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CIENCIAS DEL ISLAM |
Derecho
Musulmán
según
las cuatro escuelas sunníes
(TAHÂRA)
LECCIÓN 5
La
eliminación (içâla) de la impureza
En este capítulo
vamos a hablar de la eliminación de la impureza material, dejando para más
adelante la descripción de las abluciones y lavados que eliminan la impureza
inmaterial.
La naŷâsa
(la impureza) desaparece en alguno de los siguientes casos:
1º- La elimina el
agua Tahûr (pura y purificante), y no basta el agua
simplemente Tâhir (agua pura). La diferencia entre ambas
será expuesta, in shâ Allah, en los apartados correspondientes a la
clasificación de los tipos de agua. No obstante, según los hanafíes,
tanto el agua Tahûr como el agua Tâhir eliminan la
impureza, al igual que los líquidos puros (como el vinagre o el agua de rosas).
La manera con la que
se elimina el lugar contaminado por una impureza es detallada en las distintas escuelas
de derecho (madzâhib):
Los hanafíes:
La ropa contaminada por una sustancia impura queda purificada si se la lava
aunque solo sea con una pasada por el agua si desaparece la sustancia visible,
esto si se la sumerge en agua corriente o se vuelca el agua sobre ella. Pero si
es lavada en un recipiente, son necesarias tres pasadas de agua, escurriéndose
al final de cada una de ellas. Si la ropa es teñida con una sustancia
contaminada por algo impuro, queda purificada cuando se la lava y el agua se
escurre pura, aunque quede el color adherido a la tela. En nada afecta que quede
huella de la impureza en la tela (mancha u olor) si es difícil de eliminar (la
dificultad consiste en que se deba utilizar algo más que agua para eliminar
esas huellas, como jabón por ejemplo). A esta misma consideración se suma lo
referente a quien se tiñe con un tinte (henna) que haya estado en contacto con
una sustancia impura: se lava el lugar teñido hasta que el agua escurre pura.
Lo mismo cabe decir de los tatuajes: cuando se punza la piel y sale sangre y
después se añade un tinte, éste queda contaminado por la sangre, y se
purifica lavando la piel hasta que el agua que se escurre sin restos de tinte ni
de sangre, aunque la piel siga impregnada por el tatuaje.
Lo anterior vale en
lo que se refiere a la sustancia impura visible. La invisible desaparece tras
ser lavado el lugar afectado hasta que se esté seguro de que la suciedad se ha
desprendido. Quien no se quede tranquilo ha de saber que en cualquier caso
bastan tres lavados escurriendo el objeto al cabo de cada lavado.
En cuanto al suelo
sobre el que haya caído una inmundicia, queda purificado volcando sobre él
agua tres veces y siendo secado con un trapo puro tras cada ocasión. Si la
cantidad de agua es suficiente, y después de volcarla no queda rastro de la
suciedad, queda purificado el lugar a la primera vez. La tierra se purifica
cuando se seca, y no tiene porqué ser purificada.
En cuanto al cuerpo,
queda purificado cuando se lava y desparece la sustancia visible. En cuanto a la
invisible, el cuerpo queda purificado cuando se tiene la seguridad de que la
sustancia ha desaparecido (en cualquier caso, bastan tres lavados, es decir,
tres pasadas de agua).
En cuanto a los
recipientes -que pueden ser de arcilla, madera o mental- se purifican con el
fuego, el tallado, la limpieza y el lavado. Si un recipiente es de arcilla o
metal y en su fabricación se han mezclado con algo impuro, son purificados
cuando pasan por el fuego (si la impureza les sobreviene tras su fabricación,
se purifican al ser lavados). Los instrumentos fabricados de madera quedan
purificados la ser tallados, y si la impureza les sobreviene después basta con
lavarlos. Si el recipiente es metálico, si su superficie es lisa, se purifican
al ser limpiados con un trapo; si su superficie no es lisa, deben ser lavados.
En cuanto a los líquidos
como el aceite o la mantequilla que hayan sido afectados por una impureza quedan
purificados volcando sobre ellos algo de agua tres veces y siendo retirada después
(puede hacerse de la siguiente manera: se colocan en un recipiente con orificios
que son tapados; se echa el agua; el aceite y la mantequilla ascienden y
entonces se abren los orificios para que salga el agua). Si se han solidificado,
se corta y se tira la parte afectada. La miel recibe el mismo trato.
El agua purifica al
agua. Es decir, si en un recipiente hay agua que se ha mezclado con alguna
impureza, basta volcar agua hasta que rebose. Con eso es suficiente.
Los hanafíes
cuentan otras formas de purificar las cosas: el Dalk, o frotamiento, que
consiste en frotar con el suelo o la tierra el objeto afectado por una impureza.
También está el Hatt, que consiste en frotar la suciedad con la mano o
con un palo. Ambas formas sirven para eliminar, por ejemplo, la inmundicia
adherida al calzado. El Mas-h consiste en limpiar son suavidad
superficies delicadas, ya sea con la palma de la mano o con un trapo, como las
heridas o las superficies pulidas (espejos, cristal, metales). También purifica
la exposición al sol hasta que queda seca la impureza, como sucede con el
suelo, el pasto o los árboles (no vale en el caso de las alfombras, que deben
ser lavadas si las contamina una impureza y no basta su exposición al sol). La
tierra y el suelo, por tanto, quedan purificados con la exposición al sol,
pudiendo hacerse el Salât en ellos una vez secos, pero no sirve para
hacer el Tayammum. El Salât exige un lugar simplemente puro, pero el
Tayammum debe hacerse con tierra pura y purificante. También purifica el Fark,
que consiste en el frotamiento con las manos, como se hace con los tejidos
manchados hasta que desparece la mancha (vale si la mancha está seca; en caso
contrario, hay que lavar).
Los mâlikíes:
El agua Tahûr purifica el
lugar al que se haya adherido una impureza, y basta una sola pasada si el agua
que se escurre es limpia (o, incluso, mezclada con suciedades pero que sean
puras). Existe la condición de que desaparezca el sabor de la impureza, aunque
sea dificultoso (la permanencia del gusto, según los mâlikíes, indica que la
impureza continúa adherida). También es condición que desaparezcan la mancha
y el olor, si no es difícil que desaparezcan (en caso de tal dificultad, como
en el caso de algo teñido con una sustancia mezclada con algo impuro, se juzga
puro el objeto tras ser simplemente lavado).
En el caso de ropa, esterillas o sandalias que hayan podido ser alcanzadas por una impureza -pero existiendo la duda-, basta con rociarlas con agua (si bien lavarlas completamente es lo más adecuado). El cuerpo y el suelo sí deben ser lavados en estos casos, no bastando rociarlos con agua. Los líquidos como el aceite, la mantequilla derretida o la miel son impuros si los contamina una impureza no habiendo manera de purificarlos.
Los hanbalíes:
La forma de lavar con agua Tahûr todo lo que no sea suelo o tierra (o
por el estilo) consiste en lavar la cosa contaminada siete veces de forma que no
quede tras los siete lavados ni color, ni sabor ni olor. Si la impureza proviene de un perro, un cerdo, o lo
que nace de ellos, a uno de los siete lavados hay que añadir tierra Tahûr,
o bien jabón u otra sustancia semejante (lo preferible es que la mezcla se haga
en el primer lavado). Si la suciedad persiste, se continua lavando el objeto
contaminado hasta que desaparece todo resto (si persiste el sabor, se disculpa;
si persisten el color o el olor –o ambos- el objeto es finalmente considerado
puro).
El tejido que ha absorbido una impureza debe ser exprimido y escurrido tras cada lavado (en la medida en que no se estropee). Los objetos que no absorben (como los recipientes) basta con que sean mojados siete veces dejando que el agua se escurra por sí misma tras cada lavado. Lo que absorbe impureza pero no puede ser exprimido, basta con golpearlo o dejar que el agua se seque después de cada lavado. La forma de purificar el suelo, tierra, piedras y similares es vertiendo sobre ellos agua en cantidad suficiente hasta que desaparezca la materia de la impureza.
El que es alcanzado
por el orín, la defecación o el vómito de un lactante sólo tiene mojar la
mancha, aunque no desaparezca.
Los shâfi‘íes:
El modo de purificar algo afectado por una impureza densa y grave –como la
derivada de unperro, un cerdo o lo que engendran- consiste en lavar siete veces
el objeto contaminado y que uno de esos lavados vaya acompañado de una mezcla
de tierra Tahûr..
La forma de eliminar
una impureza ligera consiste en rociar con agua el objeto contaminado de modo
que el agua abarque la zona impura. La impureza ligera es el orín de un
lactante.
En cuanto a la
impureza media, que es todo lo demás, es necesario recordar que los shâfi‘íes
la subdividen en hukmía –que es la que carece de cuerpo- y ‘ainía
–cuando es una sustancia que tiene cuerpo, olor y color-. La forma de limpiar
la impureza hukmía consiste en verter sobre ella agua, aunque sea sólo una
vez. Lo mismo sucede con la impureza ‘ainía con la condición de que
desaparezca el cuerpo de la sustancia (independientemente de sus cualidades,
menos el sabor, que debe procurarse que desaparezca –si no lo hace, el
objetivo contaminado sigue considerándose impuro si bien se disculpa-).
El modo de purificar
tierra o el suelo contaminado por una impureza media –como el vino o el orín-
consiste en mojar con bastante agua el lugar sucio hasta que lo absorba. Si la
sustancia impura es sólida basta con retirarla, a menos que haya manchado el
suelo, sobre el que hay que verter agua después.
2º- El carácter
impuro de una sustancia desaparece -sin que tenga que mediar ninguna intención-
cuando se transforma en algo puro, como cuando el vino se convierte en vinagre,
o la sangre de la gacela en almizcle, o como cuando esa sustancia impura es
quemada, si bien sobre esto último hay discrepancias entre las escuelas (según
los hanafíes, el fuego purifica toda sustancia impura; según los
shâfi‘íes y los hanbalíes, no ocurre así, y las
cenizas y el humo de algo impuro siguen siendo impuros; según los mâlikíes,
el fuego no elimina la impureza, pero exceptúan las cenizas en la opinión más
difundida entre ellos).
Sobre
si el curtido de pieles de animales muertos las purifica o no hay opiniones
detallas en cada escuela:
Según
los hanafíes: El curtido, sea real como aquél en el que se
emplean sustancias para curtir la piel o sea el resultado de su exposición al
sol o al aire, purifica la piel de un animal muerto si soporta el curtido; pero
no lo purifica si no lo soporta, como el caso de la piel de la serpiente. El
curtido no purifica la piel del cerdo, pero sí la del perro.
Según
los shâfi‘íes: El curtido purifica la piel de un animal muerto si
después no se pudre. Si es curtida con una sustancia impura, debe ser lavada
después para que recupere la pureza. El curtido no purifica la piel del cerdo
ni la del perro. El curtido no purifica el pelo, la lana o la pluma que haya
sobre la piel, sin embargo se disculpa si es escaso.
Según
los mâlikíes: No consideran que el curtido purifique la piel, sino que
la limpia. Por ello autorizan su uso, salvo la piel del cerdo. Su opinión la
basan en que cuando la piel todavía está humeda no recoge la impureza del
cuerpo, y cuando está seca la sequedad ahuyenta la impureza. En cuanto a la
lana, el pelo y las plumas que haya en la piel, no son impuras porque no tienen
vida y la muerte del animal no los afecta. La consideración según la cual el
curtido no es purificante es la opinión extendida entre los mâlikíes, si bien
hay expertos entre ellos que sí lo consideran purificante.
Los
hanbalíes: No consideran que el curtido purifique la piel de un
animal, pero autorizan su uso una vez que está seca. La lana, pelo y plumas,
son puros.
3º-
Los líquidos, salvo el agua, no pueden ser purificados (los hanafíes
exceptúan también el aceite, la mantequilla y la miel). Los objetos sólidos sí
pueden ser purificados salvo aquellos que absorben la impureza, según detallan
las escuelas:
Según
los mâlikíes: La carne cocinada con una sustancia impura no es
purificable, pero sí si la impureza le es añadida después de ser cocinada. Lo
mismo sucede con los huevos hervidos en una sustancia impura, las aceitunas
condimentadas con ella o la arcilla mezclada con una sustancia impura antes de
su cocción.
Según
los hanbalíes: Están de acuerdo con los mâlikíes salvo en lo
referente al huevo hervido en una sustancia impura, pues la dureza de su corteza
le impide absorber la impureza y puede ser lavado. También para ellos, la carne
cocinada o hervida en una sustancia impura no acepta ser purificada.
Los
shâfi‘íes: Consideran que los sólidos que absorben una impureza
pueden ser purificados al ser lavados.
Los
hanafíes: Si se trata de un recipiente, puede ser purificado. Si
se trata de algo cocinado, como la carne, la harina, etc., no puede ser
purificado a menos que se lave antes de la cocción.