CIENCIAS DEL ISLAM

 

‘ILM USÛL AL-FIQH

Ciencia de los Fundamentos del Derecho  

 

índice

 

PARTE PRIMERA

LECCIÓN 6

 

El primer dalîl: el Corán

Primera parte

 

 

Las propiedades y particularidades del Corán (jawâss al Qur’ân)

 

         El Corán (al-Qur’ân) es el Discurso de Allah (Kalâm Allâh) con el que el Espíritu Fiel (ar-Rûh al-Amîn, Yibrîl, Gabriel) descendió hasta el corazón del Mensajero de Allah (Rasûl Allâh) -Muhammad ibn ‘Abd Allâh- trasmitiéndole sus términos árabes y sus significantes tal como los conocemos, para que fuera argumento (huÿÿa) a favor de su condición de Mensajero de Allah y fuera camino y ley (dustûr) que sirviera de guía a la gente. Ese Discurso revelado ha sido recogido en un volumen que empieza por la Fâtiha y acaba con el capítulo an-Nâs; su trasmisión hasta nosotros tiene el carácter de tawâtur (es decir, una gran cantidad de auditores que lo recogieron de labios del Profeta y lo trasmitieron igualmente a gran cantidad de discípulos, y así hasta llegar a nosotros), teniendo, por tanto, una gran cantidad de garantes que coinciden en su fidelidad a la enseñanza original; además, el Corán está garantizado por las dos formas en que nos ha llegado: la escrita y la oral. Ha pasado así a través de las generaciones sin sufrir alteraciones, ni sustracciones ni adiciones, cumpliéndose lo que Allah mismo ha dicho en el Corán: “Yo he revelado el Libro y Yo lo protejo”.

         Característica del Corán, por tanto, es que sus palabras y sentidos en árabe son los que Allah ha comunicado a Muhammad (s.a.s.). Sus palabras, literalmente, son las que trasmitió al corazón de Muhammad (s.a.s.). El Profeta (s.a.s.) no hizo sino comunicarlas y trasmitirlas. De esto se concluye lo siguiente:

         1- El Corán es revelación (wahy, tançîl), y no es simple inspiración (ilhâm). Las ideas que Allah inspiró al Profeta (sa.s.) y al que él dio forma usando sus propias palabras no son consideradas Corán ni tienen su estatuto. Se les llama hadices (ahâdîz en árabe, plural de hadîz). Igualmente sucede con los hadices qudsíes, que son aquellos en que el Profeta (s.a.s.) trasmite ideas que  atribuye directamente a Allah pero para las que emplea su propio lenguaje (y, así, los hadices qudsíes no son Corán ni tienen el estatuto de Corán). Los hadices, sean del tipo que sean, no tienen el valor del Corán como dalîl (prueba sobre la que sostener un juicio), ni son válidos en el Salât, ni su recitación es una práctica espiritual.

         2- Las paráfrasis o comentarios al Corán en árabe no son el Corán, por adecuados y acertados que sean. Sólo es considerado Corán y tiene el estatuto del Corán el texto original, literalmente.

         3- La traducción del Corán o de partes del Corán a otras lenguas, no es Corán, por precisa y exacta que sea la traducción. Como hemos señalado, sólo se considera Corán el texto original en árabe que consiste en palabras y expresiones muy determinadas. Una buena paráfrasis del Corán en árabe con el objeto de hacerlo más comprensible o una buena traducción del mismo a otra lengua son una aclaración (bayân) pero no sustituyen jamás al original ni tienen su estatuto. Ni la paráfrasis, ni el comentario ni la traducción son herramientas para deducir normas coránicas, ni pueden ser recitados durante el Salât ni se considera su lectura una práctica espiritual meritoria (‘Ibâda) de las que Allah ha establecido.

         4- Como característica notable del Corán, debemos repetir aquí la mencionada más arriba. Se trata de un texto mutawâtir, es decir, trasmitido a lo largo de las generaciones por el sistema del tawâtur. El tawâtur es la forma de trasmisión más segura y fiable por la abundancia de sus garantes (gran número de personas, con apoyo en la escritura y en la oralidad), de modo que es tajante. Algunas variantes del Corán (qirâât) que no nos han llegado por tawâtur, como cuando se dice que tal Compañero recitó tal fragmento del Libro de tal modo, sin que pueda ser comprobado con la seguridad que ofrece el tawâtur, no son enumeradas entre las variantes legítimas ni se le adjudica el estatuto de Corán.

 

 

El valor del Corán como argumento (huÿÿíat al-Qur’ân)

 

         El Corán es huÿÿa ‘alà n-nâs, un argumento contra la gente. Esta expresión es de suma importancia. Quiere decir que el Corán es lo que Allah ha dicho comprometiendo a la gente, su Discurso ordenando cosas, prohibiendo otras, su Mensaje en el que recomienda y desaconseja o bien tolera, aprueba y dispensa, establece normas, criterios y juicios,... Su seguimiento estricto es obligatorio, y quien no lo hace carece de disculpa e incurre en la Ira de su Señor al contravenir la expresión clara de Su Voluntad. Cumplir el Corán es Tâ‘a, obediencia consciente a Allah, y desobedecerlo es Ma‘sía, rebelión consciente contra Allah.

         Es así porque tenemos la certeza tajante de que nos ha llegado de forma fiel al original trasmitido por el Profeta (s.a.s.). Por otra parte, la demostración (burhân) de que es Palabra de Allah está en una de las características esenciales del Corán que es el I‘ÿâç, su inimitabilidad.

 

 

El I‘ÿâç, la inimitabilidad del Corán

 

         El Corán lanzó un desafío (tahaddî) a los que dudaban de su autenticidad. Ese tahaddî consistía en que, la persona que pudiera, procurara elaborar un texto análogo. El Corán cuenta con unas características que hacen imposible responder a ese reto. El conjunto de esas cualidades demuestra su I‘ÿâç, su inimitabilidad.

         Aunque hemos traducido el término por inimitabilidad, en realidad I‘ÿâç significa acto de reducir a alguien a la impotencia o de demostrarle o de confirmarle a alguien su impotencia. La incapacidad humana de producir un texto semejante al Corán demuestra su origen extrahumano.

         Para que esa demostración de la impotencia del ser humano (y su extremo opuesto, la demostración del origen exterior del Libro) tenga esencia es necesario que el I‘ÿâç cumpla tres condiciones: el desafío previo, el apremio a responder a causa de la gravedad de la cuestión planteada y la inexistencia de lo que le impida demostrar la falsead de la pretensión.

         Por ejemplo, si un deportista pretende ser campeón en un ejercicio y otro niega su afirmación, si el primero quiere demostrar su supremacía debe retar a su oponente o a quien éste le oponga. Por su parte, el negador si necesita demostrar la falsedad de dicha proclamación y no tiene excusa para no presentarse al reto ni pueda presentar a quien pueda demostrar que la pretensión del campeón es falsa, y de todos modos no lo hace, con ello reconoce su incapacidad y debe aceptar la pretensión del campeón.

         En el Corán se han dado las tres circunstancias: ha proclama su desafío, ha existido la necesidad y la ocasión de responder a él y no ha habido circunstancia que lo impidiera, sin embargo no se ha producido la respuesta.

         El desafío tuvo lugar cuando Sidnâ Muhammad (s.a.s.) se proclamó Mensajero de Allah y apoyó su pretensión en el Corán mismo diciendo que quien dudara del origen y autenticidad del Libro, que presentara algo semejante (siendo el lenguaje y la expresividad el mayor logro del árabe, de lo cual presumían los árabes y en lo que cifraban el valor de una persona). Es más, rebajó el listón, y reclamó que quien pudiera elaborar un solo capítulo o simplemente varios versículos con la fuerza del Corán, admitiría que cualquier ser humano podría haber inventado el Corán y quedaría una duda legítima sobre su verdadero origen. Lanzó este desafío utilizando frases incluso hirientes con tal de incitar a que se respondiera a él, se burló de sus oponentes para estimularlos, y juró que no podrían jamás hacer algo parecido al Corán a pesar de que entre ellos los había que presumían de su elocuencia y su capacidad para expresar en árabe ideas brillantes. Los pocos intentos que hubo, resultaron ridículos al lado del Corán.

         El mismo Corán se hizo eco de ese desafío: “Si dudáis sobre la autenticidad de lo que he revelado a mi servidor, traed un capítulo semejante y convocad a vuestros testigos a parte de Allah, si es que sois sinceros. Si no lo hacéis -y no lo haréis- cuidaos del Fuego cuyo combustible son las gentes y las piedras; ha sido preparado para los negadores”, “Si dicen. Lo ha inventado (Muhammad). Diles: Traed diez capítulos semejantes que hayan sido inventados, invitad a que lo haga quien queráis que no sea Allah, si es que sois sinceros”, “Aunque se junten los seres humanos y los genios para hacer algo parecido a este Corán, no lo lograrían, ni aunque se apoyasen los unos a los otros en ello”, “Si no te responden (y siguen en negación) no hacen sino seguir sus pasiones”.

         En cuanto a la necesidad de responder a semejante reto, estaba claro. Los guardianes de las creencias idolátricas y los notables de Meca fueron viendo cómo el Islam crecía en la ciudad y amenazaba a sus ídolos e intereses económicos. Siguieron todo tipo de estrategias contra el Islam, persiguieron a los musulmanes e insultaron y acecharon al Profeta (s.a.s.), pero no pudieron responder al desafío; es más, consta que expresaron su admiración por el Corán y reconocieron el hechizo que ejerce, pero explicaron su atractivo recurriendo a que se trataba de un acto de magia o de posesión demoníaca.

         Existía la posibilidad de responder al desafío. El Corán está en árabe, lengua de los habitantes de Meca. Sigue en todo las reglas gramaticales a disposición de los arabo-parlantes. Sus frases no son complicadas. Por otra parte, los árabes eran conocidos por su habilidad con el lenguaje y habían cultivado la poesía y la prosa desde tiempos inmemoriales. Entre ellos abundaban los poetas, los narradores, los retóricos, y gustaban de las reuniones y debates literarios. El Corán los desafiaba producir algo semejante, o un capítulo parecido a los suyos, y que se ayudaran mutuamente para lograrlo o que acudieran a expertos en lengua árabe, habiendo como había entre ellos quienes se consagraban a esa tarea, así como cristianos y judíos que conocían otros estilos de expresión. Además, la Revelación del Corán duró veintitrés años, y hubo tiempo sobrado, por tanto, para refutarlo.

         Por tanto, Allah, a través del Corán puesto en la lengua de su Mensajero, en muchos versículos, retó a la gente para que demostraran su que no era un texto exterior a lo que puede inventar una persona. Había necesidad de responder a ese reto, así como ocasión para ello. Con ello, los negadores del Islam habrían ayudado a sus dioses y habrían obtenido el triunfo sobre los musulmanes. Sin embargo, prefirieron combatir el Islam en lugar de refutarlo; buscaron acabar violentamente con el Profeta (s.a.s.) en vez de acallarlo con una demostración aparentemente fácil. Con todo ello, en el fondo, demostraron su impotencia (‘aÿç) de donde viene el término I‘ÿâç.

 

Aspectos del I‘ÿâç

 

         La inimitabilidad del Corán no proviene de un solo aspecto. En su estilo, en su significación y en su alcance espiritual. La conjunción de estos tres niveles es lo que le hace ser inimitable y reduce a la sensación de incapacidad a quien pretende elaborar algo perfecto que responda a todas esas exigencias.

         Los expertos en esta materia también están de acuerdo en que uno de los signos de la inimitabilidad del Corán está en su carácter inagotable. A pesar de los miles de comentarios que se han hecho sobre cada una de sus palabras, aún no ha acabado lo que puede decirse. Cuando la inteligencia, el corazón y el espíritu se sumergen en el Texto encuentran ante sí una fuente inacabable de sugerencias. La pretensión de Sidnâ Muhammad (s.a.s.), según la cual él era el Mensajero de Allah y que el Corán le venía de Allah, ha quedado sobradamente demostrada.

         A modo de simple alusión, queremos destacar aquí algunos de los aspectos de esa inimitabilidad más fáciles de comprender:

 

         1- La armonía y equilibrio de sus expresiones, sus significados, sus normas y sus exposiciones. El Corán está compuesto de unos seis mil versículos, en los que los conceptos, las ideas y los temas (doctrinales, éticos o normativos) son presentados bajo en gran variedad de formas expresivas. A pesar de toda esa riqueza en cuestiones tratadas y modos de presentación y exposición, existe a lo largo de todo el Corán una extraordinaria uniformidad, de modo que no puede decirse que tal versículo sea superior a tal otro en su capacidad para trasmitir la idea subyacente. Los caracteres fundamentales del estilo son la Balâga, la habilidad para expresar adecuadamente la idea, y la Fasâha, la elocuencia. El Corán es balîg fasîh (es decir, que trasmite correctamente la idea y lo hace de forma bella y magistral) en cada una de sus frases. No se puede decir que una versículo tenga más valor literario que otro, sino que el estilo de cada uno corresponde de modo exacto a la idea que quiere comunicar.

         De igual modo, no hay contradicción entre las múltiples ideas que presenta. En el Corán no existen sentidos en oposición, ni normas que entren en conflicto, ni principios que derrumben otros, ni objetivos en desacuerdo. Es decir, al igual que existe armonía entre los estilos y modos de expresión, lo hay en los significados. Tal como se ha explicado, el Corán fue siendo revelado a lo largo de veintitrés años, sin embargo no se puede detectar en él una evolución en el estilo ni desfases entre sus temas. El mismo Corán es consciente de ello, como cuando dice: “¿Es que no meditan acerca del Corán? Si fuera el producto de otro distinto a Allah, encontrarían en él muchas discrepancias...”.

         Los diferentes estilos responden a las necesidades de los variados temas tratados, y nunca se puede considerar que la diferencia radique en una capacidad distinta a la hora de expresar las ideas. El Corán es poético y telúrico cuando expone temas relacionados con su cosmovisión o dirige la atención de sus lectores a la creación como signo que revela a Allah. Es narrativo cuando relata historias. Es irónico, tajante o burlón cuando refuta las creencias de los idólatras y de los hipócritas. Es directo cuando se dirige a los musulmanes. Es más prosaico cuando enumera reglas y normas que deben seguirse. Pero en todos los casos lo hace a la perfección denotando una misma fuente inalterada a lo largo de esos veintitrés años. Su regla es la de la Balâga Fasâha, que consiste en que cada tema (cada situación) tiene su modo correcto de expresión (li-kúlli maqâm maqâl).

         En ocasiones, el entendimiento parece detectar algunas contradicciones, que desaparecen a la luz de los sentidos globales. Por ejemplo, en el Corán se dice: “El bien te llega de Allah, y el mal proviene de tu egoísmo”, y en otro lugar dice: “Todo te viene de Allah”. Pero a una mínima reflexión se descubre que lo que nos está diciendo es que Allah no ordena el mal, mientras que el segundo versículo sitúa al musulmán en el centro de la cosmovisión que tiene en el Uno-Único su eje. Ambas ideas coinciden en lo esencial, en el objetivo del Islam de construir un mundo mejor sobre el soporte de un sentido profundo de la trascendencia capaz de tener presente a Allah en todo. No sólo no existe contradicción, sino una perfecta complementariedad que tiene en cuenta al ser humano en su lucha por mejorar y a Allah como clave de la existencia.

         2- El Corán y la ciencia. Aunque el Corán no ha sido revelado para exponer teorías científicas, sino para ser la exposición de una Vía y ser, también, el argumento de Allah contra las gentes, en muchas ocasiones hace referencia al universo, la creación, la naturaleza, el ser humano en sí, etc. En estos casos, es muy notable la ausencia de referencias míticas. El Corán hace esas descripciones limpiamente, de modo que no sólo no contradice lo que la ciencia puede averiguar sobre esos fenómenos, sino que incluso avanza algunos de sus descubrimientos más sorprendentes: “Ves las montañas y parecen inamovibles, pero en realidad están en un movimiento agitado”, “Yo envío los vientos, que son fertilizadores”, “¿Es que los que niegan al Profeta no se han fijado en el cielo? Era una masa, y Yo la hendí...”, “He hecho que toda vida surja del agua”, etc.

         A muchos comentaristas del Corán les repugna la idea de explicar el Corán a la luz de los descubrimientos científicos modernos a causa de su precariedad y su inconsistencia, sus cambios constantes, etc., pero lo cierto es que el Corán ofrece una imagen coherente del universo que está en consonancia con la sensatez y una visión no mitológica de la existencia que es conveniente resaltar para evitar a los musulmanes supersticiones y divagaciones incorrectas. Los comentarios científicos al Corán ayudan a superar la pereza intelectual y, precisamente debido a su constante evolución, demuestran la capacidad del Corán de no violentar la inteligencia humana con imposiciones en campos que, por el contrario, ilumina constantemente.

         3- Los anuncios del Corán. Hay algunos pasajes del Corán que anuncian sucesos que tuvieron lugar después de su Revelación: “Los bizantinos serán vencidos en la tierra baja, pero tras su derrota triunfarán (sobre los persas)”, “Si Allah quiere, entraréis en Jerusalén sin luchar”, etc. De igual modo, cuenta historias de naciones pasadas, que el Profeta (s.a.s.) desconocía, y que fueron confirmadas por los judíos y cristianos contemporáneos.

         4- La fascinación que produce el Corán. Todas las palabras del Corán están situadas en el texto estratégicamente. Queremos decir que aprovecha los valores de los sonidos, las ideas, las concomitancias, para producir una honda impresión en el espíritu del lector. Es cierto que esto no puede recogerlo ninguna traducción, pero es indudable que en árabe el Corán tiene una musicalidad, un ritmo sosegado o trepidante en función de las necesidades, crea juegos de imágenes poderosas, etc., siendo todo ello capaz de despertar inquietudes, emocionar o estimular, y de sumergir al lector en otro universo. Esta habilidad del Corán fue testimoniada incluso por sus detractores, que vieron en él una magia seductora. El Corán se apodera de la mente y el corazón de quien lo sigue, e, incluso, imprime con su ritmo un movimiento cadente al cuerpo, integrando la totalidad de su lector en el tema que aborde. Uno de los oponentes al Islam, en la época del Profeta (s.a.s.), dijo del Libro: “Es dulce y embriagante. Sus partes más bajas son como jardines y las partes más altas son sus frutos. Esto no puede haberlo inventado un ser humano”. Y estas palabras de un enemigo del Islam (al-Walîd ibn al-Mugîra) han sido aceptadas por los musulmanes como una de las mejores definiciones del Corán.

 

 

LECCIÓN VII