|
CIENCIAS DEL ISLAM |
Ciencia
de los Fundamentos del Derecho
LECCIÓN 4
y
de la Ciencia de los Fundamentos del Fiqh
El Islam es un conjunto de doctrinas (‘aqâid), de consejos
éticos (ajlâq) y de normas prácticas (ahkâm).
Estas últimas (los ahkâm, plural de hukm, norma,
juicio) son las que interesan al Derecho (Fiqh). El Fiqh,
por tanto, es la ordenación de esas normas, entresacadas del Corán y la Sunna,
según unos criterios que analiza la Ciencia de los Fundamentos del Fiqh
(‘Ilm Usûl al-Fiqh), a la que está consagrada la materia que
estamos estudiando.
Las normas prácticas (ahkâm ‘amalía), en la época
del Profeta (s.a.s.) tenían dos únicas fuentes: el Corán y el Ejemplo del
Profeta (sus fatwa-s o dictámenes ante un suceso; sus qadâ-s
o sentencias en una querella; o sus ŷawâb-s o respuestas a
preguntas). Es decir, el Fiqh, en sus comienzos, fue el conjunto de las
Normas de Allah y de su Mensajero, que encontramos en el Corán y en la Sunna.
Tras la muerte del Profeta (s.a.s.), los que habían sido sus Compañeros
(Sahâba) continuaron su labor siguiendo su Ejemplo, pero
tuvieron que enfrentarse a situaciones nuevas e imprevistas. Los Compañeros
hicieron un Esfuerzo (Iŷtihâd) por aplicar a las nuevas
circunstancias el espíritu que habían recogido de las enseñanzas del Profeta.
El Iŷtihâd de los Sahâba se sumó a ese
cuerpo de Normas. Es decir, se esforzaron por derivar (intinbât)
de las Normas del Profeta soluciones para los casos novedosos. Por tanto, en esa
segunda época, el Fiqh estuvo compuesto por las Normas de Allah, las del
Profeta y las Fatwa-s de los Sahâba. Las fuentes eran el
Corán, la Sunna y el Iŷtihâd de los Sahâba.
En estas dos primeras épocas no se recopilaron de forma ordenada esas Normas ni
se teorizaba, si no que se trataba de soluciones prácticas para casos
concretos. No había generalizaciones, y por ello no se hablaba aún de una
Ciencia del Derecho, ni los Sahâba recibieron el nombre de
alfaqíes.
El segundo y tercer siglo del Islam (etapa llamada globalmente siglo
de los Continuadores, de los Seguidores de los Continuadores y de los Grandes
Imames) conocieron una enorme difusión del Islam, y muchos no árabes se
hicieron musulmanes, conformando el grueso de la Nación. Con ello surgieron
nuevas cuestiones, en medio de un extraordinario crecimiento de la cultura y las
reflexiones. Los nuevos problemas exigían soluciones y aparecieron las grandes
generalizaciones que permitían aplicaciones universales. El Fiqh se hizo
teórico. Es la época de las grades recopilaciones de la Sunna, que permitieron
establecer comparaciones, analogías, deducciones, etc., todo lo cual se sumó a
las experiencias precedentes, con lo que en la época de los Grandes Imames (al-Aimma
al-Muŷtahadîn, los Maestros que realizaron un gran Esfuerzo)
tomaron forma el Fiqh y sus reglas. Los expertos en esta materia, a
partir de entonces, recibieron el nombre de alfaqíes (cuando se aplica a los de
las generaciones anteriores se hace de forma metafórica, ya que casi nunca
emplearon ellos mismos ese término). Fue entonces cuando fueron tomando cuerpo
las escuelas de Derecho (los madzâhib, plural de mádzhab, escuela,
corriente de pensamiento).
La Muwatta del Imam Mâlik ibn Ánas destaca como primera
recopilación de Fiqh llegada hasta nosotros. En esa obra el Imam Mâlik
recogió la Sunna válida para él junto a las opiniones y Esfuerzos de
los Sahâba y sus Continuadores. Era un libro de
hadiz y de fiqh, y es la base del Derecho de los hiŷâçíes (los
maestros que había en el Hiŷâç, la región en la que se
encuentran Meca y Medina). Poco después, el Imam Abû Yûsuf, discípulo del
Imam Abû Hanîfa, escribió varios libros de fiqh, que son la base del
Derecho de los iraqíes. También el hánafi Muhammad ibn al-Hásan
redactó obras que fueron recogidas por al-Hâkim en su al-Kâfî y
comentadas por as-Sarjasi, que son la base del derecho hánafi. El Imam aš-Šâfi‘i
compuso su libro al-Umm, que es la columna vertebral del Derecho šâfi‘i.
La Ciencia de los Fundamentos del Fiqh surgió en el siglo segundo
después de la Hégira, tras las grandes recopilaciones de Derecho. Esta ciencia
(‘ilm) no había sido necesaria durante el primer siglo porque no hacían
falta reglas (qawâ‘id) para establecer deducciones. Por un
lado, el Corán daba soluciones a casos concretos y el Profeta las aplicaba
directamente. Sus Compañeros lo tomaron como modelo y, puesto que lo habían
acompañado estrechamente, estaban capacitados para interpretar sus enseñanzas
para los casos nuevos en conformidad con el espíritu muhammadiano, debido a su
íntima comprensión del Mensaje Revelado (tenían lo que se llama milka tašrî‘ía,
un don legislador innato). Efectivamente, los Sahâba
habían estado presentes en todo el proceso de la Revelación, conocían
pormenorizadamente los detalles del contexto de cada versículo del Corán y sabían
cuál había sido la respuesta del profeta para cada caso y cuál era su estilo,
su método y sus objetivos (los maqâsid aš-šar‘,
la intención de la Ley). No necesitaban sistematizaciones, y confiaron,
ellos y el resto de los musulmanes, en su propio saber y en su intuición.
Pero al difundirse ampliamente el Islam y entrar en él pueblos no-árabes
la comprensión de la Ley se convirtió en un problema. Se produjeron
desacuerdos a la hora de interpretar los textos ya que la lengua árabe dejó de
ser el idioma materno de muchos de los que se consagraron al estudio del
Derecho. Las cuestiones lingüística pasó a ocupar un lugar central en los
debates y ello estimuló un magnífico desarrollo de las ciencias del lenguaje.
Se hicieron necesarias reglas claras que permitieran el entendimiento correcto
de los textos revelados así como reglas lógicas y criterios sólidos para la
deducción que posibilitara la aplicación de la Ley en los casos nuevos.
Así, pues, tras el amanecer del Islam, cuando aparecieron los debates y
las discusiones, cuando se dispersaron las opiniones enfrentándose los que
defendían la aplicación rigurosa de la Sunna (los Ahl al-Hadîz,
las Gentes del Hadiz) y los que se inclinaban por las interpretaciones
(los Ahl ar-Ray, las Gentes de la Opinión), cuando comenzaron a
usarse pruebas y argumentos (adilla, húŷaŷ)
en favor de una u otra posición, fue cuando se reunieron todas esas discusiones
(lingüísticas y jurídicas) teniendo lugar el nacimiento de la Ciencia de
los Fundamentos del Derecho (‘ilm usûl al-fiqh).
La Ciencia de los Fundamentos del Fiqh comenzó de manera modesta y
dispersa por los libros de Derecho. Cada uno de los cuatro Grandes Imames
del Esfuerzo -los creadores de las escuelas (Mâlik, Abû Hanîfa, aš-Šâfi‘,
Ibn Hánbal)- aludía a sus criterios, pruebas y argumentos de forma
casual y desordenada. El primero en ordenar esos criterios, reglas, pruebas y
argumentos, que eran correctores legales (dawâbit šar‘ía),
fue el Imam Abû Yûsuf, el ya mencionado compañero del Imam Abû Hanîfa,
pero su obra sobre Usûl (Fundamentos) no nos ha llegado.
Pero sí nos ha llegado la que escribió el Imam aš-Šâfi‘i (que redactó la
ar-Risâla al-Usûlía), por lo que suele ser considerado el
creador de esta ciencia.
A partir de la época del Imam aš-Šâfi‘i, los ‘ulamâ (los expertos
en ciencias islámicas) comenzaron a interesarse por las reglas que debían
seguirse en el arte de la deducción (istinbât). Se siguieron dos
me´todos distintos, el de las Gentes del Discurso Racional (Ahl
al-Kalâm) y el de los maestros hanafíes.
Las Gentes del Kalâm fundaron criterios basados exclusivamente en la razón
y la lógica, y opinaron que el Derecho debía ajustarse a esas reglas,
concordaran o no con las deducciones que los Imames anteriores hubieran
entresacado. Es decir, releyeron el Corán y la Sunna desde la lógica
gramatical y racional sin prestar atención a los desarrollos que el derecho había
tenido hasta entonces. Este método fuel el seguido por la mayoría de los usûlíes
(los estudiosos de los Usûl, los Fundamentos) dentro de
las escuelas mâlikí y šâfi‘í. Las obras más importantes dentro de esta
corriente son el al-Mustasfà de Abû Hâmid al-Gaçâlim
los al-Ahkâm de al-Âmidi y el al-Minhâŷ de al-Baidâwi.
Por su parte, los hanafíes buscaron fundamentar las soluciones
que habían dado sus maestros. Es decir, privilegiaron su opinión sobre los
argumentos lógicos o racionales, dando más importancia a las derivaciones
(furû‘) que a las bases (qawâ‘id, usûl),
es decir, para ellos era más relevante la práctica (‘ámal)
que la teoría (názar). Las obras más importantes en este
sentido son los Usûl de Abû Yaçîd ad-Dabbûsi, los Usûl
de Fajr al-Islâm al-Baçdawi y el al-Manâr de an-Násafi (comentado en
la obra Miškât al-Anwâr).
Otros ‘ulamâ han intentado conciliar ambos métodos preocupándose por
determinar con precisión las reglas y argumentarlas a la vez que las aplican y
relacionan con las derivaciones jurídicas. A estos intentos pertenecen los
siguientes libros: el Badî‘ an-Nizâm al-Ŷâmi‘ de Muzáffar
ad-Dîn al-Bagdâdi, el Tawdîh de al-Kamâl ibn Humâm y
el Ŷam‘ al-Ŷâwâmi‘ de Ibn as-Subki.
Un libro muy útil para quien desee introducirse en esta ciencia es el Iršâd
al-Fuhûl del Imam aš-Šawkâni. Quien quiera hacerlo estudiando
textos actuales, puede consultar el Usûl al-Fiqh de Muhammad al-Jadri
y el libro Tashîl al-Wusûl de Muhammad ‘Abd ar-Rahmân
al-Mahlâwî. Para estas lecciones, nuestra obra de referencia es el
libro ‘Ilm Usûl al-Fiqh de ‘Abd al-Wahhâb Jallâf.
LECCIÓN
V