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CIENCIAS DEL ISLAM |
Derecho
Musulmán
según
las cuatro escuelas sunníes
(TAHÂRA)
LECCIÓN 3
Las sustancias
impuras
(al-a‘yân an-náÿisa)
Definición
de Naŷâsa (impureza):
En
el primer capítulo, en la definición (ta‘rîf) de Tahâra
(pureza) ya comentamos el significado de su opuesto, Naŷâsa,
la impureza. En árabe, la palabra Naŷâsa se emplea para
designar a toda suciedad que resulte repugnante, y de ella derivan los adjetivos
náŷis, náŷas o naŷs, que significa sucio,
impuro. Por su parte, los alfaquíes (fuqahâ) consideran
que hay una impureza circunstancial (naŷâsa hukmía)
y una impureza esencial (naŷâsa dzâtía), pero las escuelas
(madzâhib) difieren a la hora de definirlas:
Los
hanbalíes definen la impureza circunstancial como aquella que
sobreviene a algo anteriormente puro, incluyendo la impureza que tiene cuerpo y
la que no cuando se adhiere a algo puro. La impureza esencial es la sustancia
impura en sí (náŷas).
Los
shâfi‘íes definen la impureza esencial como aquella que tiene cuerpo,
o sabor, o color, u olor, y la llaman sustancial (‘ainía). La impureza
circunstancial es la que no tiene cuerpo. ni sabor, ni color ni olor, como la
orina cuando se ha secado, que no tiene ninguna cualidad perceptible y se dice
entonces que es impura por una impureza circunstancial.
Los
mâlikíes dicen que la impureza sustancial es el ceurpo de la impureza y
la impureza esencial es su efecto por el que se enjuicia como impuro el lugar al
que afecta.
Los
hanafíes opinan que la impureza circunstancial es la impureza
inmaterial menor y mayor (hádaz ásgar y hádaz
ákbar), que son una descripción desde la Ley con la que se enjuicia
determinados miembros del cuerpo o al cuerpo entero y que se elimina con la
purificación. La impureza real es la impureza material (jábaz),
que es toda sustancia inmunda según la Ley.
En
cualquier caso, los alfaquíes emplean el adjetivo náŷas para algo impuro
en sí mismo, por lo que no se emplea para algo impuro por una razón
circunstancial. El adjetivo náŷis lo reservan para lo que es impuro
por una causa circunstancial o bien lo sea por sí mismo. Se dirá, por ejemplo,
que la sangre es náŷas o náŷis, indistintamente.
Sustancias
impuras (a‘yân
náŷisa):
Son
muchas. Entre ellas se cuentan los cadáveres de animales terrestres (los que
tienen sangre que salga al ser heridos) a excepción del ser humano. No son
considerados impuros los cadáveres de los animales del mar, porque el Profeta (s.a.s.)
dijo: “El mar es puro y sus animales muertos son lícitos”. Otra
excepción son los cadáveres de animales que no tienen sangre que circule, como
la langosta, que son puros. Por su parte, los shâfi‘íes consideran
como impureza los cadáveres de los animales terrestres (excepción hecha del
ser humano) tengan o no sangre que circule, a excepción únicamente de la
langosta. Pero disculpan el cuerpo de los insectos que caigan por sí en el
agua, u otro líquido, que no queda impurificado a menos que sufra una alteración
por esa causa. Pero si un ser humano deposita a propósito ese cuerpo en el
agua, ésta queda impurificada y se hace inservible para el uso.
También
son impuras las partes de un cadáver que eran depositarias de vida. Las
escuelas hacen las siguientes precisiones:
Los
mâlikíes. Consideran como partes de un cuerpo que son depositarias de
vida la carne, la piel, los huesos, los nervios, y otras. No son depositarias de
vida los pelos, la lana, la pelusa, las plumas, etc., que no son impuros.
Los
shâfi‘íes. Todas las partes de un cadáver son impuras porque todas
ellas, incluidas las que los mâlikíes consideran excepción, son habitadas por
la vida.
Los
hanafíes. La carne y la piel de los cadáveres son impuras porque
son habitados por la vida. Pero no sucede así con los huesos, las uñas, el
pico, las garras, las pezuñas, los cuernos, el vello (salvo el del cerdo) que
son puros, a menos que tengan grasa, pues entonces ésta los hace impuros. En
cuanto a los nervios, los hanafíes manifiestan dos opiniones distintas:
la más célebre es que son puros, pero lo más correcto dentro de la escuela es
que son impuros.
Los
hanbalíes. Todas las partes de un cadáver por las que circulaba
la vida son impuras. Pero son puros la lana, el pelo y las plumas. Para esta
opinión se valen del versículo coránico en el que se menciona la lana y el
vello de los animales como lícitos para la elaboración de muebles y
herramientas, sin especificar que estén vivos o muertos; y en cuanto a las
plumas, las aceptan como puras por analogía con las partes citadas en el versículo.
También
es impuro lo que pueda salir o ser extraído del cuerpo de esos cadáveres, como
sangre, mucosidades, huevos, leche o cuajos. La opinión al respecto de las
escuelas es la siguiente:
Los
hanafíes. Estos afirman que es impuro todo lo que pudiera salir o
ser extraído de un cadáver, ya sea leche, cuajos o huevos de cáscara fina o
gruesa, y todo lo demás que hubiese sido considerado puro en caso de que el
animal estuviera vivo.
Los
hanbalíes. Mantienen la misma opinión de los anteriores, salvo
en lo relativo a los huevos de los animales cuya carne es lícita comer si su cáscara
se ha endurecido.
Los
shâfi‘íes. Según ellos, es impuro todo lo que sale del cuerpo de un
cadáver, excepto los huevos si su cáscara se ha endurecido e indiferentemente
que pertenezcan a animales cuya carne sea lícita comer o no.
Los
mâlikíes. Afirman que es impuro todo lo que salga de un cadáver.
Son
impuros el perro y el cerdo (vivos y muertos), y todo lo que engendran incluso
si son cruzados con animales de otra especie. Los mâlikíes, sin
embargo, sostienen que ser, mientras está vivo, es puro en sustancia, incluidos
los perros y los cerdos. Están de acuerdo con ellos los hanafíes
en lo que respecta al perro, si bien, en esta última escuela, la opinión
predominante es que la saliva del perro es impura incluso estando vivo. Para los
hanafíes, si un perro cae en un pozo y sale de él vivo y su hocico ha
quedado fuera del agua, ello no inutiliza el agua. De igual manera, si se sacude
estando mojado, el agua que esparce no contamina nada.
Son
impuros también la saliva, las mucosidades, el sudor y las lágrimas que se
desprenden del cerdo y del perro. De nuevo, los mâlikíes son la excepción:
para ellos, todo lo anterior es puro, en función de la regla que enseña que
todo ser vivo es puro y lo que se desprende de él es puro.
Es
impura la sangre en todas sus formas, pero se exceptúan el hígado y el bazo,
que son puros. También es pura la sangre del mártir mientras lo empaña (mártir
-shahîd- es el que muere durante la batalla, como se explicará en el
capítulo consagrado a los funerales). También es pura la sangre que queda en
la carne, las venas y arterias después de haber sido sacrificado un animal.
También es pura la sangre de los peces y la que hay en los insectos (pulgas,
piojos, etc.). Hay otras consideraciones según las escuelas:
Los
mâlikíes. La sangre vertida es impura sin excepción, incluso la que
sale de los peces. La que queda en el cuerpo (en la carne, en las venas) es
pura.
Los
shâfi‘íes. Todas las sangres (vertidas) son impuras, salvo cuatro: la
de la leche cuando sale coloreada por sangre, el semen cuando sale mezclado con
sangre si su efusión es normal, los huevos en el mismo caso si siguen siendo válidos
para criar y la sangre del animal cuando se convierte en coágulo o cuajarón si
proviene de uno puro.
Los
hanafíes. Afirman la pureza de toda sangre que no sale de un ser
humano o de un animal. Es pura la sangre cuando se convierte en cuajarón, pero
no si lo hace en coágulo, el cual es impuro.
Son
impuros el pus y la supuración (líquido que sale de las heridas mezclado con
sangre) y todo lo que supura de las úlceras. Al respecto, los hanafíes
precisan que lo que salga del cuerpo, además del pus y la supuración, si es
por enfermedad aunque sea sin dolor, es impuro. Si no es por enfermedad, es
puro. Se refieren al líquido de los oídos, al que desprenden los ojos, etc. El
líquido que desprende un ojo enfermo es impuro, aunque no produzca dolor, como
sucede con el líquido del gárab, que es ‘un sudor en el ojo que lo hace
lagrimear constantemente, sin producir dolor’.
Son
impuros los excrementos y orines del ser humano, aunque salgan sin haber sufrido
alteración de su condición anterior y aunque el sujeto sea un niño que todavía
no se alimente con sólidos. También son impuros los excrementos y orines de
los animales cuya carne no sea lícito comer y que tengan sangre que circule por
su cuerpo, como los asnos y mulos. A este último respecto, los hanafíes
precisan que los excrementos y orines de los animales cuya carne no se come están
sujetos a la siguiente consideración: si se trata de aves que vuelan (como los
cuervos) su impureza es ligera, y si no vuelan su impureza es pesada. Se
disculpa la impureza inevitable, como el contacto con los excrementos de mulos y
asnos cuando abundan en las calles y caminos.
En
cuanto a los excrementos y orina de los animales cuya carne es lícito comer,
las escuelas difieren de opinión:
Los
shâfi‘íes. Los consideran impuros, sin hacer distinciones.
Los
hanafíes. Los excrementos y orina de los animales comestibles son
impuros ligeramente. Respecto a las aves, distinguen entre las que vuelan (como
las palomas, los pájaros, etc.) cuyos residuos son puros, pero no sucede lo
mismo en el caso de las aves que no vuelan (como las gallinas, los patos domésticos,
etc.) cuyos residuos son impuros de manera ligera, para algunos hanafíes,
y pesada para otros.
Los
mâlikíes. Consideran puros los excrementos de los animales cuya carne
es comestible (como el ganado ovino o vacuno), aunque se hayan alimentado de
sustancias impuras, pero si se tiene la certeza de que ha sido así, sus
residuos son impuros (esto último sucede con las gallinas, por lo que sus
excrementos son impuros; pero no sucede con las palomas).
Los
hanbalíes. Éstos consideran puros los residuos de los animales
comestibles, incluso si se han alimentado de impurezas si ésta no es la mayor
parte de su alimentación, pues en este caso sus excrementos y orines son
impuros, al igual que su carne. Si a un animal comestible acostumbrado a las
impurezas se le retiene tres días y se le alimenta con sustancias puras, a
partir de entonces sus excrementos son puros y también su carne.
El
semen del ser humano y de los demás animales es impuro. Se considera semen
(manî) el líquido que expulsa el varón al término del acto sexual, y
también la hembra si bien no lo expulsa sino que se mantiene dentro de la
vagina, y es la humedad que se adhiere al pene. Al respecto, dos escuelas
sostienen opiniones distintas:
Los
shâfi‘íes. Consideran puro el semen del ser humano, esté vivo o
muerto, si sale tras haber cumplido los nueve años, aunque salga pareciendo
sangre si su emisión es normal (en caso contrario sería impuro). Se basan para
esta opinión en el hadiz recogido por al-Bayhaqî en el que el Profeta (s.a.s.)
afirmó que el semen es como la saliva o como cualquier mucosidad. Por analogía,
los shâfi‘íes consideran igualmente puro el semen de todo ser viviente,
exceptuando al perro y al cerdo y lo que se genere de ellos.
Los
hanbalíes. Consideran puro el semen humano si su emisión es
normal y acompañada de placer tras haber cumplido nueve años la mujer y diez
el varón, y aunque vaya acompañado de sangre. En cuanto al semen de los
animales, si su carne es lícita para comer, es puro, e impuro en los demás
casos.
En
el capítulo de la impureza del semen hay que citar el madzî y el wadî.
El madzî es el líquido lubricante que se segrega durante la estimulación
sexual. El wadî es un líquido espeso que se segrega normalmente tras
orinar. Los hanbalíes, sin embargo, consideran puros el madzî
y el wadî si son segregados por animales de carne comestible.
Son
impuros el vómito y el qálas (líquido ácido que sube hasta la boca).
Al respecto, las escuelas hacen las siguientes precisiones:
Los
hanafíes. El vómito es impuro de forma pesada si es imposible
contenerlo en la boca (es decir, si es tan violento que es expulsado de forma
inevitable), ya sea de origen líquido o sólido, aunque no se haya asentado en
el estómago y también el vómito del lactante. El ‘agua de la boca del
durmiente’ (es decir, el líquido que se escapa por la comisura de los labios
cuando se está durmiendo) es puro. El qálas es impuro, todo ello en
virtud del hadiz en el que el Profeta (s.a.s.) dijo: “Si a alguno de
vosotros le sobreviene un vómito o le sube por la garganta algún líquido
proveniente del estómago, que interrumpa el Salât y vuelva a realizar
el Wudû’. Sobre la flema (bálgam) y la saliva
mezclada con sangre, los hanafíes hacen las siguientes consideraciones.
Si la flema sale pura, sin ninguna mezcla, es pura, pero si sale mezclada con
alimento y el alimento prevalece es impura, si se iguala al alimento se tiene en
cuenta cada uno por separado: si el alimento vomitado es incontenible, el
conjunto es impuro. En cuanto al esputo mezclado con sangre, si lo que predomina
en él es la saliva, es puro; si predomina la sangre o se igualan, es impuro,
aun cuando no sea incontenible. Lo que rumian los animales es impuro, ya sea
poco o mucho. Si alguien vomita varias veces y en cada ocasión el vómito no
alcanza el grado de impuro al ser poca cantidad, la repetición lo hace impuro.
Los
mâlikíes. Los mâlikíes han definido el vómito como el alimento que
es expulsado por el estómago tras haberse asentado en él, y lo ha declarado
impuro si su condición de alimento ha desaparecido aunque se solo adquiriendo
un sabor amargo. Por su parte, para ellos el qálas (que es el líquido
expulsado por el estómago cuando está repleto) no es impuro si no ha adquirido
el carácter de residuo (no basta su acidez). Consideran vómito todo líquido
que expulsado por el estómago y que sale de la boca cuando está mezclado con
bilis y cuando desprende un mal olor, y sólo lo disculpan cuando es crónico,
por la dificultad que representa estar pendiente de él.
Los
shâfi‘íes. Afirman la
impureza del vómito en cualquier circunstancia (incluso si el líquido o el
alimento no se asienta en el estómago y aunque salga en su estado original), y
esto en el caso de que se esté seguro que ha llegado al estómago. Si se duda
de esto último, el líquido o el alimento expulsado, sigue siendo puro.
Consideran vómito ‘el agua de la boca del durmiente’ si está mezclado con
bilis y es maloliente, pero se disculpa al que es aquejado de ello de forma crónica.
También es impuro el alimento que rumian los animales.
Los
hanbalíes. Para ellos, el vómito y el qálas son impuros sin
entrar en más detalles.
Son
impuros los huevos inservibles que tiene origen en un animal vivo (ya hemos
visto que son impuros si se extraen de animales muertos, ya estén podridos o
sanos). Las escuelas hacen las siguientes matizaciones:
Los
mâlikíes. Dicen que es inservible el huevo que es maloliente o azulado
o se ha convertido en sangre o contiene un polluelo en estado de formación o
muerto. No consideran tal al huevo en el que hay un punto de sangre, que sigue
siendo puro.
Los
shâfi‘íes. Consideran inservible el huevo que, tras un cambio
constitutivo, no puede desarrollarse en polluelo. No consideran como tal al que
ve alterado su color ni al que es maloliente.
Los
hanbalíes. Para ellos, un huevo inservible es aquel cuya clara ha
amarilleado y ha adoptado un mal olor. También consideran impuro el huevo que
sale de un ser viviente pero cuya cáscara no haya terminado de solidificarse.
Los
hanafíes. Dicen que
un huevo es impuro sólo cuando su clara está mezclada con sangre. Si sólo es
maloliente, es considerado puro, como sucede lo mismo con la carne maloliente.
Son
impuras las partes separadas de un animal vivo cuando como cadáver es
considerado impuro, salvo las partes exceptuadas en todo cadáver tal como se ha
mencionado anteriormente y exceptuado también el almizcle que se extrae de una
gacela viva. Al respecto, las escuelas hacen las siguientes precisiones:
Los
hanbalíes. Exceptúan de las partes separadas de un viviente cuyo
cadáver será impuro dos cosas que aseguran que son puras: los huevos si su cáscara
se ha solidificado y la parte separada de un ser viviente que no puede ser
sacrificado.
Los
shâfi‘íes. Afirman que son puros el pelo, la lana y las plumas cuando
se separan de un ser viviente cuya carne sea comestible siempre que no arrastren
consigo un trozo de carne. Si van acompañados de carne, son impuros. Si hay
alguna duda sobre restos de cabellos o pelo, el principio son puros. Recuérdese
que los shâfi‘íes consideran impuro todo resto de un cadáver, sin excepción.
También
es impura la leche de todo animal viviente cuya carne no sea comestible,
exceptuando la leche del ser humano. Para los hanafíes, toda leche es
pura -provenga de un ser vivo o de un cadáver- y sólo exceptúan la leche del
cerdo, este vivo o muerto.
También
es impura la ceniza de algo impuro tras ser quemado, y el humo que desprende.
Por el contrario, los hanafíes consideran todo ello puro. Por su lado,
los mâlikíes dicen que es pura la ceniza e impuro el humo (según la versión
más correcta del mádzhab).
Es impuro el líquido alcoholizado, ya sea vino o licor de cualquier fruto, pues Allah llamo al vino riŷs y el riŷs es lo llamado náŷis en el Fiqh. Y toda bebida que pueda embriagar es considerada ‘vino’, tal como dijo el Profeta: “Toda bebida que embriague es ‘vino’, y toda bebida que embriague está prohibida”. Se considera que el Islam considera impuro toda bebida alcohólica para acentuar su prohibición y evitar que los musulmanes se aproximen a ella.
La
impureza que se disculpa
(mâ yu‘fà ‘ánhu min an-naŷâsa)