CIENCIAS DEL ISLAM

 

FIQH

Derecho Musulmán

según las cuatro escuelas sunníes

   

índice

 

PARTE PRIMERA

  LA PUREZA

(TAHÂRA)

   

LECCIÓN 4

La  impureza que se disculpa

(mâ yu‘fà ‘ánhu min an-naŷâsa)

 

 

         Hemos estudiado conceptos importantes como Tahâra (pureza) y Naŷâsa (impureza). En el capítulo anterior, hemos repasado las sustancias que se consideran impuras (al-a‘yân an-náŷisa). En el próximo veremos cómo se realiza la eliminación (içâla) de la impureza. Pero antes de entrar en ese tema, es importante tener en cuenta que hay impurezas que se toleran (yu‘fà ‘ánhu), y son las que se disculpan para evitar al musulmán el háraŷ, el apuro y la mašaqqa, la dificultad. Allah dice en el Corán: “Allah no ha puesto háraŷ en el Islam”. Es decir, con todo esto se pretende facilitar la purificación.

         La expresión ma‘fû ‘anhu significa lo tolerado, lo disculpado, y lo ma‘fû ‘anhu es objeto de discrepancias entre las escuelas de Fiqh (los madzâhib).

 

         Según los mâlikíes, es ma‘fû ‘ánhu todo lo siguiente:

 

         1- Los excrementos y orines del bebé que ensucien la ropa de la mujer que lo amamante (su madre o nodriza), si bien debe procurar no ensuciarse y se le aconseja -pero no es obligatorio- (mandûb) que tenga preparada alguna túnica limpia en la que realizar el Salât.

         2- La humedad de las hemorroides si mojan el cuerpo o la ropa del afectado. Pero si el afectado toca con las manos esa humedad deberá lavárselas para hacer el Salât.

         3- La incontinencia de los adolescentes cuando les afecta de modo constante (emisión incontrolada de orines, excrementos, semen, etc.) siempre que les resulte difícil lavarse a cada momento y mantener limpia su ropa o cambiar de sitio impregnado por esas sustancias.

         4- Las impurezas que se adhieran a la ropa o al cuerpo del carnicero o el encargado de limpiar los retretes, así como del médico que esté curando heridas, si bien se les aconseja (mandûb) que tengan preparada ropa limpia en la que hacer el Salât.

         5- La manche de sangre (ya sea propia, de otro ser humano o de un animal, incluso aunque fuera un cerdo) siempre que sea pequeña (que no tenga una extensión mayor que la de un ‘dirham’). Lo mismo se dice de las manchas de pus.

         6- También se disculpa la impureza (orines, excrementos) que afecte la ropa, el cuerpo o el lugar, del que esté al cuidado de animales (caballos, asnos, mulos).

         7- Las manchas producidas por moscas o pulgas que han estado sobre impurezas y luego las han trasmitido ensuciando el cuerpo o la ropa de un ser humano.

         8- Las manchas de sangre en el lugar del cuerpo al que se hayan aplicado ventosas. Tras curarse la herida, debe eliminarse todo resto de la sangre.

         9- La impureza que afecta al cuerpo o a la ropa procedente de barro mezclado con impurezas, incluso después que haya cesado la lluvia. Deben darse tres condiciones: la primera, que la impureza no prevalezca sobre el barro siendo más notable que él; la segunda, que la impureza esté efectivamente mezclada con el barro o el agua de la lluvia; la tercera, que el afectado no tenga nada que ver con la circunstancia, como por ejemplo que no haya abandonado un camino limpio prefiriendo ir por uno sucio. Igual consideración tiene el agua con la que se riega las calles y el agua de los pantanos y ciénagas.

         10- Las secreciones de las pústulas, ya sean espontáneas o provocadas con o sin necesidad. Cuando se trata de una única pústula y la secreción sea espontánea o provocada por necesidad, se disculpa; pero no si se provoca sin necesidad si la mancha resultante cubre una superficie grande (mayor de un ‘dirham’).

         11- Los excrementos de los insectos (pulgas), incluso si es patente que han estado merodeando por zonas impuras. Sus excrementos son impuros, pero se disculpan. La sangre de esos animales se disculpa si la mancha no es superior al tamaño de un ‘dirham’.

         12- El líquido que sale de la boca del que duerme (es impuro si proviene del estómago, siendo entonces de color amarillento y maloliente, pero se tolera si es constante y resulta inevitable).

         13- Los restos de piojos sin son pocos (tres o menos).

         14- Las huellas de excrementos u orina que puedan quedar tras haber sido limpiado el lugar afectado con piedras o papel (istiŷmâr), no teniendo por qué ser lavados con agua siempre que la mancha restante no sea grande. Todo esto será estudiado con detenimiento en el capítulo que se dedicará al Istinŷâ.

 

         Por su parte, los hanafíes clasifican la impureza en severa (múglaza, gruesa) y ligera (mujáffafa). Según el Imâm, la impureza múglaza es aquella a la que hace referencia algún texto (del Corán o la Sunna) que sea inequívoco y no le pueda ser opuesto otro texto de las mismas características. Impureza mujáffafa es aquella citada en un texto al que sí pueda ser opuesto otro, como en el caso de la orina de los animales cuya carne pueda ser consumida. Efectivamente, hay un hadiz que obliga a los musulmanes evitar el contacto con la orina, del tipo que sea, pero hay otro hadiz en el que se aconseja a unos particulares utilizar cierta orina (con origen en animales cuya carne es comestible) como remedio para algunas dolencias.

         De la impureza severa (múglaza) se disculpa cuando la superficie de la mancha resultante no supera el tamaño de un dirham (menos si es una sustancia densa y algo más si es ligera).  Esa mancha se disculpa en la realización del Salât, si bien se considera makrûha tançîhan, pero no hay razones para considerar que alcance el grado de tahrîm. También se disculpan la orina y los excrementos de gatos y ratones cuando se impone la necesidad (es decir, se disculpan si caen en un pozo del que hay que beber, pero no si manchan el vestido del que quiera hacer el Salât, pues puede limpiarlo). También se disculpa el humo de lo impuro, de modo que si el viento lo arrastra y alcanza el vestido del que hace el Salât no se lo invalida aunque deje en él restos de mal olor. Se disculpan los rastros de orina cuando son diminutos. La sangre que mancha al carnicero también es disculpada (pero no en el caso de las demás personas y objetos). También se disculpa el rastro que dejan las moscas después de haber estado en medio de impurezas. También se disculpa la impureza que afecte al que lave a un difunto mientras lo esté lavando. También se disculpa el barro y lodo de las calles, incluso si está mezclado con impurezas cuya sustancia no sea perceptible por el ojo.

         En el caso de la impureza ligera se disculpa la mancha que no afecta a más de una cuarta parte del vestido o del cuerpo (cuando se trata de una sustancia espesa). Efectivamente, cuando una impureza afecta a un líquido éste queda contaminado en su totalidad.

         Se disculpa el estiércol de camello u ovejas si cae en pozo o un recipiente siempre que no sea en cantidad tal que altere la calidad o el color del agua. El excremento de otros animales sólo se disculpa en caso de que haya una gran necesidad del agua afectada.

 

         Los shâfi‘íes afirman que se disculpa la impureza siguiente. Lo que un ojo en circunstancias normales no percibe, aunque se trate de una impureza severa. El humo impuro en cantidades pequeñas si se desprende como resultado de fuego, a diferencia del vapor que no resulte de fuego, que es considerado puro. Las manchas pequeñas después de defecar tras limpiarse con un sólido (son disculpables en el sujeto, pero contaminarían a otro).

El barro de las calles mezclado con impureza segura (si se duda sobre la condición del barro debe considerarlo puro y disculpado), pero se tolera con cuatro condiciones. Primero, que no sea manifiesta la impureza. Segundo, que el que pase se prevenga contra la contaminación, como remangándose o no exponiéndose a ser salpicado. Tercero, que el afectado sea alcanzado por el barro mientras camina (no se tolera la suciedad del barro sospechoso si se cae en él). Cuarto, que la impureza alcance al vestido o al cuerpo.

Se disculpa también el pan calentado o enterrado en cenizas impuras, aunque se adhieran a él; los gusanos en la fruta o el queso; los líquidos con los que se elaboran o corrigen medicamentos y perfumes; las ropas que se tienden a secar sobre muros fabricados con restos impuros; las huellas de sangre o excrementos de insectos; los excrementos de pájaros en muebles o en la tierra siempre que estén secos o no se pisen a propósito. Se disculpan también los restos de pelo impuro si es en poca cantidad y si no son de perro o cerdo; los excrementos de peces en el agua si no han sido depositados en el agua sin justificación y mientras no alteren la condición del agua; los restos de sangre en la carne o huesos si se colocan en la olla antes de ser lavados, incluso si afectan al sabor del caldo resultante (cuando se lava la carne, el líquido sobrante es impuro mientras sea rojizo); la saliva impura del durmiente (la que proviene del estómago y es amarga y maloliente) se disculpa en el afectado, aunque sea abundante.

 

Los hanbalíes considera que es impureza tolerable lo siguiente. Las cantidades pequeñas de sangre o pus (cuando no contaminan algo líquido o un alimento) con la condición de que la sangre o pus proceda de un animal puro vivo. Las manchas de excremento tras el istinŷâ y el istiŷmâr. Los restos de orina tras un lavado concienzudo. El humo o el vapor procedente de algo impuro mientras no dejen mancha. El agua en poca cantidad contaminada por una impureza disculpada. La impureza que alcance al ser humano pero cuya limpieza pudiera causar un daño. Los restos de barro de la calle.

 

 

LECCIÓN V

La eliminación (içâla) de la impureza