuevo el derecho a existir en tanto que organización apolítica.
El tratado
anglo-egipcio firmado el 19 de octubre de 1954 fue causa de un nuevo
enfrentamiento: los Hermanos juzgaron ese tratado como muy favorable a Gran
Bretaña e, incluso, rechazaban el principio mismo de la negociación con los
ingleses, queriendo mantenerse firmes en el único principio posible que era
la lucha armada contra ellos en tanto que representantes del colonialismo. El
26 de octubre de 1954, el coronel Yamâl ‘Abd an-Nâsir escapó por
poco de un atentado atribuido a un Hermano; el gobierno aprovechó la ocasión
para arrestar y juzgar a más de mil miembros de la asociación, y les fueron
aplicadas penas muy severas. Seis Hermanos Musulmanes, entre ellos el abogado
y escritor ‘Abd al-Qâdir ‘Ûda, fueron condenados a muerte y ejecutados;
el Guía (Murshid) de la asociación, al-Hudaibi, también fue
condenado a muerte pero la pena fue conmutada por la de prisión perpetua. Podía
creerse que la Hermandad había sido abatida; algunos de sus miembros, los más
moderados, se aliaron al régimen de ‘Abd an-Nâsir. Pero de hecho,
la Hermandad siguió viviendo en la sombra. En el verano de 1965 se volvió a
acusar a los Hermanos Musulmanes de urdir un complot contra el régimen y se
llevaron a cabo centenares de arrestos. La investigación y los procesos
duraron un año. En agosto de 1966, tuvieron lugar tres ejecuciones, entre
ellas la de Sáyyid Qutb, un escritor de los Hermanos muy conocido e
influyente, sin contar las torturas y las numerosas penas a trabajos forzados
y de prisión. Obligada a la clandestinidad en Egipto, la Asociación de los
Hermanos Musulmanes continuó su actividad, surgiendo de su seno diferentes
grupos que fueron optando por la moderación o la radicalidad.
4- Los Hermanos
Musulmanes fuera de Egipto. Movimientos similares aparecieron en otros países
musulmanes en la misma época, inspirados en el ejemplo de la Hermandad
egipcia, pero es difícil saber si estaban ligados a ella de modo orgánico y
en qué medida, o si eran independientes.
En Siria, desde 1937,
fue fundada una asociación de Hermanos Musulmanes que tuvo una menor extensión
y actividad que la asociación egipcia, pero algunos de sus miembros ocuparon
en su país funciones políticas oficiales, diputados, ministros, pero sobre
todo los Hermanos Musulmanes de Siria ejercieron una influencia moral e
intelectual nada desdeñable, bajo la dirección del sháij Mustafà
as-Sibâ‘i (muerto en 1965).
Asociaciones menos
importantes, y algunas muy poco duraderas, existieron también en Palestina,
Jordania, Líbano e Irak. Algunas de esas asociaciones resurgieron
posteriormente y juegan un destacado papel en la política de sus respectivos
países, o bien fueron el germen de otros movimientos que, como en el caso
egipcio, se orientaron hacia la moderación o el radicalismo.
Hay que añadir,
finalmente, que los Hermanos Musulmanes de Egipto gozaron y gozan aún de
grandes simpatías en muchos países musulmanes.
LAS IDEAS: Lo
esencial del mensaje de los Hermanos Musulmanes puede ser resumido así: el
Islam es un todo, un sistema (nizâm)
completo, e inigualable debido a su origen, que está en una Revelación. En
tanto que sistema completo y perfecto, está destinado a regular todos los
aspectos de la vida humana. La gran consigna de la Hermandad, enunciada por su
fundador, Hásan al-Bannâ, es la siguiente: “El Islam es una cosmovisión (‘aqîda)
y una actividad espiritual (‘ibâda);
es patria y nacionalidad; es trascendencia y política; es sabiduría y acción;
es Corán y sable”. El sistema islámico es válido para todos los seres
humanos, sea cual sea su momento histórico y su geografía.
La originalidad de
las ideas de los Hermanos no está en su formulación, que tiene precedentes
en las enseñanzas de Yamâl ad-Dîn al-Afgâni, célebre revivificador del
Islam de principios del siglo XX, sino que está en que su fundador ha hecho
de esa enseñanza, simplificándola y haciéndola más rígida, la herramienta
ideológica de un potente movimiento popular.
Las posturas islámicas
de los Hermanos, sobre todo las de Hásan al-Bannâ, muy inspiradas en la
escuela de derecho hánbali (al-mádzhab
al-hánbali), tienen como ideal la vuelta a la pureza del Islam de las
primeras generaciones musulmanas (el Sálaf),
si bien se trata de un Islam actualizado con un plan y en términos diferentes
justificados por las necesidades de los tiempos.
El musulmán sólo
puede conocer a Allah por la descripción que de Él hace el Corán y la
Sunna, pero su convicción es iluminada y alimentada por la luz que proyecta
en su espíritu y en su corazón el compromiso total de su vida al servicio
del Islam. Con el mismo objetivo de acercamiento a Allah, los Hermanos estaban
obligados a ejercicios de espiritualidad fundados en la recitación del Corán
con meditación (tadábbur),
el estudio asiduo de los hadices y de la historia ejemplar de los comienzos de
la comunidad musulmana. En la línea de las corrientes salafíes, en sus
exposiciones de los fundamentos del Islam, los Hermanos manifestaban una gran
desconfianza a las formulaciones tradicionales del Kalâm, que es juzgado como
demasiado impregnado de espíritu griego, extranjero al Islam original, y
cuyas especulaciones son acusadas de haber generado en el pasado y de mantener
en nuestros días divisiones y un espíritu sectario que son obstáculo para
la unidad indispensable de todos los musulmanes en sus luchas contra el
imperialismo.
El compromiso de los
Hermanos en el servicio al Islam tiene como primer objetivo la lucha contra la
invasión occidental bajo todas sus formas. Por un lado, se trata de luchar
hasta que todos los países musulmanes sean liberados de toda dominación
extranjera; y, por otro, en el interior, los Hermanos Musulmanes se proponían
islamizar de nuevo la vida egipcia en muchos de sus aspectos que la influencia
occidental, juzgada disolvente, había impregnado, lo que iba desde las
costumbres sociales tales como la vestimenta, los saludos, el uso de lenguas
extranjeras, horarios de trabajo y de alimentación, calendario,
entretenimientos, etc., hasta las instituciones escolares, jurídicas, políticas,
sin olvidar los dominios de las ideas y de los sentimientos. Los problemas
relativos a la familia y a la condición de la mujer no fueron descuidados; se
dio existencia a un movimiento femenino paralelo, las
Hermanas Musulmanas (al-ajawât al-muslimât),
que desplegó una gran actividad.
Uno de los puntos
principales del programa de los Hermanos era la abolición de los códigos
egipcios, inspirados en códigos europeos, y la creación de una legislación
fundada en la Sharî‘a. El problema de la evolución del Fiqh estaba, en su
opinión, superado, pues una sociedad renovada y que viviera realmente el
Islam debía forjar una nueva legislación, basada en los principios derivados
de la Revelación, en función de los problemas nuevos e imprevisibles con los
que se encontrara (Sayyid Qutb).
Los Hermanos
Musulmanes se han esforzado en elaborar toda una doctrina económica y social
a partir de nociones coránicas tales como el impuesto previsto por la Ley
revelada (el Zakât) y la prohibición de los beneficios del dinero (ribâ, la
usura), y, en general, reinterpretando y adaptando a las necesidades modernas
los datos relativos a la vida económica y social proporcionados por el Corán,
la Sunna y el ejemplo de las primeras
comunidades musulmanes (el Sálaf).
Sayyid Qutb y el sirio Mustafà as-Sibâ‘i parecen ser los autores
que más han sistematizado estas doctrinas, definiendo un socialismo
islámico (ishtirâkía islâmía)
que, reuniendo las ventajas del capitalismo y el comunismo, es radicalmente
diferente de esos dos regímenes por su naturaleza y sus fines. La propiedad
privada es garantizada como un derecho, pero tiene una función social
delegada al individuo por la comunidad, que obtiene los bienes de Allah, único
verdadero propietario. El Estado (dáula), actuando como representante de la comunidad, tiene el derecho
y el deber de examinar el origen de la fortuna de los particulares, controlar
su uso y garantizar la parte que corresponde a los más necesitados. Además
de estos principios, sobre los cuales deberá ser fundada una legislación y
una política sociales verdaderamente musulmanas, son exaltadas las virtudes
del desinterés, la cooperación y la fraternidad, que existían en los países
musulmanes antes de la irrupción occidental materialista, siendo necesario
reeducar en ellas a los musulmanes por que son fines en sí mismas que dan
sentido al régimen islámico.
El gran objetivo de
los Hermanos es crear un Estado auténticamente musulmán; el ideal, que debe
ser alcanzado tras múltiples etapas preparatorias, era restaurar un estado único
que juntara a todos los pueblos musulmanes y tendría a su cabeza un califa.
Mientras tanto, una multiplicidad de Estados es admisible. El jefe del estado
es elegido por la comunidad y responsable ante ella; la comunidad actúa a
través de sus representantes cualificados que ella elige, los ahl
ash-shurà, los miembros de la
asamblea, que eligen al jefe, controlan sus actos y legislan en colaboración
con él. Todo el que detente una autoridad tiene la obligación de recurrir a
la consultación (shurà)
de sus colaboradores, y todo ciudadano tiene la obligación de ofrecer a los
detentores de autoridad su consejo
(nasîha). El Estado
islámico tiene por finalidad, en el interior, velar por la buena observación
de las leyes del Islam, y, en el exterior, apoyar al Islam en otras naciones,
y luchar constantemente en favor de los intereses de los musulmanes ahí donde
estén, y por la justicia y el bien común de la humanidad (al-amr
bil-ma‘rûf wa n-náhi ‘áni l-múnkar).
Las ideas de los
Hermanos Musulmanes han conocido y conocen aún una difusión considerable,
incluso cuando la Asociación ha vivido momentos de clandestinidad. Esas ideas
ejercen hoy una gran influencia
sobre la literatura musulmana de divulgación, sobre todo en lengua árabe.
BIOGRAFÍA
DE HÁSAN AL-BANNÂ
Hásan al-Bannâ,
fundador y director general (Murshid) de los Hermanos Musulmanes (al´-ijwân
al-muslimûn), nació en 1906, hijo de un relojero egipcio que añadía al
ejercicio de su profesión el estudio asiduo de las ciencias islámicas
tradicionales y fue el editor del Músnad del Imâm Ibn Hánbal.
La influencia paterna
tuvo una gran importancia en la formación y en la juventud de Hásan
al-Bannâ, y su primera educación fue de corte tradicional: estudio y
memorización del Corán, el Hadiz, el Fiqh y la lengua árabe. Junto a su
educación islámica, estuvo poseído por una inclinación espiritual innata,
pues, desde su adolescencia, se sintió atraído por el sufismo
(tasáwwuf) y recibió la iniciación en el Método (Tarîqa) Hasâfía
a la edad de catorce años.
Tras un periodo
pasado en la escuela normal primaria de Damanhûr, entró en el Dâr
al-‘Ulûm (la Casa de las Ciencias)
de El Cairo y frecuentó al mismo tiempo una escuela normal privada. En Damanhûr
ya reveló su precoz capacidad de organización y su gusto por el activismo
fundando la Asociación Benéfica Hasâfí
(al-ÿam‘ía al-hasâfía
al-jairía). En el Dâr al-‘Ulûm desarrolló su tesis de que los males
de la sociedad islámica podían ser sanados por un retorno a las fuentes
regeneradoras del Corán, el Hadiz y la Sîra (la biografía del Profeta). Con
un grupo de condiscípulos, comenzó a divulgar el Islam revivificado por las
mezquitas y lugares de reunión de El Cairo.
En 1927, cuando hubo
acabado sus estudios, fue nombrado maestro público en la ciudad de Ismâ‘îlía,
y al año siguiente fundó la Asociación de los al-Ijwân al-Muslimûn.
Permaneció en Ismâ‘îlía hasta 1933, divulgando sus enseñanzas,
pronunciando conferencias, redactando panfletos y perfeccionando la organización
interna de su movimiento sobre la base de células. Durante ese periodo, viajó
infatigablemente por la zona del Canal, gracias a lo cual se multiplicaron las
ramificaciones de la Asociación entre Port-Said y Suez.
Coincidiendo con un
traslado de su puesto de enseñanza a El Cairo, Hásan al-Bannâ entró
en un periodo de intensa actividad, y el movimiento ganó rápidamente terreno
en todo Egipto. Tras 1936, fecha en la que comenzó su apoyo activo a la causa
Palestina, accedió a la arena política, hostigando a los primeros ministros
sucesivos con continuas llamadas a la acción y a las reformas. Durante la
segunda guerra mundial, la actitud del gobierno al respecto de Hásan
al-Bannâ fue progresivamente endureciéndose. Bajo los gobiernos de Sirri
Pasha y an-Nuqrâshi, fue arrestado durante breves periodos, y la actividad de
la Hermandad fue disminuida. Durante el periodo que siguió inmediatamente a
la guerra, la tensión entre los Ijwân y el gobierno se acrecentó y alcanzó
su momento culminante con su ilegalización como consecuencia de la muerte de
an-Nuqrâshi en diciembre de 1948.
Algunos meses más tarde, en febrero de 1949, Hásan al-Bannâ fue asesinado, presumiblemente por agentes del Estado, lo que le valió entre los Hermanos Musulmanes el título de Shahîd (Mártir). Para muchos de sus seguidores, él fue el Muÿáddid, el Renovador del Islam, el que le devuelve su fuerza, del siglo XIV de la hégira.