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CIENCIAS DEL ISLAM |
Derecho
Musulmán
según
las cuatro escuelas sunníes
(TAHÂRA)
LECCIÓN 2
Las sustancias puras
(al-a‘yân at-tâhira)
Resumen de la lección anterior:
Pureza (tahâra); puro (tâhir)
Impureza (naÿâsa); impuro (náÿis).
La pureza consiste en la ausencia de contaminación por impureza, y se
consigue eliminando la impureza material (jábaz) y suprimiendo la impureza
inmaterial (hádaz).
A
su vez, la impureza inmaterial (el hádaz) puede ser: menor (hádaz
ásgar), y se suprime con la realización de la ablución menor (wudû),
o mayor (hádaz ákbar, también llamada ÿanâba), que se suprime con la
realización de un lavado integral del cuerpo (gusl).
El
wudû y el gusl tienen como sustituto el tayámmum, que es una ablución
seca cuando no hay o no se puede emplear el agua.
Como hemos visto en la lección anterior, la Tahâra (Pureza) se
subdivide en Tahâra del Jábaz (pureza que sobreviene con la eliminación
de la impureza material) y Tahâra del Hádaz (pureza que
sobreviene con la supresión de la impureza inmaterial). El Jábaz, para los
alfaqíes, es la sustancia impura (‘áin náÿisa). Mencionaremos en este
apartado ejemplos de sustancias que sí son puras (a‘yân tâhira), y
continuaremos más adelante enumerando las impuras, así como las impurezas que
se toleran, y, por último, el modo de eliminarlas.
Dedicaremos este capítulo a la mención de ejemplos de sustancias puras,
diciendo que en principio la naturaleza de las cosas es pura (al-asl fî
l-ashyâ at-tahâra) mientras no haya argumento revelado que
pruebe su carácter impuro (mâ lam tázbut naÿâsatuhâ).
Entre las sustancias puras hay que destacar al ser humano (insân), ya
esté vivo o muerto, en conformidad con lo que Allah dice en el Corán: “Hemos
dignificado al ser humano”. En cuanto a las palabras que Allah dice en el Corán:
“Los idólatras son impuros”, se aplican a su impureza espiritual, a sus
creencias, no a sus cuerpos (como sí es el caso del cerdo).
También es puro lo inorgánico (ÿamâd), que es todo cuerpo que no es
habitado por la vida y todo cuerpo que no se ha separado de algo vivo. La
sustancia inorgánica se subdivide en sólida y líquida. Pertenece al grupo de
sustancias sólidas todas las partes de la tierra y sus metales y minerales,
como el oro, la plata, el cobre, el hierro, el plomo, etc.; también las
plantas, incluso las que se emplean como drogas, alucinógenas o soporíferas,
como el hashish o el opio, la datura o el beleño, o las que se emplean como
venenos; por tanto todas las plantas -aun estando prohibido su consumo- son
puras. Al grupo de sustancias inorgánicas líquidas pertenece el agua, los
aceites, la miel de caña, los perfumes, el vinagre,... Todos estos son ejemplos
de sustancias inorgánicas puras, y lo son mientras no les sobrevenga nada que
las haga impuras.
Dentro
de este apartado hay que incluir las lágrimas, el sudor, la saliva y las
mucosidades de los seres vivos, sobre los que las escuelas (madzâhib) hacen las
siguientes precisiones:
Los shâfi‘íes: opinan que esas sustancias son puras si provienen de
un animal puro, ya sea su carne comestible o no. También opinan que es puro el
veneno de la serpiente y el escorpión.
Los mâlikíes: opinan que la saliva es el líquido segregado por la boca
en la vigilia o el sueño, y es pura sin discusión; pero si proviene del estómago
es impuro, y se la reconoce por su olor y su color, como cuando es amarilla o
maloliente, si es crónica se tolera, pero no en caso contrario.
Los hanbalíes: opinan que son puros las lágrimas, el sudor, la
saliva y las mucosidades de todo animal, ya sea lícito o no comer su carne, y
en este último caso si el animal es del tamaño de un gato o menor, y añaden
que son puros si no son generados por algo impuro.
los hanafíes: opinan que el juicio que merece el sudor y la
saliva de un ser vivo es el mismo que el del sûr (el agua que sobra de la
realización de las abluciones), cuestión que será analizada más adelante.
Dentro de este grupo de sustancias inorgánicas hay que considerar también
los huevos mientras no se pudran, la leche si es humana o de un animal cuya
carne sea lícito comer. En cuanto al cuerpo del ser humano u otros animales
vivos, son puros en su naturaleza, salvo algunos sobre los que las escuelas (madzâhib)
hacen las siguientes precisiones:
Los shâfi‘íes y los hanbalíes: opinan que las excepciones son
el perro y el cerdo y lo que engendran, incluso cuando se les cruza con otros
animales. Los hanbalíes añaden los animales cuya carne no es lícito
comer cuando tienen un tamaño mayor al de un gato.
Los hanafíes: opinan que el único animal impuro es el cerdo.
Los mâlikíes: opinan que no hay animales impuros. Incluso el perro y el
cerdo son puros en sí, así como lo que engendran.
Al grupo de sustancias inorgánicas puras hay que añadir la flema (bálgam)
la bilis (safrâ) y las mucosidades (nujâma); y también la marâra del
animal cuya carne sea lícito comer tras ser sacrificado de forma legal (tadzkía),
y la marâra es el líquido amarillento que hay dentro de la piel de los animales, y también la piel que contiene ese líquido considerado puro, no
obstante sobre esto último hay diferentes opiniones según las escuelas (madzâhib):
Los shâfi‘íes: consideran impura la marâra mencionada, así como la
piel que la contiene, que se purifica lavándola como sucede con los intestinos.
Los hanafíes: afirman que el juicio que merece la marâra de un
animal es el mismo que se aplica a sus orines. Se trata, pues, de una impureza
grave si el animal no es comestible y ligera si el animal es de carne lícita.
También son puros los cadáveres de los animales marinos, incluso si
tienen aspecto de perro, de cerdo o de un ser humano. También lo son los
reptiles que viven en el agua, como los cocodrilos, y los anfibios como las
ranas o las tortugas marinas (los shâfi‘íes y los hanbalíes exceptúan
los cocodrilos, las ranas y las serpientes, a las que consideran impuros). Es
indiferente que la muerte de estos animales que viven en el agua haya sido
natural o provocada, siguiendo con esto las palabras del Profeta (s.a.s.):
“Son lícitos para vosotros dos tipos de cadáveres y dos sangres: los peces y
las langostas, el hígado y el bazo”.
Son puros también los cadáveres de los animales terrestres que no tienen sangre que circule (insectos), como las moscas, las polillas, las langostas, las hormigas o las pulgas (los shâfi‘íes consideran impuros todos los cadáveres mencionados aquí, salvo la langosta; para los hanbalíes, esos cadáveres son puros mientras no hayan sido engendrados por nada impuro, como sucede con los gusanos que nacen en las heridas).
El vino
también es puro cuando se
convierte en vinagre, habiendo matizaciones según las escuelas (madzâhib):
Los
mâlikíes: opinan que el vino se purifica al convertirse en vinagre o se
solidifica, incluso cuando esa trasformación haya sido provocada por alguien,
siempre y cuando no haya caído en el vino una impureza antes de avinagrarse.
También consideran que el recipiente en el que estaba el vino se purifica a sí
mismo con la trasformación en vinagre de su contenido.
Los
hanafíes: opinan que el vino se purifica (y también el recipiente que
lo contiene) cuando se hace lícita su sustancia al convertirse en vinagre,
desapareciendo la calificación de ‘vino’ que antes se le adjudicaba, y esa
calificación se debía a su sabor y a su capacidad para embriagar. Es lícito
provocar que el vino se trasforme en vinagre agregándole algo (sal, agua, peces
o calentándolo con fuego). Si se mezcla vino con vinagre y el resultado es una
sustancia ácida, también ha quedado purificado, aunque predomine el vino en la
mezcla. Si una impureza cae en el recipiente, pero es extraída de él antes de
que se deshaga, el vino es puro al avinagrarse.
Los
shâfi‘íes: opinan que el vino no se purifica más que cuando se convierte en
vinagre por sí mismo y a condición de que no se haya mezclado antes con otra
sustancia impura (aunque se retirara al instante). Nada puede ayudar a que el
vino se convierta en vinagre, ni tan siquiera una sustancia pura (salvo en muy
pequeñas cantidades que fueran inevitables) porque dejaría de serlo en
contacto con el vino y estaríamos en el caso anterior. Si el vino se trasforma
en vinagre según las condiciones anteriores, se purifica, y también el
recipiente que lo contiene.
Los
hanbalíes: opinan que le vino se purifica cuando se transforma en
vinagre por sí mismo. Esto se considera que es así aunque se haya trasportado
del sol a la sombra, o a la inversa, o haya sido cambiado de recipiente, siempre
que no se haya hecho con la intención de avinagrarlo. El recipiente también
queda purificado con la trasformación del vino en vinagre. Esto es así siempre
que no haya otra sustancia impura, pues en ese caso no se produce la purificación.
En
resumen, los mâlikíes y los hanafíes coinciden en que el vino queda
purificado cuando se trasforma en vinagre, ya haya sido natural o provocada esa
trasformación, pero discrepan en el caso de que haya caído en el vino una
impureza antes de avinagrarse: para los mâlikíes, el vino no se purifica en
ese caso, pero los hanafíes afirman que sí se purifica si la impureza
es extraída antes de deshacerse.
Los
shâfi‘íes y los hanbalíes coinciden en que el vino se purifica sólo
si se avinagra de forma espontánea. También están de acuerdo en que si una
impureza cae en el vino antes de avinagrarse, no se purifica.
Por
último, en el capítulo de sustancias puras hay que incluir la carne
sacrificada legalmente. También son puros el pelo, la lana y las plumas de todo
ser vivo, sea lícito comerlo o no, y también de sus cadáveres, tanto estén
unidos al cuerpo o separados mientras no hayan sido arrancados, con matizaciones
según las escuelas:
Los
mâlikíes: opinan que son puros todas las cosas mencionadas, siendo indiferente
que el animal esté vivo o muerto, sea de carne lícita para el consumo o no,
incluso sea un perro o un cerdo, ya estén unidos al cuerpo o separados de él
mientras no hayan sido arrancados, porque son sustancias inorgánicas en las que
no hay vida. Si han sido arrancados, sus raíces son impuras y el resto puro. La
parte principal de una pluma es impura si pertenece a un animal no sacrificado
legalmente, pero el plumaje o la pelusa que está adherido a ella es puro.
Los
hanafíes: coinciden con los mâlikíes en todo lo anterior, salvo en lo
referente al cerdo, y su pelo es impuro ya esté vivo o muerto el animal, unido
al cuerpo o separado de él, porque en sí ese animal es impuro.
Los
shâfi‘íes: opinan que todas esas cosas son impuras si pertenecen a un animal
vivo cuya carne no sea lícito comer, salvo el pelo del ser humano, que es puro,
o bien sean de un animal muerto, a parte del ser humano. Es decir, si las cosas
mencionadas pertenecen a un animal de carne lícita son puros a menos que se
separen del cuerpo y en sus raíces haya humedad o sangre o un trozo de carne
pequeño: sus raíces serían impuras mientras que el resto es puro (si el trozo
de carne que se desprende al ser arrancado el vello, es impuro el resto).
Los
hanbalíes: opinan que son puros los objetos mencionados si son de un
animal comestible, esté vivo o muerto, o bien pertenezcan a un animal no
comestible siempre que su tamaño no supere el de un gato y mientras no se hayan
generado a partir de una impureza. Las raíces de esos objetos son impuras
incluso cuando aún no se han separado del cuerpo (salvo si se trata de un
viviente puro y no hayan sido arrancados, pues entonces las raíces son impuras,
pero no el resto).
Las
sustancias impuras
(al-a‘yân an-náÿisa)